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Cuento para entender por qué los perros son los compañeros más fieles

6 de agosto de 2018

Fernanda Glez



Nunca estamos realmente listos para la partida de quienes amamos. El siguiente cuento de Fernanda González nos habla de un amor fiel y puro: el amor a un perro.





A MI COMPAÑERO MÁS FIEL


Todo comenzó el día que mis papás iniciaron la búsqueda de una mascota. Claro que ni mi hermano, ni yo estábamos enterados de ello: era una sorpresa. Entre una gran cantidad de patitas y ojos coquetos mis padres te escogieron a ti, o eso es lo que ellos pensaban. Meses después de que llegaras a la casa, mi mamá me mostró la foto que los hizo traerte con nosotros. Fue a partir de aquel día que supe que tú siempre estarías un paso adelante de nosotros. Ya que les hiciste creer que ellos habían tomado la decisión de adoptarte, cuando fuiste tú quien nos eligió.


Desde siempre has tenido claro qué es lo que quieres. Como las gomitas de papá, que cuando las dejaba a tu alcance sólo te comías las de sandía. Y aunque te ganaba la curiosidad y probabas las demás, siempre las regresabas a la bolsa para que alguien más se las pudiera comer. Continuamente mostrabas tus buenos modales, como la vez que dejamos el yakimeshi sobre la mesa de la cocina y tú, como el perro educado que eres, lo comiste en la mesa sin ensuciar nada a tu alrededor. Tu elegante personalidad ha ido de la mano con “tus gustos refinados”, como la jardinería; aunque mis padres no apreciaran tu talento de paisajista. Además de tus excelentes gustos literarios, que sorprendentemente son los mismos que los míos. Y es que sin falta, cada vez que leía, tu acomodabas tu cabeza entre el libro y mi pecho.


Algo que siempre te ha caracterizado es tu nobleza y fidelidad, no te ibas a dormir, por más cansado que estuvieras, hasta que la última persona apagara la televisión. Incluso no agrediste al perro que un día te atacó. Siempre tenías tu cabeza en alto y tu rabillo de lado a lado.


Como te mencioné antes, siempre has estado un paso delante de mí. Por ello, cuando llegó el día en el que tú ya estabas listo, yo estaba lejos de estarlo. Nunca se está listo.


Desde que yo era pequeña, mi mamá me dijo que un perro era un compromiso, y mientras viviera teníamos que ver por él. Pero el tiempo nunca es suficiente. Es cruel. Cuando le pedí que me permitiera tenerte un vez más sólo me llenó de recuerdos. Mi flaco, quiero que sepas que una parte de mí murió cuando te fuiste, pero que una parte tuya vivirá hasta que yo me vaya.


Un gracias no basta por todas la enseñanzas, momentos, alegrías y amor que me has dado. Nunca te merecí y aún así me escogiste para compartir tu vida conmigo. Gracias por ser mi confidente, portero, aliado, compañero. Gracias por ser mi mejor amigo.


**


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TAGS: Cuentos Nuevos escritores crowdsourcing
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Fernanda Glez


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