Cuentan que dentro de nosotros hay todo un Universo para estar

Miércoles, 17 de enero de 2018 13:08

|Ivonne Méndez



Según las viejas historias a la orilla del mar, allá hasta el final donde nace el cielo, existe un hueco en el que habitan las hadas, el lugar es más que un paraíso y hay las más bellas flores y animales fantásticos.


Se dice que al caer la tarde, cuando el rayo verde nace, se abre la vereda a dicho lugar, sólo es posible entrar en pares, las almas puras, sublimes y que sienten verdadero amor logran cruzar. No hay prueba más grande que atravesar el mundo para llegar y tomados de la mano transitar ese umbral.


Cuentan que dentro hay todo un universo para estar, no hace falta soñar porque miles de colores ya albergan ese territorio. Naturaleza y espíritu en la más grande conexión. Se lee en la entrada si el rayo verde de la mano puedes atravesar, el amor eterno te anidará y este mundo habitará… de todos los rincones existen almas buscando la manera de llegar y ese sueño de amor concretar, difícil travesía se disponen a iniciar, alimentando esa delirio, con la esperanza de eternamente latir. Que no haya muerte, que no exista fin es su anhelo mayor.



Con atención escuchamos la historia, haciendo en nuestras mentes miles de preguntas, de quimeras, de ensueños. Silenciosos nos alejamos y pensativos nos miramos: ¿y si iniciamos esa búsqueda?, me dijiste. Mis ojos llenos de brillo, pero con la realidad abatiendo ese desvarió: es sólo una historia, pronuncié. Incómodos instantes transcurrieron mientras me mirabas y yo intentaba hacerte sonreír.


Pasaron los días y aquella plática se quedó ahí perdida, como aquella historia mágica. Los deberes, la rutina fue encimándose y lo olvidamos. De pronto, un atardecer nos sorprendió admirándolo y los dos logramos apreciar el rayo verde, atónitos, asombrados brincamos y sin palabras sabíamos que era el momento de iniciar aquella demencia. Con la alegría latiendo en nuestros corazones y la dicha que volvía a nosotros, embriagados de una nueva utopía iniciamos el camino.


Más que magia era una realidad, podía sentir cómo mi respiro era uno solo con el tuyo, nuestros pasos se integraban perfectamente. Te miraba y eras otro, nuevo, dichoso; reflejarme en esos ojos llenos de júbilo me concedía tanto gozo, que era posible que mi esencia pulsara en ti y que tu fueras en mí. El miedo a lo desconocido, a lo irreal se había esfumado, la certeza de tomar tu mano y en verdad descubrir todo lo que contenías, bastaban para seguir la marcha. Verme a mí, tan auténtica, tan feliz, lo valía todo.


Indagando pistas, alguna señal que nos llevara al final del mar, ocupábamos los días, las noches en cantos, en danzas y en una algarabía plena. No mediamos el tiempo, ni calculábamos gastos, nada, absolutamente nada tenía importancia, éramos los exploradores en busca de la vida eterna llena de amor, la expedición de nuestra vidas ocupaba cada minuto. Avanzando, cada instante más cerca y cada momento más unidos, más venturosos. Observándonos uno al otro, siendo testigos de nuestro andar, persiguiendo un sueño. Alimentando nuestras formas y haciendo fiesta con nuestra unión, gastábamos la vida.


Ya estamos cerca, susurré, tendida sobre tu regazo admirando el oleaje, que prometía que el fin del mar, el que cuentan las historias, estaba cerca. Me sonreíste y acariciabas mi cabello ya blanco, el tiempo no perdona su paso, no condona su deber. ¡Encontramos el amor eterno!, pronunciaste, a la par que suspirabas y tomabas mi mano con dulzura. 



En sigilo, con una divina paz envolviéndonos, el atardecer caía y el rayo verde apareció para cubrirnos, para llevarnos al final del mar, a donde nace el cielo, al hueco donde habitan las hadas, ahí al lugar que es más que un paraíso, ahí donde habitan las más bellas flores y animales fantásticos.


De la mano caminamos a la vereda mágica, dos almas puras, sublimes y que han empeñado su vida amándose. La prueba más grande aleteando en nuestros cuerpos, cruzamos el mundo para llegar y tomados de la mano transitar ese umbral amándonos sin final.



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Pensar a alguien requiere de tiempo: de los 60 minutos que tiene cada hora de mi vida, 58 son tuyos, porque 2 son para que me pienses.


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Yoona Korn.

REFERENCIAS:
Ivonne Méndez

Ivonne Méndez


colaborador
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