Así fue la llegada de la 'bici' a territorio mexicano

Así fue la llegada de la 'bici' a territorio mexicano

Por: Cultura Colectiva -

Actualmente, es un medio de transporte muy utilizado entre los jóvenes pero, realmente, ¿cómo es viajar en bicicleta en México? Aquí te compartimos un artículo que nos cuenta un poco sobre la historia de este vehículo y su llegada a territorio mexicano.

Texto escrito por Héctor de Mauleón


En 1885 los paseantes porfirianos se conmovieron con la llegada del velocípedo, un extraño aparato de tres ruedas que rompió la calma de la Alameda, el paseo más antiguo y tradicional de la urbe. Según las crónicas de la época, el velocípedo arrumbó en la prehistoria al legendario ferrocarril de madera, que había sido hasta entonces el delirio de los niños del Porfiriato y que las nanas rentaban por quince minutos o media hora, "cometiendo a veces la gravísima imprudencia de subirse al vehículo durante el movimiento", — El Universal, 16 de marzo de 1896.


El cronista Ángel de Campo escribe que el velocípedo "era la última palabra de peligro, de la celeridad, del atrevimiento". Las damas y los lagartijos veían, con los cabellos de punta, a los muchachos que pedaleaban con furia, "hasta que les volaban las cintas de la gorra". Aquellos heraldos de la velocidad atravesaban las callecillas sembradas de árboles de la Alameda, pidiendo el paso a gritos, poniendo en fuga a los canes, haciendo que los viejos anduvieran todo el tiempo con el Jesús en la boca. 


Así fue la llegada de la bici a territorio mexicano 1


Unos años después, sin embargo, aquellos aparatos fueron arrinconados también en la prehistoria porque el progreso trajo a la Ciudad de México el momento histórico de la bicicleta. Los hombres de 1896 eran modernos: hacían gimnasia, usaban dentadura postiza, creían que los rayos X dejaban ver a las mujeres desnudas, practicaban el automovilismo y aplaudían a rabiar en el cinematógrafo. La bicicleta, escribió De Campo, fue el complemento "del hombre de hoy": significó la llegada del relámpago.


Presentada por primera vez en la Exposición Universal de 1889, la bicicleta fue considerada por la prensa como "una pequeña hada metálica" que multiplicaba "el poder de locomoción del hombre". "Libélula de metal", la llamaron los reporteros que atestiguaron su aparición milagrosa. Un objeto de esa naturaleza no podía manifestarse sin desatar una fiebre, sin volverse locura. El músico Salvador Morlet le dedicó una polka que hoy es emblema del porfiriato: "Las bicicletas". Esa polka contiene la rapidez, la ligereza, el vértigo: un ritmo propio del pedaleo. La gente introdujo un verbo destinado a no durar: el cicleo.


"Viejos y muchachos, hombres y mujeres, fuertes y débiles se proporcionan una bicicleta para correr por esas calles de Dios, como si hubiese cundido una epidemia de velocidad", se leía en 1896 en El Universal. En la Ciudad de México, la primera crónica urbana fue producto de un paseo a caballo. La escribió Francisco Cervantes de Salazar en 1554. En 1848, Manuel Payno cronicó la ciudad en diligencia. Cuarenta años después, Manuel Gutiérrez Nájera lo hizo en tranvía.


No faltó un loco que comprara una bicicleta —algunas costaban doscientos pesos, toda una fortuna— y llevara adelante el género pedaleando por las calles mal pavimentadas, semiempedradas y llenas de hoyancos de la Ciudad de México. Ese loco se llamaba Ángel de Campo, le decían "Micrós" y era uno de los cronistas más leídos y aplaudidos de su tiempo. Micrós salió una mañana a "ciclear", le ladraron los perros, arriesgó la vida en los baches de las calles de tierra apisonada -caminos aptos para la herradura, pero no para seres humanos, civilizados y con Ayuntamiento-, terminó sudoroso y acalorado, y sin embargo aquel día se libró de tomar trenes siempre demorados o con peligro de descarrilamiento, evitó los tumbos de los coches de a peseta y "la ordinariez de los aurigas" y recorrió todas las calles de la metrópoli sin que nadie se atreviera a llamarlo "vago" —como lo hacían cuando lo veían recorrer "México andando"—. Las recorrió, sobre todo, sin que nadie se acercara a pedirle prestado o a cobrar cuentas pasadas. 



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"¡Gracias, Dios mío, gracias!", escribió, porque viajando en bicicleta había observado cosas nunca antes vista. Una de ellas, la imbecilidad malévola de los habitantes de la ciudad, que chiflaban a los ciclistas, les aventaban piedras para provocar su caída, les azuzaban a los perros o bien hacían chasquear a sus látigos en el lomo de los caballos, para rebasarlos o darles "cerrones". Nada nuevo bajo el sol. Y sin embargo, De Campo escribía que por mal que les fuera, los ciclistas gozaban. Ese gozo fue el que Morlet reflejó en su polka:


De todas las modas que han llegado de París y Nueva York,

hay una sin igual, que llama la atención. 

Son bicicletas que transitan de Plateros a Colón,

y por ellas he olvidado mi caballo y albardón.


Aquel placer fue por demás efímero. Una noche de 1895 corrió por primera vez por las calles de México el asesino de la bicicleta. El automóvil que trajo al país el junior porfiriano Fernando de Teresa.


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Si quieres saber más historias de la Ciudad de México que seguramente no conocías, las encuentras en La ciudad oculta vol. 2, un libro de Héctor de Mauleón, editado por Planeta. En este primer tomo se narran 500 años de historia desconocidas acompañadas por fotografías de las época para revelar personajes y secretos de la imponente Ciudad de México. Entre sus páginas podrás encontrar historias como: La vuelta de los volcanes, Bocas de púrpura encendida, Breve historia de Tepito; Gentes profanas en el convento y La última cabalgata del centauro. Si te gusta la historia pero no soportas los textos aburridos, La ciudad oculta vol. 2 se convertirá en uno de tus libros favoritos.


Ahora ya sabes un poco más sobre cómo es andar en bicicleta en México, aunque si eres de los que se mueven en 'la bici', definitivamente ya conoces de qué te estamos hablando, pues en la CDMX es todo un reto.


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