Clases de Foucault para estar orgulloso de ser un anormal

Clases de Foucault para estar orgulloso de ser un anormal

Por: Eduardo Limón -



Sentirte un completo outcast y comer solo durante la hora del almuerzo o percibir la mirada acusadora de los demás no siempre fue motivo de orgullo para el afectado. Más allá de esa autoconcepción adolescentemente orgullosa por no ser uno más del rebaño, en sus inicios, ser considerado como un anormal podía ser motivo de encarcelamiento o muerte. Un ser que en cualquier minuto podría ser excluido de la humanidad y desterrado incluso de la vida. Corría el año de 1975 y Foucault escandalizaba y divertía a su público estudiantil con anécdotas y reflexiones en torno a la figura de aquél que no encaja en la sociedad, de ese cuerpo o esa mente que se escapa de lo que está bien, permitido y normalizado. En el siglo XIX, el filósofo otorgó en este curso herramientas analíticas que permitieron la identificación de sujetos que eran perseguidos por sus distintos niveles de extrañeza.

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Esas decimonónicas pericias psiquiátricas que lograron identificar a los acusados de anormalidad, ahora se pueden ver completamente prejuiciosas, ridículas y faltas de rigor científico; nadie en su sano juicio pensaría en retomarlas en la actualidad para un diagnóstico, pero no podemos perder de vista que si bien ya no se dictan estrictamente como en ese ayer, dichas tipologías han evolucionado y pervivido hasta la actualidad. Estas condiciones extraordinarias y enjuiciables del hombre que Foucault rescata, son trasladadas de un viejo siglo a las bases de control social moderno, según su opinión.


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Esas características humanas que dirigieron muchas cabezas a la horca, hoy se han transformado en los puntos iniciales para continuar con una cacería de lo que yace en la periferia de lo autorizado. De acuerdo a ese esquema de lo otro extraño y perverso, ¿en qué anomalía te encontrarías tú en el presente?





Los tres personajes de la anomalía

El monstruo: Aquél que viola las leyes naturales y de la sociedad. Originalmente, este sujeto conjuntaba lo animal y lo humano o lo masculino con lo femenino para constituir físicamente algo que escapa de lo antropomórfico convencional; piénsese hoy en los transgénero o transexuales y la aversión (estúpida) que sienten algunos miembros de la sociedad por sus cuerpos. En el monstruo, más allá de su físico apabullante, hay una mente que atenta contra el orden moral.

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El incorregible: Individuo de actitudes y comportamientos extraños que nadie ha podido enderezar. Entiéndanse que para esa supuesta corrección, existen las cárceles, hospitales, sanatorios, etcétera. Todavía esta categoría entra en los alcances de la salvación.

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El onanista: es aquel que se masturba compulsivamente. A través de los años, esta tipología se fue centrando hasta hoy en el ser humano que explora rasgos de la sexualidad que muchos condenan y ven con recelo, como si se tratara de una enfermedad adictiva y malsana.

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Aunque suene extremo y en algunos casos ficticio, las formas de degeneración humana y anormalidad han pervivido en el imaginario popular hasta el grado máximo de acaparar con sus representaciones más vulgares las páginas de la prensa amarilla. Pensemos en la imagen y el relato de los criminales, “desviados” y extraños. Quizá las acusaciones de las que habla Foucault en su seminario ya no lleven a la pena de muerte, pero sí dirigen a la fotografía zoológica.

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En la mayoría de estas narraciones sensacionalistas se dirige la mirada obtusa de un público poco letrado ante las formas de vida que no encajan con lo establecido; incluso el mismo Foucault se encuentra en dicha feria de fenómenos al ser identificado como homosexual. Y es en las clases de este sociólogo multifacético que comprendimos entonces que eso enunciado como anormal, sucio y feo, en realidad fue una interpretación muchas veces equivocada.

Esas experimentaciones con el género, el placer, los gustos, las aficiones, la actitud ante la vida, no tenían nada de enfermo o diabólico. Simplemente se era diferente.

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De esta manera es que ya no se escucha tan mal ser un extranjero en la tierra de los “normales”, ¿cierto? Es más, resulta un poco orgulloso el situarse en esos lindes de la oficialidad y lo tradicional demostrando que otras vías de la representación física o el desarrollo de los pensamientos y la sexualidad son tan válidas como cualquier otra.


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Si te interesa seguir aprendiendo de Foucault, puedes dirigirte a 6 maneras de someter a la sociedad todos los días según Foucault10 películas basadas en la filosofía de Michel Foucault, dos artículos que abordan desde distintas perspectivas ese pensamiento francés que se manifestó crítico y contestatario ante los esquemas de poder en la actualidad.





Referencias: