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Por qué el mejor Cortázar es un mal Borges y otros escándalos de la literatura

14 de noviembre de 2017

Diana Garrido

Para César Aira, Cortázar no era más que un autor de iniciación. Todo adolescente que se interesaba en la literatura, lo hacía gracias a Cortázar, pero de ahí no pasaba...

«Nadie en el mundo puede odiar a Julio Cortázar».


Eso pensaba hasta que leí las declaraciones de César Aira. El escritor argentino, autor de Cómo me hice monja, destroza a Rayuela sin piedad, arremete contra su autor, quien «no le provoca nada»; no le gusta, no le emociona y no le hace gracia ninguna de sus palabras. ¿Cómo ser un fan más de Cortázar cuando sus letras le provocan repulsión? No es que, obviamente, Cortazar sea un mal escritor o que no haza tenido el ingenio para conseguir empatía con cientos de lectores en el mundo, pero Aira no es un autor complaciente y mucho menos un lector fácil de convencer. Posee una imaginación y un ingenio incomparable, pero también un odio arraigado por lo ya establecido. A él le gusta la aventura y Cortázar es uno de los clichés más cimentados de la literatura.



Aira experimenta, juega e innova con sus textos, le da un aire fresco a cada una de sus narraciones. Sin embargo, a pesar de ser argentino, no puede hablar de los mejores escritores de aquel país poniendo a Cortázar como uno de los más grandes o el más importante autor sudamericano. Para él, «el mejor Cortázar es un mal Borges». Esto lo dijo sin tapujos durante una entrevista en la cual le cuestionaban sobre las líneas más importantes de los últimos 50 años de la literatura argentina. El escritor, cansado de que el mundo quiera escuchar siempre el nombre del autor de Bestiario, respondió enojado que había autores que habían creado una línea diferente para la literatura, pero Cortázar no era más que un amante de la historia, puesto que gustaba de repetir lo real en forma de ficción, algo que muchos hacen, no sólo él.


Para Aira, Cortázar no era más que un "autor de iniciación"; todo adolescente que se interesaba en la literatura, lo hacía gracias a Cortázar, pero de ahí no pasaba. Para él, Cortázar era un hombre vanidoso, paternalista y con aires de Dios que sólo esperaba que le lustraran los zapatos y le rindieran culto; mientras, el resto de los escritores, sólo pretendía escribir para sanar el alma, no más.


«Los cuentos de Cortázar con buenas artesanías, unas mejores que otras; sin embargo, el resto de su carrera es auténticamente deplorable». Así se expresó de él y no lo hizo en secreto, lo dijo sin tapujos ni titubeos. Los seguidores de Cortázar le atacaron, pero eso no detuvo al escritor quien más que retractarse, siguió lanzando odio y un infinito rechazo. Al igual que él, otros autores han demeritado el trabajo de sus colegas, se han burlado de ellos y han creado controversia en el mundo literario, dando origen a nuevos enfrentamientos, dignos de una novela de terror.



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Roberto Bolaño contra Isabel Allende, Antonio Skármeta y Volodia Teitelboim


En una entrevista para la revista LEER, en marzo de 2010. El periodista Javier Huerta Clavo le cuestionó sobre su opinión al respecto de estos tres autores. Bolaño los comparó con imitadores de Gabriel García Márquez y Sor Juana Inés de la Cruz, asegurando que los tres eran que malos escritores y que necesitaban mucho más que un curso de literatura para superarse.


«La literatura de Allende es mala, pero está viva; es anémica, como muchos latinoamericanos, pero está viva. No va a vivir mucho tiempo, como muchos enfermos, pero por ahora está viva. Y siempre cabe la posibilidad de un milagro. No sé, el fantasma de Juana Inés de la Cruz se le puede aparecer un día y le puede dar una lista de lecturas. El fantasma de Teresa de Ávila. En el peor de los casos el fantasma de Pardo Bazán. No se puede decir lo mismo de la literatura de Skármeta y Teitelboim. A esos no los salva ni Dios».



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Lope de Vega contra Dante


Se dice que antes de su muerte, Lope de Vega confesó, casi moribundo, que no toleraba a Dante. El poeta, a pesar de haber leído su obra completa y de inspirar su propio trabajo. Aunque reconocía su gran aportación, no lo aprobaba:


«
Pues ahora ya puedo decirlo. Nunca he podido soportar a Dante. Me da náuseas
».



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Nicolás Cabral contra Mario Vargas Llosa


Cabral escribió un artículo para La Tempestad en 2010. En él aseguraba que Vargas Llosa no era digno de recibir el Nobel, ya que no había forma de que su prosa estudiantil y poco pensada, repetitiva y encerrada en una zona de confort, le diera tanto reconocimiento mientras que a otros los mantenía en el olvido.


«El engaño de los medios que privilegian la opinión sobre el pensamiento, ha encumbrado a figuras como Vargas Llosa. Articulista peso mosca, quien ahora lamenta la decadencia de la cultura occidental es la encarnación del más flagrante cinismo. En tanto plumífero de las peores causas, su prosa escolar colabora secretamente en el fenómeno que denuncia desde el púlpito».



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Francisco de Quevedo contra Luis de Góngora


Como buen poeta, no arremetió en contra de él con palabras simples, sino que realizó un poema en el que lo culpa de falso y mentiroso. Lo ofende e insulta. Cabe señalar que antes de este poema, Góngora le escribió un verso similar a Quevedo.


«[...] El minoculo sí, más ciego vulto;

el resquicio barbado de meleneas;

esta cima del vicio y del insulto:

Éste, en quien hoy los pedos son sirenas,

éste es el culo, en Góngora y en culto,

que en un bujarrón le conociera apenas».



