Carta de una inmigrante desde Nueva York

Viernes, 28 de septiembre de 2018 18:05

|Sara Ocanto
carta triste



Te compartimos una carta que una una inmigrante escribe desde Nueva York, después de atravesar las dificultades, la soledad y el miedo durante un año entero.



carta triste 1



A mediados del siglo XIX más de diez millones de inmigrantes llegaron a la ciudad de New York, alemanes e irlandeses escaparon de la crisis, revolución y guerra. Un año atrás yo decidí tomar el mismo rumbo, también huyendo de la crisis, hambre y guerra, me vine de una ciudad pequeña, casi un pueblo, con una pequeña población, hasta una metrópolis, con mas de 20 millones de caras diferentes. Me despedí del pueblo que odié, donde tu pasado está al descubierto, yo siempre me consideré una persona libre, y aquello a la gente le espantaba, sentía que allí la mayoría me juzgaba por mi forma de vivir, no había mucho que hacer allí, también el peligro rondaba por las calles, y las personas tienen una mentalidad cerrada. Y aunque lo odié en su momento, ahora me sumerge la nostalgia de regresar algún día.


Mi último año en aquel pueblo donde viví lo resumiría en depresión, depresión y desanimo. Era una combinación de problemas con los demás y conmigo misma. Y culpa de un amor también, porque ese chico de quien me despedí haciendo el amor en aquel motel se enamoró de mí y yo de él, pero supongo que no iba a pasar, porque él ya tenía a alguien que lo amaba. Apenas tenía 20 años y debía decidir qué hacer con mi vida, qué camino tomar dentro de las posibilidades.


Ese 16 de septiembre tomé un vuelo directo desde la isla de Aruba hasta el aeropuerto John F. Kennedy, ya yo había soñado con ese día, me dijeron que es aquí donde los sueños se hacen realidad, y no mentían.


Ahora aquí estoy y sobreviví. ¿Cómo se siente? Me siento invisible, me siento como en un océano donde me estoy ahogando y trato de sobrevivir. A veces me gusta subir hasta lo más alto y observar a las personas, a los carros, el movimiento, y sentirme imperceptible. Parece que el reloj va corriendo más rápido, especialmente aquí, me he nombrado una exploradora de la ciudad, exploradora de personas, historias y culturas, es una mezcla de locura, libertad, individualismo, caos, inspiración, drogas y movimiento. La locura es lo que la hace una mezcla perfecta.


Me salieron ojeras, a todos nos salen ojeras en algún momento de nuestra vida, supongo. Aquí nunca estás solo, la soledad está presente. Vivir aquí es encontrar tesoros escondidos como aquel café francés en Brooklyn, es preocuparse por dinero y guerrear para pagar la renta, pero creo que vale la pena. Vale la pena mirar a tu alrededor y sentirte en un museo, edificios de arquitectura neogótica, art deco, moderno y postmoderno, ir a aquel bar en Greenwich Village donde se presentaron artistas como Jimi Hendrix, encontrarse en el mismo espacio donde John Lennon vivió y murió, o en aquel edificio The Dakota donde Andy Warhol solía crear sus obras en su estudio cerca en Union Square, y miles de relatos más.


Todos los saben, es una ciudad difícil. Pero nadie me dijo que sería fácil, y aquí estoy. Sobreviví y me creo más fuerte, creo que gané una batalla donde estuve sin armas. Gracias, New York, por hacerme sentir libre, por ser yo y mis experiencias de película. Ahora estoy en el barco y veo a través de la ventana, observo la ciudad, me doy cuenta de que New York es tal cual nos imaginamos, es mágica, es un misterio, como una mujer hermosa: puedes observar su belleza exterior, y si la quieres conocer a fondo te darás cuenta de que esa mujer tiene también su lado oscuro. ¿Pero quién dice que en la oscuridad no puede haber belleza? Todos estamos llenos de secretos y sombras, la mente es un misterio. En ese momento en que veo desde mi ventana aparece la Estatua de la Libertad y me recuerda la razón por la que estoy aquí. La vida es un viaje. Gracias, New York, sobreviví.


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Sara Ocanto

Sara Ocanto


Colaborador
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