Coger por coger es una experiencia deliciosa, pero el amor es otra cosa

Martes, 11 de abril de 2017 8:03

|Alberto Casta



Hay quienes evitan enamorarse. Van por la vida de corazón en corazón, pretendiendo que los sentimientos no importan... Pero se engañan, se engañan todo el tiempo:


poemas sexo casual


Coger por coger.  Por el pinche gusto y mero placer.

Delicioso, placentero, orgásmico, complaciente, perverso, fulgurante, inminente, delirante, excitante, pleno, a conciencia, para liberar el estrés, por salud y con impaciencia.

Sin necesidad de mentir o sentir algo, sin hacer dramas, sin entrometer sentimientos que tantos conflictos nos crean.

La liberación femenina, las relaciones que huyen de los compromisos, los machos “alpha”, pelo en pecho y esas mamadas; la equidad de género, el derecho al disfrute y el goce de una vasta y rica sexualidad.

Enredarse en un cuerpo ardiente, besar unos labios que buscan saciar la sed en otros labios, la urgencia de satisfacer un hambre y deseo carnal. Coger por coger, por puras ganas, porque se hinchan los huevos, por sus benditos ovarios, coger como quien va al gimnasio, como quien baila un tango, como quien va a un concierto, como quien queda con un amigo para ir por un café, como quien te invita a ver una película a su casa. Coger con naturalidad, quedar sólo para coger, con un amigo que te haga el favor, con la amiga que siempre te has querido dar, al wey que te gustó en el bar, a la chica que conociste en la fiesta, al profe que te gusta, a la amiga a quien le gustas o quienes al conocerse sabían que se iban a “empiernar”.

Pero hasta para coger hay que saber, no todo es pantalones abajo, falda arriba, penetrada y venida, hay que saber coger una cintura, unas manos, un rostro, hablar de poesía, de deportes, de literatura, que no todo sea en vano; oyendo música, hablando de música o creando música; leer antes, durante y después de coger, besar sin límite de tiempo, morder los labios, rasguñar espaldas, sorber pezones, dar una suculenta mamada, abrazar despacio, estrujar salvaje, mirar profundo, perderte en unas pupilas, montar con ritmo, mantener un buen ritmo y durar un buen rato; amoldar adecuadamente las palmas de las manos a los senos, abrazar correctamente una cintura con las piernas, tirar del cabello, juguetear con la lengua un clítoris o un glande, nalguear, apretar, voltear, lamer, brindar y recibir placer, dejarse querer, provocar orgasmos, espasmos, suspiros, gemidos, gritos, llanto, risas y tener de que hablar después de terminar; dormir abrazados y desnudos, volver a coger por enésima vez y seguir cogiendo, de la mano, del brazo, de las ideas, de las riendas sueltas; coger un nuevo tema de conversación, su atención y quizá hasta el interior de su pecho por largo tiempo intacto.

Porque para quien gusta, practica y apetece de coger por coger, entiende que hay reglas no escritas, que puede haber complicidades y lealtades, cariño, amistad, confianza, confidencia, pactos y tratos, pero quien coge por coger sin saber coger, que dios lo libre del vacío después de un orgasmo.

Sin duda, coger por coger es una experiencia deliciosa, pero el amor... El amor es otra cosa.


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REFERENCIAS:
Alberto Casta

Alberto Casta


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