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Cartas ardientes para dedicarle a un amante

21 de noviembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

El escritor francés, Albert Camus, mantuvo una relación epistolar de gran carga erótica y amorosa con su amante María Casares.

A los amantes se les conoce bajo situaciones trágicas y en los momentos más insospechados. Eso provoca un idilio intenso, más sensual y peligroso que el que podrías imaginar.


Albert Camus y María Casares se conocieron en la casa del escritor Michel Leiris el 19 de marzo de 1944, en París, cuando él tenía 30 años y ella 21. Ambos quedaron totalmente flechados después de largas horas de conversación. Él estaba casado. Para el 6 de junio de 1944, fecha del famoso desembarco aliado en Normandía de la Segunda Guerra Mundial, uno de los hechos más importantes de aquel conflicto bélico que tenía sumido al mundo en la desesperación absoluta, Camus y Casares se convirtieron en amantes. En medio de la tempestad, siempre hay un lugar para el nacimiento del amor.



Casares, actriz de teatro, desembarcó en la vida de Camus para que ya nunca fuera la misma. Dos años antes, él había publicado su célebre novela El Extranjero y en ese momento vivía solo en París, pues su esposa, Francine Faure, se hallaba de viaje por Argelia. Los amantes comienzan una intensa relación, aprovechando la ausencia de esta última. Se citan no sólo en los hoteles de lujo de París sino también en cafés, librerías, parques y todo sitio donde puedan gozar de un poco de intimidad para besarse, hacer el amor y hablar acerca de sus carreras. «Estoy impaciente. Imagino el momento en que cerraremos la puerta de tu habitación», iniciaba una de las más de 800 cartas que Camus y Casares se dedicaron a lo largo de su vida juntos.



El gusto les duraría poco, ya que en septiembre de 1944, Francine regresa a Francia y Camus y su bella amante se ven obligados a separarse, hecho que deja con el corazón destrozado a la joven franco-española. Ambos se caracterizaron por compartir una intensa correspondencia que lleva en ella el sello escrito de dos amantes que se aman más allá de toda lógica. Camus le escribiría a María: «Mire hacia donde mire, sólo percibo la noche (...) sin ti ya no tengo mi fuerza. Creo que tengo ganas de morir».



Para desgracia de ambos, la separación durará cuatro largos años. En ese periodo ella continuó su carrera como actriz y Camus siguió escribiendo, además de convertirse en padre de los gemelos Catherine y Jean. El escritor y la actriz se echaban terriblemente de menos y pensaban en el otro a diario. Camus le escribía cartas lamentando su forzada separación:


«Mi deseo más verdadero y más instintivo sería que ningún hombre, después de mí, te pusiese la mano encima. Sé que no es posible. Todo lo que puedo desear es que no desperdicies esta cosa maravillosa que eres tú».



En las vueltas que la rueda del amor da a diario, sin saberlo, sin proponérselo, sin que tuvieran idea del destino, ambos se cruzan por azar el 6 de junio de 1948 en una calle de París, el boulevard Saint-Germain. A partir de ese día ya nunca volverían a separarse. 


«Te me apareciste como un último salvavidas lanzado en medio de una vida que a partir de entonces estaba vacía. Me agarré a él con todas mis fuerzas y voluntariamente cerré los ojos a todo lo que podía poner en peligro esta última esperanza».



Es evidente la gran atracción, el enorme amor, la intensa flama de pasión que reina entre ambos. Ella: «Te deseo, amor, de la mañana a la noche. No sé qué me pasa. Nunca he estado así e incluso me da un poco de vergüenza». Él: «Es falso, lo sé por mí mismo, que el amor ciegue. Al contrario: hace perceptible lo que, sin él, no llegaría a la existencia y que, sin embargo, es lo más real en este mundo: el dolor de la persona que amamos».


Los triunfos de ella eran victorias también para él. Su correspondencia seguía sucediéndose a buen ritmo. En ella no sólo se dedicaban íntimas confesiones, amorosas declaraciones («Esta noche tengo ganas de acercarme a ti porque estoy triste y todo me parece difícil de vivir») y encendidos comentarios eróticos, sino también hablaban sobre los chismes de la época en un tono divertido y ameno. Entre todos estos mensajes, Francine, que sospechaba que su marido mantenía otra relación, sólo podía conformarse con vivir al lado de Camus y sus hijos, por los que el escritor manifestaba un fervor absoluto. 



El 30 de diciembre de 1959 fue la última carta que Albert Camus escribió a su amada María: «Hasta pronto, mi preciosa. Estoy tan contento con la idea de volverte a ver, que me río mientras te escribo (...) Te mando besos, te abrazo contra mí hasta el martes, cuando volveré a hacerlo».


Había estado en el sur de Francia pasando las fiestas de Navidad con su familia y los Gallimard, amigos suyos. Cuando regresaba en auto a París el 4 de enero de 1960 sufrió un accidente de carretera que le arrebató la vida. Francine y los gemelos habían hecho el viaje en tren.



Tiempo después se descubrió que Camus no sólo tenía una relación paralela con María Casares, sino también con otras mujeres con las que también se escribía encendidos mensajes de amor pasional. A la pintora y modelo identificada como "Mi" le escribió: «Por lo menos esta horrible separación nos habrá hecho sentir como nunca antes la necesidad incesante que tenemos el uno del otro». El 31 de diciembre, su última carta de amor, decía así a la actriz Catherine Sellers: «Hasta el martes, mi querida, te beso y te bendigo, desde el fondo del corazón».


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Estas encendidas cartas de amor pueden servirte como inspiración para dedicarle unas palabras a la o las personas que te hagan hervir por dentro de amor y sexo puro. Las cartas son un arte, también una especie de poemas, que en el presente han caído en desuso, debido a las tecnologías que permiten comunicarnos mucho más rápido. Sin embargo, si quieres llevar a cabo un acto mucho más original y erótico que nudes o mensajes de texto, toma una pluma, una hoja y vierte tus sentimientos sobre el papel. Así encenderás el corazón de la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida o sólo las siguientes horas en la cama.


TAGS: Grandes escritores Historia del arte Amor
REFERENCIAS: El País Libros

Rodrigo Ayala Cárdenas


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