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Cuarto a Oscuras

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Por: Marco

Letras Cuarto a Oscuras


Esteban es un hombre astuto y bonachón. Hace ya varios meses que lleva jugando con ellas. En serio sabe pasársela bien. Ninguna de sus víctimas sabe quién es, ninguno de sus colegas (menos yo) sabe que está haciendo y nadie está cerca de descubrirlo. ¡Qué dichoso es! El tipo trabaja dando órdenes, visita su guarida de placer, se va por una buena cena, se fuma un cigarro y luego se va a casa. No les puedo mentir, le tengo envidia; debo admitir que yo cometería las brutalidades que él comete a cambio de que la vida me trate tan bien, a cambio de que la vida me tire un pan… azucarado.

Debería comenzar por los inicios. Esteban tocó la puerta de mi departamento un martes, quería hablar conmigo y me ofreció de unas hierbas que le salieron algo caras; podría apostar a que el porrito que nos fumamos aquella fría tarde costaba unos 600 pesos. A cambio, le invité un par de cervezas, y unos cuantos cigarrillos cubanos que sabían a gloria. Qué lástima que se me han acabado. En fin, ya estábamos volados, disfrutábamos de nuestra caguama y nos fumábamos un cigarro cuando Esteban comenzó a contarme sus sublimes y atroces planes.

A la mitad de su discurso todo iba bien. Mencionó un sistema de citas a ciegas que consiste en que el hombre y la mujer se encuentren en un lugar que nuble su visión y se conozcan a base de una buena conversación. Él quería hacer uso de este sistema para conquistar mujeres al azar, enamorarlas y llevárselas a la cama. No sonaba mal, de hecho me excitaba un poco. Sabía que Esteban lograría hacerlo sin dificultad. Aunque no es tan bien parecido, Esteban tiene una gran habilidad para interpretar el lenguaje ya sea en su vertiente sonora o lingüística; y sabe reaccionar de igual o mejor forma. La comprensión de su mundo y de las personas a su alrededor está soportada en su preciso entendimiento del lenguaje. Disfrutaba de su idea y de su expresión imaginativa… hasta que me contó la segunda parte de su plan.

Sigo sin saber por qué me lo contó a mí o cómo es que supo que aceptaría ayudarle, pero no creo que tú hayas aceptado sus ideas abiertamente. Tal vez sea por su forma de ver las cosas, no sé. Recuerdo muy bien la vibra de la segunda parte de su discurso. Esteban prendió un cigarro, bajó la voz y me dijo que después de haberse cogido y enamorado a 21 mujeres, las reuniría a todas en donde las conoció, las desnudaría, las quemaría con luz cegadora, las deshidrataría, les tiraría un par de huesos de esperanza y luego acabaría con ellas. Mencionó otros detalles, pero no me siento cómodo recordándolos. Me vi perplejo y algo asqueado ante lo que me dijo, y sin embargo le pregunté cómo planeaba hacerlo, dijo que necesitaba de mis habilidades y yo, ansioso de vivir algo nuevo, acepté ayudarlo.

Parece que todo lo que necesitaba de mí era mi silencio. Me pidió dos cosas: Una fue que le adecuara un cuarto a oscuras en mi antiguo departamento que nunca pude vender. La otra fue que le armara un sitio Web de citas (a eso me dedico después de todo). Bueno, eso y de paso también que le ayudara a escoger sus víctimas. No hay modo en el que Esteban dejara que sus citas fueran tan 100% “a ciegas”. Escogimos de todo en línea; niñas de 15 años, universitarias de 20, mujeres en sus 40s y 50s, flacas, gordibuenas, morenas, rubias, pelirojas, altas, chaparritas. Teníamos con qué divertirnos, eso es seguro.

Por alguna razón, encontraba muy divertido el juego de seleccionar mujeres e incluso me emocionaba (también me espantaba) lo que les sucedería a estas mujeres. No me juzguen, soy un ser curioso por naturaleza. Por otro lado, a Esteban se le veía feliz proyectándose en su futuro próximo con estas mujeres. Parecía como si mi amigo por fin fuera a cumplir su sueño. Hasta el momento, no sabía qué conseguía Esteban de todo esto. Nunca fue agresivo, ni comentó ideas tan peculiares como la que estábamos poniendo en marcha. No me atreví a preguntarle, no vi la necesidad. Lo único que puedo decirles es que Esteban es un hombre que siempre ha amado y respetado la belleza interna y externa de la mujer; comprendo que quiera estar con 21 mujeres, pero ¿hacerlas sufrir? Tal vez se haya vuelto loco.

El día había llegado. Esteban logró acostarse con 21 mujeres. Todas eran muy bellas y algunas bastante simpáticas. Conforme pasaban las mujeres, más dudas llegué a tener. Ninguna de ellas se merecía la muerte, ninguna de ellas merecía ser humillada y aun así, Esteban, mi amigo el bonachón, se entusiasmaba con tal idea. El último preparativo qué hice para el día final fue preparar el cuarto de citas para ser incinerado. Ya se imaginarán, Esteban quería calcinar a todas una vez humilladas.

Fueron llegando poco a poco. Cada una tenía un horario de llegada para que no se cruzaran unas con otras. Conforme iban llegando, Esteban hacia lo primero de su plan. Las desnudaba, parecía que harían el amor pero al final, Esteban las inyectaba algo y las ponía a dormir en el mismo cuarto a oscuras donde las veía. De esa forma, la chica que llegara después no se daría cuenta de que a unos metros de ella había otra mujer desnuda y desmayada. Hizo esto con las 21 mujeres hasta que tuvo a todas y cada una de ellas dormidas y desnudas en el cuarto. Entonces, esperamos a que despertaran.

Antes de que se dieran cuenta de qué era lo que sucedía, Esteban les prendió las luces. El cuarto estaba acomodado con luces de gran potencia. Las mujeres en el cuarto no pudieron abrir completamente los ojos por algunos momentos. Entonces se vieron las unas a las otras y los gritos comenzaron. Esteban soltó una carcajada a mi lado y yo no pude evitar espantarme. Mi corazón empezó a latir, me excitaba y me enfermaba ver a tantas mujeres en la desesperación y en la duda y por si fuera poco, la presencia de Esteban me alteraba. ¿Qué seguía?

Esteban entró al cuarto. Las mujeres se le quedaron viendo, y una llena de ira se le lanzó encima con furia. Esteban, se defendió y le rompió la muñeca a la vista de todas. Entonces, sacó un arma de fuego de su pantalón y le apuntó a todas. Las mujeres encueradas no tenían donde arrinconarse más que en su miedo y pena. Luego, Esteban empezó a jugar "Simon Dice". Las hizo agacharse, pararse, correr, trotar, hincarse, lamerse, gritar, hablar como estúpidas, gatear, pegarse, ladrar, maullar, arañarse, masturbarse, morderse, y las hizo ladrar de nuevo. Estaban a su merced.

Luego, sacó un cuchillo y llamó a una de ellas. Le dijo que si no hacía ningún sonido cuando le cortara el dedo, la dejaría ir. Así lo hizo con todas y ninguna pudo no emitir sonidos. Esteban haría trampa, diciendo que los sonidos físicos (el roce de su pie con el suelo) también eran válidos. Entonces, después de destruirles esa pequeña esperanza, las amarró a todas con un lazo y forjó un círculo de 21 mujeres. Empezó a acuchillar a cada una de ellas y una vez que acabo, les vertió jugo de limón encima. Después, vertió gasolina sobre de ellas.

Esteban salió del cuarto, dejo a las mujeres sollozando de ardor, humillación y dolor. Esteban regresó desnudo a la habitación y se postro en medio del círculo. Todas lo veían con desdén y se preguntaban qué seguía. Entonces, mi amigo abrió su puño para mostrar una caja de cerillos. Tomó uno, lo prendió y lo tiro al suelo. Lo único que recuerdo a partir de ese momento es una amarga desesperación y el unísono de 21 gritos femeninos.

Sigo sin comprender bien lo qué sucedió y de lo que llegue a ser parte. Me libré de la policía. Para ellos, no fui un cómplice ni un criminal, fui una víctima más. ¿Cuál es el punto de esta historia? Un buen hombre pidió mi ayuda para cometer atrocidades y luego se suicida junto a sus víctimas. ¿Por qué? ¿Que acaso el mundo ya no ofrece emociones diferentes? Me divertí, no puedo negarlo pero hay otras formas, ¿cierto?

Tantas risas, tantas emociones, tanto llanto, armonía, alegrías, tristezas, odio, frustración, desesperación, adrenalina. Todo se juntó en un momento, en una acción, en un plan. Claro, fue a costa de 21 vidas inocentes. ¿Acaso es lo que las grandes mentes necesitan? Como la de Esteban, el tipo era un genio y su visión se vio nublada por impunes deseos. Tal vez eran válidos pero terminaron en 22 muertes. Sigo sin verle el sentido, pero les aseguro que fue divertido. 

Cuarto a Oscuras


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