Cuento para recordar por qué los abuelos son la luz de una familia

Cuento para recordar por qué los abuelos son la luz de una familia



El siguiente cuento del día del abuelo es una pequeña ventana hacia lo maravilloso que es tener abuelos que te quieren y te dan las mejores lecciones.





EN LA FAMILIA HAY UNA ESTRELLA, ES MI ABUELA


Lo sé, existen diferentes tipos de estrellas: fugaces, gigantes, pequeñas, blancas, rojas… pero la nuestra es especial. Ella fue hecha con partículas de paciencia y amor, gratitud y nobleza, fortaleza y sabiduría.


Dicen que desde el principio de su vida en la tierra fue una guerrera, recorrió lugares inimaginables y luchó contra quien fuese para cuidar de los suyos.


Entre sus tantos poderes, la pude ver resplandecer el rostro de todos los que la rodeaban: cuidar de pequeños y grandes, pelear con todo tipo de monstruos, contar las historias más impresionantes, sanar con sus manos, con magia preparar alimentos de incomparable sabor y de infinita cantidad, y con su lazo luminoso de amor vi cómo logró unir a cada eslabón de la familia.


Su lugar favorito siempre fue un sitio lleno de flores a las afueras de su hogar, las había de todos los colores, tamaños y formas, y se convirtieron en sus amigas y acompañantes por mucho tiempo.


Aunque era feliz con ellas, su vida no hubiera sido la misma sin la invasión de pequeños luceros que la llenaban de felicidad cada semana, aún cuando de vez en vez entraban a su cuarto secreto a comerse sus dulces o cuando sus reliquias eran usadas como objetos de algún juego, incluso cuando su patio se transformó en campo de batalla, pista de carreras o en cualquier cosa que la imaginación de los chiquillos creara.


Y ni se diga de los padres de esos pequeños. Ellos han sido y serán siempre parte de la estrella, el motivo de su existencia, su razón de lucha y fortaleza.


Cada semana con ella en el centro, la mesa de madera que se encontraba en la entrada de su hogar se llenaba de luz y retumbaba con las carcajadas ahí vividas.


Ya los pequeños luceros han crecido, hemos crecido. Ya no robamos sus dulces, ni esperamos a que nos cuide, ya no saltamos en su cama, ni usamos su ropa y cobijas para nuestros escenarios imaginarios. Ahora es suficiente con mirarla, abrazarla y verla sonreír.


Ya no podemos visitarla tan seguido y rara vez repetimos aquella tradición de abrazar su hogar entre todos. Sin embargo, hoy somos conscientes de que nuestra estrella nos necesita.


Ahora está algo indispuesta para brillar por sí sola, por eso nos toca brindarle un poco de la luz que ella ha dado a nuestras vidas, pues desde hace un tiempo se le nota cansada para recorrer los lugares en los que fue tan feliz y, aunque su destello no se ha ido, sí se debilitó un poco.


Sabemos que hay otros luceros esperándola en lo alto, pero aquí aún estamos luchando por impedir que su luminosidad ascienda, por lo menos hasta que el Supremo crea que estamos listos para estar sin su luz, sin nuestra estrella, sin nuestra abuela.


Mientas eso ocurre, tal vez estemos a tiempo de abrazarla y llenarla de flores con la esperanza de que se vuelva a iluminar por completo y decida por ella misma quedarse a nuestro lado, sólo un ratito más.


**


Si quieres leer más sobre la vida y los miedos que la inundan, te invitamos a leer estos 5 cuentos para reflexionar sobre el amor, la vida y la muerte. Además, aquí puedes leer algunos cuentos breves de amor que te abrazarán el alma.




Referencias: