¿Qué caso tenía molestarse en siquiera abrir la boca para decir algo?
Letras

¿Qué caso tenía molestarse en siquiera abrir la boca para decir algo?

Avatar of Karen B

Por: Karen B

10 de febrero, 2017

Letras ¿Qué caso tenía molestarse en siquiera abrir la boca para decir algo?
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10 de febrero, 2017



A continuación una historia escrita por Karen Barrera, que trata sobre las relaciones interpersonales, el silencio y la comunicación.


Sobre Diego Núñez

Si había una frase que le molestaba a Diego era la de “las palabras se las lleva el viento”, una de las más grandes falacias que él había escuchado y de vez en cuando seguía oyendo. Le irritaba más el hecho de que mucha gente la creyera como una inevitable verdad. Si era así, entonces ¿qué caso tenía molestarse en siquiera abrir la boca para decir algo? La gente lo olvida, lo duda, lo ignora. Peor aún, y este era el tipo de personas que más detestaba Diego, ¿por qué la gente gastaba miles de palabras en decir algo que o era mentira, no iban a cumplir, o no tenía importancia?


mujeres que aman demasiado


Según las recientes investigaciones, las mujeres llegan a decir cerca de 20 mil palabras al día y los hombres 7 mil. Diego se sentía realmente frustrado. ¿Qué hacen aquellas mujeres con tantas letras que de todas maneras se las lleva el viento? ¿Qué sucede con aquellos hombres que desaprovechan su poco suministro sin alcanzar a decir algo sustancial?


chica hablando telefono


Así fue como nació el tan conocido callado, tímido, retraído, a veces asustado Diego Núñez, quien a partir de haber leído tan impactante y verídico artículo (lo investigó hasta estar realmente convencido, y por realmente convencido me refiero a bibliotecas, hemerotecas; entrevistas con biólogos, psicólogos y sociólogos renombrados), decidió que aquellas 7 mil palabras podían reducirse a su mínima expresión si utilizaba únicamente aquellas que le ayudaban a sobrevivir biológica y socialmente:“sí”, “no”, “por favor”, “gracias”, “¿dónde está el baño?” y “con leche deslactosada”.

Desde entonces Diego se prometió no decir nada que no tuviera caso. 
Lo repetía como un mantra cada que se presentaba una discusión, oía algo incoherente o salía un hecho falso de la boca de alguien que estaba totalmente convencido de tener la verdad.

Diego era un hombre de pocas palabras pero con bastantes amigos, al parecer a la gente les agradan aquellos que saben escuchar. Muchas veces se sorprendía al saber, de quienes lo rodeaban, que lo consideraban una de las personas más inteligentes e interesantes que habían conocido. Definitivamente el silencio estaba sobrevalorado.


silencios incomodos estar juntos


Es por eso que a Diego le sorprendió tanto que Ana, su dulce y amada Ana, con quien había compartido la misma habitación durante tres años, utilizara solamente seis palabras de las 20 mil con las que cuenta diariamente para irse de su lado. Sólo eso, seis: “Ya no te quiero. Me voy.”

Diego, que nunca había sentido algo parecido, experimentó un ataque de ansiedad que él mismo diagnosticó como un infarto. Y pensó en más de 7 mil palabras para decirle a Ana, pero tenía un pacto: No hablar por hablar. ¿”No te vayas”?, “ya no te quiero”, había dicho Ana; entonces no tenía sentido; ¿”Voy a cambiar”?, realmente no lo haría; ¿”Perdón”?, ¿de qué? 
No había nada que decir.


despedida-poesia


Así fue como Diego escuchó el portazo de Ana sin decir nada, porque Diego podía ser un sujeto con el corazón roto, pero siempre un hombre de palabra.

***

Puedes leer otro texto de Karen aquí.


Referencias: