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"Tres", cuento erótico sobre un trío

Letras "Tres", cuento erótico sobre un trío

Este cuento erótico sobre un trío desdibuja las fronteras de la narrativa con el tono peculiar de su autor, Martín Klimek

Tres


Ella lo ve y sonríe. Después se para de la mesa tambaleándose coquetamente debido al alcohol que ahora fluye por sus venas, mientras se dirige con rumbo desconocido y ganas de que vean y admiren lo bella que es esa noche. Sabe que la están mirando así que se siente más segura de sí misma y sensual. Súbitamente, cuando divaga buscando el sitio más visible, unas manos la ayudan a que se suba a una tarima cuadrada, que se encuentra justo en medio de aquel atestado lugar. Ella se sabe en ese preciso instante libre y deshinibida, así que todo puede ser posible. Total, sólo una vez en la vida se tienen 31 años y se vacaciona en la playa de un país exótico y peligroso. Así que el placer se mezcla también con la adrenalina, lo cual la hace más propensa a afrontar cualquier tipo de riesgo.

Mientras tanto él la ve a lo lejos… le sonríe mientras brinda con su copa y piensa por un momento en algunas complejas posiciones sexuales, hecha todavía de una figura aún difusa, que se contornea imaginaria y llena de placer, con la mujer que él dice amar.


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Previamente él ya le ha señalado una posible víctima. Así que ella ya sabe a quién quiere. Lo mejor es que a ella también le ha gustado el contoneo rítmico de las duras y firmes nalgas de la mulata que ellos han seleccionado. Incrédulo aún, él duda si lo podrá lograr; si realmente a ella le interesa, o si simplemente le quiere tomar el pelo y jugar un rato.

Aún recuerda la conversación que tuvieron en la mañana, las confesiones y las promesas, así que toda esa mezcla le genera más bien una malsana excitación de poder apreciar cuáles son los verdaderos límites de su hembra.

¡"Alguien cómo túúú que me quieeeraa". La canción de Luis Miguel suena a todo volumen y desquicia las caderas de las féminas latinas que bailan enloquecidas, envueltas en convulsiones pélvicas permanentes. Ella no es de ahí y no sabe ni que suena, pero también ha sido contagiada por el frenético ritmo noventero, que corre por su sangre mezclada con más de 12 margaritas.

Súbitamente las miradas de ellas se entrecruzan, sonriéndose a lo lejos. Él se percata y su corazón da un gigantesco tumbo de dicha. Ella se comienza a acercar a ella, tan grácil como una pantera blonda. Haciendo de la distancia algo relativo, se va aproximando dando elegantes y discretos giros de baile, disimulando esa inocencia perversa que nadie nota… salvo él.

Ella se le presenta elegante, larga, de piernas sin fin, rubia, con curvas de infarto, firme de carnes y proporcionada, acoplando su silueta que se encaja perfecta en el derriere de la chica de nalgas duras, como si fuera el eslabón faltante de un rompecabezas. Ella la recibe a ella, sorprendida al principio, pero con una sonrisa amplia que le enseña sus blancos dientes en una hilera sonriente, a manera de comitiva de bienvenida.

Lo primero que ella mezcla con ella es su cabello rubio de vikinga con la negra crin de caballo de la otra, las cuales se funden generando un amanecer con eclipse en toda una porción de la barra del lugar, mientras sus cabezas hacen reguiletes de gozo. El único lenguaje existente son las sonrisas permanentes, mientras que las manos y la boca de la rubia comienzan a explorar de una manera casi imperceptible y sutil, la cintura, el cuello y los glúteos de la otra. Mientras bailan, las nalgas de ambas comienzan a fundirse en una simultánea cadencia, moviéndose al unísono, bajando y subiendo frenéticas, mientras se tocan torpe y tímidamente.

Ambas se notan gratamente sorprendidas de que comparten el mismo ritmo, lo cual les permite inferir buenos augurios amatorios, ante la perfecta simetría musical de aquel par de suculentos culos.

Él no se ha perdido un solo instante de lo sucedido. Ha captado en cámara lenta cada uno de los movimientos de serpiente de “su ella” atrapando su perdiz. El dolor por la inflamación súbita de su miembro le ha obligado a sentarse en la mesa, ya que además de obvia, le es físicamente imposible el poder acomodarse aquella erección en su estrecho pantalón.

Cuando voltea nuevamente a verlas, después de haberse distraído momentáneamente al ver el masivo tamaño que ha logrado en su entrepierna, descubre con terror que ellas ya no están… Han desaparecido y 3 mil personas bailando en movimientos precoitales son demasiadas para poder encontrarlas fácilmente.

Dejando todo atrás, incluida la cuenta, baja a la pista como un enajenado para buscarlas en medio de una marea de chicas alcoholizadas que intentan atraparlo mientras camina. No es Alain Delon, pero su tamaño y figura, además de su rostro árabe con barba llaman inevitablemente la atención.


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Se asoma en el baño, no están. Sigue buscando en decenas de pequeños espacios ideales para el escarceo y tampoco ve nada. Su desesperación ahora se mezcla con una ira incontenible. Jamás pensó en ese escenario y ahora lo está viviendo. "No puede ser", dice para sus adentros, "¡que esta hija de la chingada lo haya abandonado así!, después de hacerle tocar potencialmente el cielo.

Saca su teléfono y le manda un mensaje. Inmediatamente ve las dos palomas azules de que el mensaje ha sido leído. Grita su nombre fuerte y grave hecho de L+Zs , pero no hay respuesta, sólo la sensual música de Calvin Harris la hace extrañarla todavía un poco más, en aquellos solitarios y vacíos segundos llenos de gente.

Desesperado vuelve a ver el teléfono insistentemente; súbitamente la adrenalina le ilumina y le calienta el rostro como si fuera un horno de fundición de acero: “Estoy afuera, con ella… búscame, atrás del lugar, en donde está el contenedor de basura verde”.

Un rush le invade todo el cuerpo. Apresurando el paso intenta escapar del lugar en medio de mareas de gente que van a contra sentido suyo, así que empujando fuerte y esquivando a decenas de borrachos spring brakers, logra salir por la salida de emergencia del atestado lugar.

La noche en Playa del Carmen es fresca y callada, a diferencia del calor lleno de sudor pegajoso de ese Sodoma y Gomorra contemporáneo que se hace llamar Coco Bongo.

Él comienza a caminar rápido rodeando el cuadrante del lugar, esperando encontrar aquel contenedor de basura. Sin embargo el oído es a veces más rápido que la vista, y antes de ver nada, un quejido tenue acompañado de una serie de ruidos indescifrables y de cosas que caen, le indican que ella puede estar ahí.

El contenedor de basura verde es de tamaño industrial, de aproximadamente unos 2 metros de alto. Pero no solamente hay uno, hay dos, lo cual deja un pequeño espacio en medio, a manera de una oscura caverna.

Al acercarse en medio de aquella visibilidad de prácticamente cero —ya que las luces del callejón están fundidas— percibe como aquellos callados y reprimidos lamentos guturales, comienzan a escucharse in crescendo; todos ellos agitados, entrecortados y atrabancados, como si fuera una sinfonía no armónica de soniditos cortos, asfixiados de placer.

Prácticamente no se ve nada, solo un par de siluetas. La primera está recargada en la pared con su mini falda negra levantada prácticamente hasta el cuello. La segunda, la presa, está hincada justo con su rostro metido en la entrepierna de ella, probando aquella miel adictiva que sabe a leche y azúcar.

Él las observa por un momento, sin hacerse notar, estupefacto por aquella escena enmarcada en la penumbra. Se queda estático, hipnotizado, boquiabierto, con los músculos rígidos y el corazón infartado, intentando no hacer ruido, para adentrarse y disfrutar cada gemido de su hembra que ahora está siendo tomada de una manera profunda, por la boca de aquella extraña que le mete su lengua hasta el infinito y más allá, mientras le estruja con sus manos el clítoris y aquel par de hermosas y grandes tetas, que podrían haber sido cinceladas por Miguel Ángel.

