Contempló a la mujer en su cama: era bella, pero debería olvidarla pronto
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Contempló a la mujer en su cama: era bella, pero debería olvidarla pronto

Avatar of Aidaly Ochoa Bravo

Por: Aidaly Ochoa Bravo

6 de julio, 2017

Letras Contempló a la mujer en su cama: era bella, pero debería olvidarla pronto
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Por: Aidaly Ochoa Bravo

6 de julio, 2017



El sentimiento universal por excelencia se convierte en un asunto pasional en el relato que se presenta a continuación, escrito por Aidaly Ochoa Bravo.


El lado letal del amor

El hombre era alto. De esos que siempre van en el autobús y se sostienen del techo con sus manos. Usaba lentes con una montura opaca que acentuaban su mirada fría, pero lo que impedían era que mirara fríamente a los demás pasajeros. Era un hombre de treinta y pocos años, cabello negro ondulado que combinaba con la ropa oscura que siempre usaba y piel blanca. Nada fuera de lo común.

Su mente era un revoltijo de ideas sombrías y pensamientos profundos. Irónicamente era muy callado, sólo hablaba justo cuando sus respuestas no verbales no eran comprendidas. Realmente nunca poseyó muchos amigos, pero sí los suficientes enemigos para volverlo una persona hostil. En el amor, claro, era un fracaso. Pero no debido a su persona ni tampoco a su economía, sino que sus frecuentes enemigos parecían conocer a todas las chicas en las que se fijaba. Casualmente estaba donde estaba debido a eso.


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Esta fría tarde no viajaba en autobús, sino en metro. Cuatro estaciones y llegó al hotel en el que había pasado la noche anterior. Era un hotel barato y sin mucho renombre en el que el encargado sólo pedía la tarifa y entregaba la llave, guardaba su silencio y también las apariencias. Se hallaba ubicado en el último rincón de un callejón surcado de tienditas y bares nocturnos.

Al llegar ahí se dio cuenta de que la chica seguía aún dormida y de que habían cortado la luz otra vez, aparentemente por “falla de electricidad”. No importaba, entraba un poco de la tardía luz solar por la rendija de la ventana. Eso bastaba. Era un lugar tranquilo para escribir y, de todos modos, no se quedaría ahí por mucho más tiempo.

Contempló a la mujer tendida en su cama: era bella, pero debería olvidarla pronto. Y pronto, a veces, resulta ser en cuestión de segundos. Decidió dejarse de rodeos y concentrarse en su trabajo. Fue hasta la mesa donde había dejado su portátil esa mañana. Baja batería, así que debía darse prisa. Comenzó a teclear y rememorar el comienzo de su amistad con la muchacha.

Por suerte, eso fue cosa fácil. Para cuando llegó al momento que más le interesaba, ya no podía ver bien debido a la falta de luz, pero se obligó a seguir escribiendo la carta. No sabía muy bien por qué estaba haciendo todo esto, pero siempre había sido una persona muy sentimental. Pero no en el buen sentido, no eran para nada buenos sentimientos.

En realidad se dio cuenta de que escribir todo aquello lo había ayudado a seguir con el plan. Nunca le habían gustado las despedidas porque las personas que le importaban eran pocas. Y una de ellas se encontraba en la cama durmiendo. Un toque final, el momento en que expresaba su ira y su plan de venganza, y así la carta quedó terminada.


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Faltaba su nombre cuando notó que la chica comenzaba a despertarse. Corrió al lugar donde había dejado sus cosas al volver y encontró lo que buscaba: una jeringuilla barata con un poderoso barbitúrico. Justo cuando ella se percató de lo que él iba a hacer, ya era tarde. El hombre saltó sobre ella y le inyectó la aguja en el brazo.

Se quedó con ella en brazos hasta que percibió la falta de movimiento y la dejó exactamente como había estado al dormir. Al fin moría su amor con ella, su enamorada que nunca había sido suya antes de esa noche, sino de su mejor y único amigo. Enterarse de que salían fue como un golpe en el alma, no tanto por haberla amado como a nadie, más bien porque él siempre se quedaba con lo que el hombre tanto deseaba.

Envió la carta por correo a la cuenta de su amigo añadiéndole al mensaje la dirección del hotel donde estaba. Recogió sus cosas, besó en la frente por última vez a su amada y salió. Mientras encendía un cigarrillo se dirigió a la avenida para tomar un taxi que lo llevara al aeropuerto. Necesitaba cambiar de ambiente, quizá de vestuario y sintió que, por fin, se quitaba un peso de encima.

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Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a Jaime Tena.
Puedes apreciar la serie fotográfica completa aquí.

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Tal vez deshacerse de algo, como el peso muerto del pasado, por ejemplo, tiene que ver con lo que no necesitas pero que igual quieres.


Referencias: