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Aprietan el alma sin pudor. Absorben el tiempo con pensamientos fútiles, ensoñaciones fantásticas en mundos ahogados de miedo. Posesión es lo que nombran al amor en turno. El cariño está condicionado por la atención recibida y la lealtad a prueba de sangre. En todos los mundos se ve y se respira a diario. Primero, segundo y tercero. Ninguno se escapa. El amor no puede florecer con esplendor total cuando el aire está tan contaminado. Aún así, persiste y sobrevive. Ligeros espasmos se asoman en las doctrinas y en los deberes propios de las personas libres de este sentimiento que no es tangible. Los cochinos celos forman parte de la intangibilidad humana; ni siquiera coquetean con la física cuántica, pero hacen un daño terrenal que lacera espíritus y produce desgracias reales, palpables. El machismo es un gran aliado. La soledad es una confidente que alimenta a diario los pensamientos malvados cuando el temor comanda. Mujeres y hombres se arrastran a diario por ese laberinto sin final. ¿Qué nos queda ante tremenda avalancha? La verdad, esa que descubre y devela sin piedad, nos ofrece dos caminos. Puede haber otros recovecos que inevitablemente desembocarán en estas dos vertientes. Fundamentalmente, opino que son estos dos canales los que marcan un sentido: creer y dudar. Ahí está la cuestión. Por más que dudes nunca estarás, con certeza, convencido de nada. Si crees a menudo y con constancia, tu tranquilidad no se verá tan amenazada ni excitada. La suerte y la mala fortuna no caben en un alma que piensa con confianza. Es muy seguro y hasta "medible", con estadística infalible, que a diario se cometen diversos actos de infidelidad y mentiras a diestra y siniestra. Es , también, posible que los actos de amor se suscitan en lugares y espacios diversos. El bien y el mal: amantes milenarios, cómplices con reservas delineadas. No hay, pues, por qué pensar irreverencias. Humanos somos, jueces, testigos y verdugos de nuestro destino. Si no hay piedad para un hábitat natural, ¿Cómo esperamos que haya misericordia en nuestros actos? Los perros nos acompañan porque no hay más seres a quien seguir. Sentimientos nos gobiernan precedidos por los pensamientos. Asesinatos, fastidios, locuras, arrepentimientos... todas estas elegantes acciones tienen su raíz, en gran medida, cimentada en el miedo y en la inseguridad individual. Esa, la que te pone a realizar improperios en el nombre del amor o desamor, ¡vaya ironía!

Mas allá de creernos santos o profetas, debiéramos conocernos a fondo. Tendríamos que descubrirnos y aprender a pensar. ¿De qué nos ha servido tanto conocimiento racional si seguimos en la ignorancia emocional? Nadie nos pertenece. Ninguna persona nos debe pleitesía ni fidelidad obligada. Nos pertenecen nuestros actos, pensamientos y sensaciones. Ni siquiera la vida es nuestra. Somos tan vulnerables como las hormigas que circulan entre nosotros. Nos creemos superiores porque dominamos y disponemos a nuestro antojo. Nos mareamos fácilmente. Un puñado de billetes bastan para creer que somos únicos. En nombre del amor y del miedo cometemos asquerosas acciones que a todas luces conocemos. Somos parte de esta raza; responsables de lo que ahora padecemos. Hemos bautizado siete pecados capitales. Cortos estamos ante ese número. Nada nuevo escribo en estas líneas. De hecho, soy repetitivo ante el concierto mundial. Sin embargo, no dejo de sorprenderme y maravillarme cuán despiadados somos, mujeres y hombres por igual. No tiene sentido estar encadenados a las tóxicas emociones primitivas. Nadie es feo o bello, no existe una medida. Nos han impuesto, eso sí, las modas y clichés para todas las actividades y rituales sociales. Sin embargo, ninguna persona ostenta la verdad absoluta. Analicemos nuestro pasado y la razón nos asistirá sin contemplaciones. No hay trato especial en la vida, la verdadera: la que esta allí todos los días cuando amanece. Como criaturas complicadas nos ensuciamos de temores estúpidos y de falsas promesas. Nada es nuestro, ni siquiera el aire que respiramos. Está bien que así sea. Pasamos esta vida de una manera fugaz, más allá de filosofías o creencias religiosas.

Si una mujer te busca será porque lo desea. Si el hombre te persigue tal vez sea por tus encanto: cabellos, formas o psique. Seguro, también, asediaremos en busca de los bienes materiales y la comodidad inmediata. La hipocresía está sentada sobre nosotros y le hemos rendido tributo con creces. No obstante, es el tiempo el aliado y enemigo. Las cosas a la distancia, con apacible calma, se observan sin maquillaje. No nos pueden engañar a menos , claro esté, que te embriagues con tu fantasía. Los celos circulan por las venas mientras el sosiego se oculta para no dar de qué hablar. Somos tan simples pero nos complicamos demasiado. El temor a perderlo todo nos empuja a vaciarnos por completo. ¿Qué nos queda al final de esta resaca emocional? Para el ser que tenga acceso a una vida sin apremios económicos, podrá optar por las distintas corrientes filosóficas y espirituales que abundan en un mundo global. Allí, con la ayuda de pensadores y terapeutas, podrá enrolarse en principios y posturas en nombre del amor. No está mal. Al menos contendrá por un tiempo sus impulsos hipnotizando un poco al miedo, por ahora.

Para el otro ser, el que no tenga acceso a nada más que la pobreza diaria y la consecuencia inmediata, no le quedará otro remedio que acudir a algún templo, iglesia o grupo de auto ayuda. (Beber adormece también a los nervios, aunque después los excite: dualidad cíclica). Creer en algún dios que le expulse la sensación terrible de la necesidad de posesión, que contenga de alguna manera su sentir. Si somos honestos, el miedo estará ahí, como lo estará también nuestra capacidad de sentir el instinto de supervivencia. Aun cuando intentamos diferenciarnos, no dejamos de ser animales, plenamente conscientes de nuestros sentidos. Aunque si somos sinceros, por los actos cometidos y los papeles desempeñados en este escenario, nos ha superado por completo la irracionalidad y el sentimiento cargado de miedo: el verdadero cabrón que domina a las almas en el nombre de dios, del amor, de la vida, la muerte y de la imperiosa necesidad de trascender a costa de lo que sea y como se pueda.

Una vez sacudidos de tanto frenesí emocional, estaremos, nuevamente sin alternativa desnudos ante nosotros mismos. Observarás la misma revuelta de emociones dormidas, por ahora, dispuestas a envolverte nuevamente para desquiciar tu calma hasta que aparezca una vez más y con toda su energía el celo feroz y grosero. Tendremos dos caminos y muchos laberintos. Podrás cambiar de ruta. Una que al menos te haga olvidar lo miserable que puedes dejar de ser si al menos te proporcionas la certeza de creer un poco más entre tanta mezquindad. Podemos ser implacables con nuestros errores y estupideces aceptándolos con franqueza. Podemos preservar esa luz frágil y ligera que es la consciencia, presa fácil en este caos mundial. Es necesario creer en una verdad aunque sea absurda y aburrida. No fallaras tú, lo harán los demás.

Estaremos libres del círculo vicioso que arrastra y aplasta, tarde o temprano, sin distinción. Aun cuando el bien sea más caro que el mal. ¿Autoengaño? Tal vez. Al menos practiquemos con honestidad sin perdernos por completo en nuestras fantasías.


Referencias: