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Cuando dejé de amarte, de Victoria Solares

24 de octubre de 2017

Cultura Colectiva

Texto escrito por Victoria Solares




Cuando me rompiste el corazón, alguien me dijo: “sólo el tiempo cura las heridas”. Pero lo cierto es que cuando te rompen el corazón sientes que el tiempo no pasa y que ese dolor realmente nunca va a desaparecer; pero un buen día te despiertas y te das cuenta de que el tiempo ya pasó y ya no punza, ya no desgarra y ya no duele.


En mi caso, me di cuenta de que yo prolongué mi dolor, y es que no es como que el dolor debiera durar dos años y que la herida no sanara, sino que continuaba ahí. Pensé que en realidad seguía enamorada de ti, que eras el hombre de mi vida y que en algún momento del destino se encargaría de juntarnos, tal y como pasa en las películas. Me convencí de que sucedería, convencí a mis amigos, que más allá de estar convencidos terminaban odiándote un poquito más cada vez que tú y yo fallábamos en el intento.



Pero la realidad es que ya había dejado de amarte hace mucho tiempo, sólo estaba enamorada de la añoranza que sentía, de la idea de lo que fuimos. Y me enamoraba cada vez más de ella en cada intento fallido de buscar algo que se acercara a lo nuestro; algo con la misma química y la misma pasión, pero sin las peleas, los malos ratos y los malos entendidos; sin embargo, ya no estaba enamorada de ti.


Estaba enamorada de la idea de que alguien se preocupara por mí, de las flores en mi puerta, y las largas llamadas nocturnas; que si bien fui encontrando un poco de cada una en cada chico con el que salí después de ti, ninguno alcanzaba a llenar la expectativa completa, y en mi ceguera me hacía creer que era porque tú eras el único y el indicado. Pero la realidad es que lo que lloraba por las noches ya no era por tu ausencia. Si no porque extrañaba ese fantasma sin rostro que hacía que el sexo se sintiera tan bien. Sólo extrañaba las caricias y las palabras bonitas, acompañadas de las tardes de película que nunca veíamos completas; los planes, los sueños y la idea de tener a alguien siempre para mí. Pero ya no era a ti, sino a tu fantasma que ya no tenía rostro. Era como un traje que nadie podía llenar a la perfección, y la venda de mis ojos cayó cuando me di cuenta de que ese traje a tu medida ya no lo llenabas ni tú.




Cuando te besé y sólo se sintió como un beso más, aún quise seguir engañándome, creyendo aún en la historia de amor; sin embargo, el día que me di cuenta de que ya no me quedaba ni un gramo de amor por ti, fue cuando después de habernos hecho promesas de nuevo te vi besando a otra. Por primera vez no sentí que el mundo se me venía encima y no sentí cómo todas las promesas se rompían. Si no que esta vez, muy en el fondo, ya sabía que no dolería cuando me volvieras a decepcionar.


Porque aunque por tanto tiempo te juré y me juré que te amaba, lo cierto es que ya había dejado de amarte hace tanto tiempo.



**


Luego de las decepciones por las que has vivido, es posible que también te preguntes: ¿cuántos romances tengo que vivir para que llegue el verdadero amor?


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Melina - Alberta.


TAGS: Cuentos Nuevos escritores Desamor
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