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Consejos de Italo Calvino para escribir en este milenio

Letras Consejos de Italo Calvino para escribir en este milenio



Debajo de los párpados hay una incesable tormenta de imágenes. La mente funciona rápido: piensas en menos de la mitad de un minuto en que es hora de un cafecito, o de una Coca, en que te estresa ese tonito de voz de tu jefa, en no volverte a poner ese desodorante que encontraste perdido en el baño y sientes lo inservible de su existencia, esperas que no se note en tu camisa, justo el día que escogiste la gris, justo la mañana que tu compañera de trabajo no se calla, y cuando ni los zapatos se ven tan presentables, quieres comprar otros pero quieres ahorrar para Acapulco en plan romántico, o para Puerto Escondido, o mejor te vas con amigos, en plan más deportivo, así enflacas, o mejor unos zapatos para las entrevistas, quieres cambiar de trabajo, quieres verte bien, quieres callar a tu compañera, no deja de hablar de su peda del fin, a quién le importa el Sens, quince conceptos y dos repetidos en veinticinco segundos. 


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El escritor tiene la tarea de ir a una velocidad similar. "Hay siempre una batalla contra el tiempo, contra los obstáculos que impiden o retardan el cumplimiento de un deseo": el escritor tiene la tarea de avanzar con la rapidez adecuada para la actualidad, sin descuidar la exactitud; la característica que requiere cualquier pluma para distinguir sus elementos del resto del río de imágenes.

Te recordó a tu ex la manera en que el tipo del restaurante traía los pantalones remangados y sus zapatos sin calcetines, las contestaciones breves y concisas de tu nuevo compañero de estudios te hizo pensar en tu hermano, al cruzarte al perro con la misma mancha en la oreja del que tenías en tu niñez, te volvió en una micro dosis el dolor de cuando lo viste atropellado frente a tu casa tantos años atrás. Los detalles logran identificar algo o alguien y a crear nuevas relaciones de conceptos. Es así como la visibilidad ayuda a la exactitud. 


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Un olor a manzana y canela te remite a Navidad y una Vespa a Italia. Para darle vida a un personaje hay que dotarlo de sus características únicas, de un tic en los ojos, de unas manos sudorosas, de una terquedad, de una timidez. La multiplicidad de particularidades es lo que lo hará palpable, y así como en la realidad no dejamos de conocer a una persona, en la literatura hay un descubrimiento constante de los personajes. 

La consistencia está ligada directamente con el estilo del autor. Calvino receta que es la clave para la durabilidad del texto y la supervivencia a la moda. Las prendas sencillas, de un solo color, de cortes no muy sofisticados, son las últimas en pasar de moda: la ligereza es una garantía de perdurabilidad. Ligereza no es igual a dejar el texto en la vaguedad, más bien se asocia con la precisión y determinación. La vida es complicada y buscas vías para hacerla ligera. Estás sumergido en un mundo en el que todo pasa tan velozmente que no es atractivo someterse a algo de digestión complicada para la cabeza. Ser escritor es ser crítico, es soltar las palabras con fluidez, coherencia, y capturar ecos de la realidad para traducirlos en juegos de letras.

Italo Calvino,   [*** &quot;Mindesthonorar 50 Euro. Gilt auch fîr die ausschlieñlich digitale Nutzung jeglicher Art, maximale Laufzeit Internet: 1 Jahr. Keine Nutzung als PR-Bild&quot; <!--mep-tab--/>****** &quot;Minimum fee 50 euros. Fee also applies for digital use only, of all kinds. Maximum duration for use in Internet: 1 year. Image not for use in PR&quot; ***]  (Bildtechnik: Farbraum AdobeRGB, Bildgr∑ñe:  9.34 MByte vorhanden)


Si quieres conocer un poco de la obra del escritor italiano del siglo XX, te recomiendo su novela Si una noche de invierno un viajero (1979) que con el inicio te das cuenta que es una propuesta innovadora para la contemporaneidad:

I

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.

Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura yoga. Con el libro invertido, claro.





Referencias: