Letras

Cuando termina el dolor, inicia la vida

Letras Cuando termina el dolor, inicia la vida





El destino siempre nos prepara sorpresas que nos cambian por completo la vida, como el siguiente cuento que te compartimos de Guadalupe González:
 

El tic tac del reloj parecía lento a comparación del paso real del tiempo, Elisa sentía un profundo dolor ahí donde experimentó mariposas, ahí donde las emociones se hacían fuertes y estallaban, ahí donde también se sintió la rabia. Se miraba las piernas hinchadas como si toda el agua del cuerpo se hubiera concentrado en sus extremidades.

Las manos le sudaban, el corazón le latía cada vez más fuerte y no sabía si reír o llorar. Estaba sola en el quirófano, pero rodeada de médicos y enfermeras, entonces pudo sentir por primera vez ese frío que deja la soledad. Los recuerdos la invadían, tenía la certeza de que aquello pronto acabaría, lo que realmente no sabía era si todo seguiría como lo había soñado, o si la vida tendría planes diferentes para ellos. 

Cuando el médico entró le hizo la promesa trillada que hacen todos, que sólo sería un ligero piquete y que no dolería. Elisa tenía un dolor muy fuerte y a la vez sentía la alegría más grande de su vida, cerró los ojos y se dejó llevar. Recordó, entonces, aquella tarde cuando vio por primera vez a Ernesto, estaba sentado en el café donde ella trabajaba, se acercó de manera sigilosa hasta ella y le preguntó su número.


cuentos de decepcion


Ella no pudo negarse, aunque Ernesto no era guapo, tenía algo que la volvía loca. Desde ese primer momento existía una tensión sexual que difícilmente podía dejarse pasar. El pensamiento se esfumó, Elisa abrió de nuevo los ojos para tomar fuerza, para respirar, para mirarse de nuevo ahí, tan sola como nunca quiso estarlo.

Volvió a cerrar los ojos y entonces recordó la primera vez que discutieron, cuando ella por un descuido le llamó a horas inapropiadas y contestó Lorena, la esposa de Ernesto. Ella sabía que no era prioridad en su vida, fue por eso que la madre de Elisa se alejó de ella, por no escuchar, por no entender. En esa discusión, Ernesto le pegó, ella lloró, pero eso no fue suficiente para retirarse de aquel mal juego. Volvió a abrir los ojos, ahora lloraba. Lloraba su soledad, su dolor, su alegría. 

Todo estaba a punto de terminar, sólo faltaban unos esfuerzos más, cerró los ojos con mayor fuerza, las lágrimas rodaban por sus mejillas. Entonces recordó el día en el que se enteró que sería madre, pudo sentir de nuevo esa felicidad que le recorrió cada centímetro de su cuerpo. No pudo evitar recordar que al decírselo a él, éste salió furioso del café jurándole no volver a verla. Fue, entonces, el golpe más fuerte de su vida, acompañado de la mayor felicidad que jamás había sentido. Ernesto y Elisa no volvieron a verse jamás. 


cuentos tristeza


Los esfuerzos terminaron, entonces inició la vida. Un hermoso bebé le lloraba, se miraron por primera vez y experimentó el verdadero amor. Lo tomó y lo colocó en su pecho, sintió su calor, su compañía, su amor. El bebé la miró de nuevo y dejó de llorar, ella comenzó a hacerlo. Mientras tomaba su pequeña mano entre sus dedos, selló la promesa de estar juntos hasta la muerte, le besó la frente y lo abrazó.

Elisa comprendió que los verdaderos amores no siempre hacen promesas en el altar de las iglesias, basta el amor y una mirada para sentirse en el paraíso. Se llevaron al pequeño hijo de Elisa, le dijeron que todo estaba bien, y ella siguió llorando. Dentro sentí un torbellino de emociones, buenas y malas. Sonrió sólo para recordar que su pequeño bebé tenía los hermosos ojos de Ernesto, esos que tanto le gustaba mirar, esos que la habían hecho soñar alguna vez.

Elisa recargó su cabeza en la almohada y se dejó llevar, sabía que la vida a partir de ahora sería distinta. También sabía que Ernesto no regresaría, pero de lo que estaba completamente segura era de que nunca más estaría sola, pues gracias a su pequeño hijo tenía el amor que antes le habían negado.


cuentos de amor


**

Existen historias misteriosas que no tienen explicación, hasta que alguien descubre lo que en realidad pasó, como la escritora que desapareció 11 días y nadie pudo explicarlo hasta 80 años después.


**

Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Enzo Iriarte.




Referencias: