El calor es mi evangelio y tu abrazo mi profeta

Martes, 13 de febrero de 2018 13:11

|Enrique Ocampo

La prosa de Enrique Ocampo, autor del libro de relatos Salto de fe, se caracteriza por su carácter orgánico, visceral y de ritmo certero pero al mismo tiempo acompasado, de regodeo poético en las palabras, las imágenes y las metáforas que construye sutilmente. Su universo trasciende sobre lo real, indaga en los imaginarios lingüísticos como hechos exaltados. El erotismo, el drama y el simbolismo unifican un texto impecable.



Cenizas fatuas


Fuimos fuego y de la escoria renacemos, ígneos y apasionados.


Hace ya cuatro incendios que no te veo. Ni tu andar de centella ni tu mirada de fósforo; la vida sin ti es una oscuridad desquiciada. Ya no me acuerdo de mi sombra. Ya no soporto la pupila, cansada y dilatada, que baila en silencio en intento absurdo de materializar tu silueta. Ya no hay chispa frugal a la medianoche del blues de tus besos. Pero sonríes. A lo lejos y a lo débil y a lo imaginario, pero sonríes. Y despierta mi caldera. Y tartamudeo tu nombre bajo el manto lóbrego de la vida. Y el alquitrán del paladar se vuelve dulce. Y sonrío. Fuimos llama y del carbón despertamos, vehementes y esperanzados.



Serpenteo entre callejones inmundos, la frente inflamada de tu ausencia, y una farola me guiña el ojo. Una brisa cálida se adhiere a mis tobillos y me abraza el andar taciturno. Los adoquines caminan bajo mis pies descalzos y yo estoy inmóvil. Hay velas perennes, tan hambrientas de recuerdos, que están vacunadas contra el virus de la tristeza. Recuerdo tus manos al carboncillo, lenes y blancas, entre las mías llenas de hollín. Me besas. A lo tonto, a lo impío y a lo inexistente, pero me besas. Y centrifuga mi motor. Y tarareo los violines que alguna vez cobijaron nuestro idilio. Y el humo se vuelve seda. Y te beso. Fuimos flama y del rescoldo nos levantamos, exaltados y locos.




Un infierno se fortifica bajo mis huesos, mutilados y amorosos, cuando el futuro firma de enterado bajo las narices de una posibilidad. El calor es mi evangelio y tu abrazo mi profeta. La temperatura es caprichosa y el termómetro voluble. Te siento cerca y me estalla la nostalgia. Y me tocas. A lo asesino, a la fricción, a la ampolla y a la cicatriz y al espíritu y a lo urgente y a lo necesario y a lo brutal; a lo real me tocas. Y me explotas la existencia. Y me recuesto bajo la lluvia impotente y mi piel resplandece bajo la aurora de nosotros. Y el tizne reencarna para siempre. Y te toco. Y te toco para siempre y el cielo se cae sobre nuestras cabezas incendiarias. Fuimos lumbre y del ascua volvemos a existir, una y otro y otra y otra vez, mientras el universo se congela. Todo se congela, excepto nosotros. Nunca nosotros.


Somos fuego. De la escoria renacemos. Somos fuego ígneo y apasionado.

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Las imágenes que acompañan al texto son propiedad de Danilo and Sharon.

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REFERENCIAS:
Enrique Ocampo

Enrique Ocampo


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