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Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares contra Miguel de Unamuno


En el libro Borges: Destino Barcelona, escrito en 2006, Bioy Casares narra que visitó a Borges en su casa para platicar sobre Unamuno, ya que Borges daría una conferencia sobre él. Más que hablar en contra del autor, “descubrieron” que no podrían elogiarlo porque traicionaría sus propias ideas y no estaba dispuesto a elogiar a un "torpe".


«BORGES: ¿Quién será tan torpe? En otros idiomas no conozco poetas tan torpes.

BIOY: Quizá, en sus versos, Güiraldes. Uno se pregunta: ¿Por qué se ponen a escribir, si les cuesta tanto? Hace mal leer esto. Hoy leí Weir of Hermiston. 

BORGES: Bueno, Stevenson, ¡qué diferencia!. 

BIOY: También los Machado, Darío, López Velarde, Lugones, Banchs... ¡Qué diferencia!. 

BORGES: Ahora que me comprometí, mejor seguir adelante. Hablaré de la poesía intelectual. La idea de que se la podía oponer al modernismo me atrajo. De todas maneras, aunque lo elogie, la tibieza aparecerá».



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Paulo Coelho contra James Joyce


Como si no necesitara hundirse un poco más, Coelho declaró en una entrevista en el periódico Folha que uno de los peores libros que había leído era Ulyses de Jame Joyce... cuya complejidad estructural es una de sus características. Los estudiosos de su obra aseguran que se debe a que su base cultural, artística y literaria es tan amplia que hace que sus lectores se esfuercen el doble cuando le leen. No obstante, Coelho no esta muy de acuerdo con ello, ya que, para él, la obra de Joyce no tiene mérito alguno.


«
Hubo un tiempo en que era posible que los críticos destruyeran una película o un libro y eso se reflejaba directamente en el público. Ahora esa relación se horizontalizó, lo que vale es el "boca en boca", [...] Soy moderno porque hago que lo difícil parezca simple y, así, me comunico con el mundo entero. Los autores de hoy quieren impresionar a sus pares. Uno de los libros que hizo ese mal a la humanidad fue el 
Ulysses
, que es sólo estilo. No hay nada ahí
».



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César Aira contra Ernesto Sábato


Al parecer al escritor no sólo le incomodaba lo que Cortázar escribía, así que en la misma entrevista, la cual fue hecha para El Clarín, por Carlos Afieri en 2004, empieza hablando de Sábato y cómo es que el hombre es un gran escritor, pero pronto cambia la dirección de la entrevista cuestionando la credibilidad de su colega. Le llama vanidoso, excéntrico y falso.


«A Sabato no lo hemos tomado nunca muy en serio. Y sorprende un poco que alguien se lo pueda tomar en serio. Es un señor que tiene aristas muy risibles: esa vanidad, el malditismo […] Malditismo que no condice con su personalidad. Es un señor perfectamente racional que juega al maldito. Así, se ve obligado a escribir constantemente en sus textos la palabra angustia, la palabra dolor... y claro, eso no funciona».



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Jorge Luis Borges contra Roberto Arlt


Lo menos que le dijo fue “imbécil”. Borges le llamó ingenuo, aburrido, comunista y demás adjetivos que recopiló Adolfo Bioy Casares en Borges, Destino Barcelona. Incluso asegura que de darle sus textos a un escritor o a cualquier otra persona para que los reescribiera o al menos les diera forma, nadie sería capaz. Arlt no podría hacer algo digno de ser leído en voz alta, todo era apto para ser leído en secreto y luego ocultado porque era una verdadera pena sentirse atraído por su obra.


«Era muy ingenuo. Se dejaba engañar por cualquier plan para ganar mucha plata, por descabellado que fuera, a condición de que hubiera en él algo deshonesto. Por ejemplo, se interesó mucho en el proyecto de instalar una feria para rematar caballos, en Avellaneda. El verdadero negocio consistiría en que clandestinamente cortarían las colas de los caballos, venderían la cerda y ganarían millones. Un negocio adicional: con las costras de las mataduras del lomo fabricarían un insecticida infalible. Era comunista: se entusiasmó con la idea de organizar una gran cadena nacional de prostíbulos, que costearían la revolución social. Era un malevo desagradable, extraordinariamente inculto […] Me aseguran que después se cultivó y leyó a Faulkner, y que eso lo demostró en un artículo de dos páginas, algo magnífico, en que estaba todo: "Sobre la crisis de la novela". Qué título. Ya te puedes imaginar la idiotez que sería eso. Lo que pasa, según Arlt, es que la gente no comprende lo que es la novela, por eso hay crisis de novelas. En la novela cada personaje debe tener un destino claro, como el destino del tigre es matar. ¿Te das cuenta? Tiene que valerse de un animal para significar la sencillez del destino. Más que personajes describiría muñecos».



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No podemos cambiar el pensamiento de los demás y con las profesiones ocurre lo mismo, entre más nos adentramos en ella, más queremos; es decir, entre mejor lo hacemos, la ambición de superarnos a nosotros mismos es mucho más grande y llega un punto en el que los errores de los demás son evidentes. No es malo ni es un "pecado", pero quizá el ego es mayor que tu verdadera opinión.


**


Aún hay más insultos en la literatura, pero también un poco de amor y relaciones tormentosas que no vas a querer revivir.


TAGS: Grandes escritores Datos curiosos novelas
REFERENCIAS: El Clarín La Voz Hablando Mal De...

Diana Garrido


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