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Cómo vivir y cómo morir según Octavio Paz

Letras Cómo vivir y cómo morir según Octavio Paz


En muchas ocasiones para entender la obra de un artista es, quizá no necesario, pero sí útil saber bajo qué circunstancias, en qué contexto o qué sucesos previos marcaron su escritura; en otras no y es ahí que comienza el ejercicio de interpretación.

De la vasta obra que resulta de la maestría mexicana conocida como Octavio Paz y que recurre a temas místicos, de identidad, de carácter oriental, entre otros, destaca un poema escrito en endecasílabos que sostiene por tema la vida en sí. Paz vivía en San Francisco cuando lo escribió y coincide su creación con el aniversario luctuoso de su padre, dato que torna poético al acto de vivir en una reflexión filosófica.

Hablamos de “La vida sencilla”, poema donde se encuentra un llamado para aprovechar cada segundo desde la oposición entre vida y muerte, un llamado en tono existencial pues no sólo invita a aprovecharle sino a encontrar los momentos de goce en condiciones diversas, a veces contrarias, buenas o malas.

Esta pieza se lee llena de símbolos de la tradición clásica y barroca, de contrastes siempre vigentes ante la tragedia de vivir pero sobre todo, en esa lectura diversa, de la oportunidad de hacerlo.

poema de Octavio Paz

“La vida sencilla”

Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes —papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento—
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.


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