Todas las ideas que él había pensado antes respecto a lo que iba a hacer, del lugar en donde iba a pasar, respecto al rol que iba tener, han quedado sepultadas. Él es un fantasma y no le importa, ya que aquel rol le excita como nunca. No siente la presión de tener que hacer o decir algo… El ver aquella escena en silencio le es suficiente ya para tener escenas masturbatorias hasta el día de su muerte.

Pero el anonimato no dura mucho, está demasiado cerca de ellas y quiere dejar de estar lejos. Así que se acerca cada vez más, mientras el cohete de su miembro, que ahora está expuesto y dispuesto, se transforma en el guía que hará todo el trabajo sucio por él. Total, no se le puede echar la culpa a un pedazo de carne que no piensa y solo desea fusionarse y explotar en el clítoris de su novia. Así que su verga toma el control total de la situación, desconectando su cerebro por completo. Ahora lo que habla es el instinto animal en su más pura expresión.

Lo primero que hace al llegar a ellas es guiarle la cabeza de una manera brusca a la mujer que se encuentra de rodillas, para que le ponga a punto esas frondosas venas que están a punto de explotar. Ella, en éxtasis se voltea con los ojos totalmente en blanco para mamar como una enajenada y ponerlo a punto.

Mientras que él besa en la boca a su novia la otra hace fielmente su trabajo, lo cual lubrica aún más todas y cada una de las entradas y salidas de aquellos tres cuerpos temblorosos, generando un torrente de fluidos que corren y gotean por todos lados. Por un momento, él está apunto de perder la batalla y venirse en las profundidades de aquella garganta desconocida, sin embargo logra retirarla a tiempo para abrirse paso y meterla en la cálida y húmeda vagina de su amada, explotando ambos brutalmente y al unísono en medio de espasmos incontrolables.

Todo aquello es muy irónico: un día antes ellos dos habían hablado de cómo se iban a proteger y cuidar de algún posible embarazo, de programar hacerse exámenes para que todo estuviera en orden… y ahora se encuentran totalmente idos y deshinibidos, entregados al placer y al sexo duro.

Inmediatamente después de penetrarla y venirse, él siente que aquella lengua extraña sigue haciendo su trabajo, ahora en sus testículos, en su próstata y culo, lo cual le da más potencia a su pene que sigue totalmente enhiesto y en posición de ataque. A continuación, él se sale por un momento de ella para levantar a la otra, e inclinar a las dos sobre una vieja mesa de metal arrumbada al lado del contenedor, con el ferviente objetivo de jugar a aquel mete-saca doble. Lentamente, comienza a penetrar esas dos vaginas totalmente dispuestas, que ahora enseñan su trasero al aire como si fueran cuatro hermosos globos que se mueven frenética e incontrolablemente, con el afán de disputarse aquel robusto pene. En cierto momento, él deja profundamente clavada en ella su larga verga con el objetivo de hacerla estallar otra vez. Al sentir los chorros que vienen en camino, la saca rápidamente para entrar en directo y sin escalas en el dilatado culo de la otra, traspasando todos sus pliegues como si este fuera mantequilla fundida, mientras que “su ella” toma el papel de la otra y comienza a lamerlo en los confines de su próstata.

Después de un tiempo sin tiempo, lleno de jadeos y nalgadas dolorosas, aparece como corolario de la escena, el grito de dolor profundo mezclado con un éxtasis total por parte de la mujer sodomizada, el cual se funde simultáneo con el sonido gutural de animal salvaje de él que al eyacularla, le provoca un temblor tan intenso en las piernas, que acaba desplomándose en el piso.

Al final y haciendo una pausa prolongada, termina de contarle a ella su historia. Cierra su computadora y le da un beso lascivo a su hermosa chica que toma el sol tumbada en una hamaca. Él sabe que esta noche los dos saldrán de fiesta y todo puede pasar…

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Las imágenes que acompañan al texto son propiedad de Bella Howard.

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Referencias: