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Me di cuenta que no se trataba de llegar rápido, sino de descubrirte

Letras Me di cuenta que no se trataba de llegar rápido, sino de descubrirte

Te compartimos este texto sobre la paz interior y cómo ayudar a encontrarla cuando menos te lo esperas, en lugares o cosas que ignoraste siempre.

Texto por Fernando Lapuente García


Hace algunos años junto a unos compañeros realicé un recorrido en Nayarit, alrededor de la laguna de Santa María del Oro, a través de varios pueblos y zonas protegidas; durante cuatro días y tres noches fuimos caminando con una mochila, algunos alimentos muy sencillos, una casa de campaña que nos íbamos turnando entre tres, una botella de agua y algo de ropa. Durante el viaje no parábamos ni un solo momento, éramos aproximadamente 14 y todo el día caminábamos, únicamente nos deteníamos de vez en cuando para comer, pedir un poco de agua o acampar, pues el viaje ya estaba planeado y sólo los guías, Poncho y Pecruz, sabían bien el itinerario y confiábamos en ellos. 



Desde el comienzo del viaje mi emoción era fuerte, tendría una nueva experiencia, caminaría varios kilómetros todos los días en un lugar lleno de vegetación, conocería gente diferente, otro tipo de maneras de vivir, otras culturas. Esa emoción se fue diluyendo conforme caminaba el primer día, se fue transformando en cansancio, los tenis que traía molestaban cuando las piedritas se colaban entre las calcetas, las subidas por la carretera parecían en momentos infinitas, el calor pegaba directo a la nuca cuando no íbamos en medio de la selva; también había  desesperación, no conocía el camino, había preguntado tres veces cuánto faltaba solamente durante la mañana, cada vez tenía más ansiedad y hartazgo. Terminé la primera noche exhausto, pensando solamente en descansar, sin ganas ni siquiera de cenar o platicar un rato.


De casualidad se me había ocurrido llevar acuarelas, unos pinceles y papel, pensando que podría pintar en algún momento del viaje después de acampar o parar en el camino. Obviamente con el paso que llevábamos no me quedaban ganas de nada, mucho menos de pintar, sólo cargaba con algo que no me iba a servir en ningún momento. No estaba descubriendo otras culturas, no estaba escribiendo, no estaba pintando, todo lo que había pensado encontrar no era ni una parte del camino.


Fue hasta el segundo día que pude concentrarme en otra cosa de lo que tenía pensado, fui descubriendo un ritmo constante que podía llevar al caminar, algo que tenía que ver más conmigo. Fui tratando de correr menos, guardar más silencio, contemplar más lo que tenía alrededor. Hasta la mitad del viaje me fui dando cuenta de que no se trataba de llegar rápido o de descubrir lo que yo quería, se trataba de estar en la experiencia, descubriéndome en ella, fue hasta este momento que pude abrirme a una manera diferente de caminar.


Me di cuenta que no se trataba de llegar rápido, sino de descubrirte 1


Esto no hizo que se fuera el cansancio, la desesperación o el hastío, pero ayudó a que me diera cuenta de otras cosas más importantes: mientras menos cosas inútiles tratara de cargar, ya sean deseos, pinturas o libros, podría estar más abierto a otras cosas más valiosas, en especial a mi propia experiencia.


Me di cuenta que no se trataba de llegar rápido, sino de descubrirte 2


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