Cuando no puedes decir adiós

Cuando no puedes decir adiós

Por: Guadalupe Gonzalez -






Te presentamos un cuento de Guadalupe González que no dice que hay que amar aun en las despedidas... 




Tenía poco menos de un año que Lourdes se había casado con Ricardo, ambos se amaban y compartían casi todo. Desde los amigos hasta las cosas más insignificantes de una casa. Lourdes era reportera de un diario conocido en la ciudad; Ricardo empleado de informática de una empresa que ensamblaba computadoras. Decidieron casarse después de años de noviazgo, y aunque no fue fácil tomar la decisión a causa del dinero que implicaría vivir juntos, un golpe de suerte en la lotería nacional los hizo sentirse seguros de que, con esa ayuda, podrían iniciar un camino juntos.

Una tarde de domingo, después de tomar el café que habían comprado un par de semanas atrás en Veracruz, decidieron salir a caminar. El sol no era muy molesto, y recordar sus momentos era el pretexto perfecto para sentirse de nuevo profundamente enamorados. Mientras caminaban, Lourdes comenzó a llorar, se detuvo para mirar el volcán y abrazó con fuerza a Ricardo. Entonces le contó que desde hace días había pensado y extrañado mucho a su madre, que mirar el volcán le recordaba el tiempo cuando era niña y su mamá la sentaba en sus piernas para contarle una y mil historias sobre la existencia del volcán.


sentir


Lourdes había quedado huérfana mucho antes de conocer a Ricardo. Su madre había perdido la batalla contra el cáncer de intestino que le diagnosticaron muy tarde. No hablaba mucho de aquel episodio, y es que recordar los dolores y aquello que conlleva esa enfermedad le resultaba insoportable a su alma y corazón. Pero justo esa tarde no pudo contener más el recuerdo y decidió abrir sus sentimientos con su amado esposo.

Al día siguiente Lourdes, como si nada, volvió a sus actividades habituales, despidió con un beso a Ricardo y cada uno tomó su camino hacia sus labores cotidianas. Después del almuerzo hubo un cambio repentino, Lourdes tuvo que citarse con su médico de cabecera, había algo que le preocupaba con respecto a su periodo menstrual. Emocionada pensó que, aunque no era el mejor momento para esperar a un hijo, se esforzaría para que sí lo fuera. Sabía que no era momento de alarmar a Ricardo y prefirió irse a la cama con ese sobresalto en la boca del estómago, hasta que estuviera segura de que estaba esperando un bebé. A la mañana siguiente se despertó temprano y con una mentira piadosa fue al hospital a realizarse algunos estudios que el doctor había sugerido. Pasaron los días y el teléfono de su oficina sonó, la llamada era del médico que solicitaba verla con urgencia. Emocionada tomó su bolso y caminó hacía el consultorio tan contenta como quien va a ver de cerca un milagro.


sentir


Para cuando la noche llegó la emoción había terminado; Lourdes caminó por mucho tiempo cerca del trabajo, miraba al cielo y luego al piso, sus pasos eran lentos, la mirada se cristalizaba con el pasar del tiempo. No se trataba de un embarazo, lo cual la ponía anímicamente peor. No sabía por qué se enfrentaba a uno de los dolores más grandes de su vida, no sabía cómo decirle a Ricardo. Estaba enamorada de su profesión, amaba lo que hacía, su vida era perfecta y todo parecía estar en orden, hasta ese día.

Cuando llegó a su casa, abrió lentamente la puerta, secó las lágrimas que aún rodaban en sus mejillas, y disfrazó su mueca como mejor pudo. Su esposo la esperaba como todas las noches, con café caliente y pan recién horneado. Ella sólo actuó como la mujer feliz que siempre había sido. Y así pasaron las semanas y los meses; él feliz a lado de ella, y ella fingiendo que todo estaba bien.


debilidad


Un par de meses más tarde, cuando el reloj marcaba las diez de la noche y ambos se disponían a dormir. Antes de ponerse la pijama se miró al espejo, él la observaba de lejos y fue entonces cuando decidió preguntarle por su excesiva perdida de peso. La tomó por la cintura y la besó. Armada de un valor incomparable y con lágrimas en los ojos, le confesó que se encontraba en una fase terminal de la enfermedad que había acechado su vida y la de su madre. Ricardo, sorprendido y con una mueca de nerviosismo e incredulidad, le pidió que no jugara con eso, la abrazó fuerte y comenzó a llorar aferrando cada lágrima al cuerpo enfermo de su esposa.


Lourdes le dijo que era momento de preparase para el final, que esa era la razón por la que semanas atrás había dejado su trabajo como reportera, que había un seguro de vida a nombre de él y que le exigía viajar con ese dinero hasta donde juntos habían soñado. Ricardo no pudo decir una sola palabra, podía sentir un profundo dolor en el corazón y un frío terrible en toda la habitación. Ella era todo para él y dejarla ir no era una opción, lloraron juntos por horas, reprocharon al cielo cada lágrima que de sus ojos salía, no se soltaron las manos, y así los venció el sueño.


muerte

Tres meses más tarde se podía ver a través de la ventana un par de maletas, Ricardo bajó las escaleras con Lourdes entre sus manos, aún hablaba con ella y aunque ya no sentía su calor, sabía que esas cenizas eran lo que más amaba en el mundo. Le mostró por última vez la casa, su casa, cada rincón adecuado y decorado por su buen gusto, toda la esencia que ahí dejaban, aún se podían escuchar las risas y los gritos de ambos en la cocina, aún podía escuchar los tacones de sus zapatos bajar a prisa por la escalera, aún olía a ella y no se resignaba tan fácil a no tenerla a su lado. Salió de la casa, metió las maletas al auto y, como ella se lo pidió antes de regalarle su último beso de amor, Ricardo se encaminó hacia un viaje donde dejaría los restos de su amada y se quedaría gran parte de su vida. La parte en la que había sido feliz con ella.


decir adiós



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Aceptar la pérdida es uno de los pasos que debes seguir cuando alguien a quien amabas se ha ido... por eso te decimos cómo superar los distintos tipos de duelo cuando pierdes a un ser querido.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Laura Makabres.





Referencias: