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Cuento para entender los pensamientos de una mesera

13 de septiembre de 2018

Celeste Garza

Desde la voz del testimonio, Celeste Garza nos ofrece una visión precisa con este cuento para entender los pensamientos de una mesera

Pensamientos de una mesera

Es muy raro e incluso incómodo para mí aceptar y más aún declarar que el ser mesera me encanta, pero con la misma intensidad lo detesto. A veces el estrés provoca que los compañeros se vuelvan hostiles, por no mencionar las largas jornadas laborales. Y en realidad el sueldo es muy bajo, la verdadera ganancia son las propinas y aún deben compartirse con el resto del staff.

La propina no es obligatoria. Si un cliente decide no dejarla entonces de alguna manera terminas pagando por atenderlo.

Es complicado dirigirse al comensal, aunque un poco de experiencia te deja la capacidad para saber leer al cliente y qué tipo de trato darle. Algunas personas, por ejemplo, gustan de charlar, o que estés todo el tiempo al tanto de lo que pudieran necesitar. Otros por el contrario se sienten acosados cada que te acercas a preguntarles si todo va bien. Y evidentemente con cada uno hay que actuar de distinta manera.

Algo que no entiendo es por qué el ser mesera invita a los clientes a coquetear contigo o intentar cortejarte. Muchas otras ocasiones la amabilidad que brindo pudiese confundirse con coqueteo. A veces imagino que pueden llegar a pensar que soy fácil de impresionar, o que estoy en situación de desventaja porque a su parecer mis ingresos son básicos, algunos se creen que el dinero mueve el mundo. De últimas puede ser un simple juego, o realmente les parezco atractiva.



Aunque no puedo negar que he salido con un par de personas que conocí trabajando y me han sorprendido por su sencillez, y que sólo tal vez dejan de verme como una simple mesera para reconocerme como un ser humano con otros intereses e historias pasadas. También he vivido malos ratos. Sitios de trabajo donde se me ha presionado a sentarme a tomar con clientes a su capricho y por su gran poder adquisitivo. He sentido asco y acoso. A la orden del día, también están las propuestas indecorosas de viejos rabo verde, me han ofrecido dinero por ser su amante. Algunos otros y más descarados aprovechan cuando su pareja va al baño para pedirme el número de teléfono. O experiencias aún más extrañas en las que parejas chico-chica, junto con la propina me dejaron ambos sus números acompañado de un “you choose”.

Por otra parte existe gente muy interesante que a veces busca charlar sin mayor interés. O me preguntan acerca de mi vida, entonces les digo que escribo y les hablo a grandes rasgos de mi vida. A veces me invento nombres o vidas alternas. Me hace sentir que el ser mesera es a la vez ser como una actriz. Por ejemplo, cuando estoy deprimida finjo felicidad o ser amable con gente que me causa ganas de ahorcarle.

Conocí por ejemplo a un grupo de chicos que venían desde Monterrey para una convención de magia en la ciudad, uno de ellos me mostró varios trucos y me regaló una carta que aún conservo como un buen recuerdo. Artistas alcohólicos, caricaturistas misteriosos. Una chica que llegaba una o dos veces por semana con distintas parejas. Algo nos hacía sospechar que era scort, clientes que no tardaron mucho en volverse amigos por la frecuencia con la que visitan el lugar e incluso se vuelven parte de la esencia de tal.



Lo más fastidioso, créanlo o no, son los Godínez que se quedan toda la tarde haciendo escándalo y pidiendo que se les trate como reyes. Acosando a chicas de otras mesas y al final pagan una cuenta de 600 pesos con cinco tarjetas. Entonces dicen: “La propina la dejamos en efectivo”, y así es, antes de irse dejan 10 pesos en la mesa y pues… ¡Gracias!

He pensado por mucho tiempo que es un ambiente artificial creado para la diversión de los visitantes, la música a un alto volumen, alcohol por doquier, luces bajas y sensación falsa de felicidad. Para los que quedan al último es un golpe duro de realidad, el saber que está a las 5 de la mañana en un bar, pero ya con las luces encendidas y silencio incómodo. Mientras los meseros y los bartenders nos encargamos de poner todo en su lugar para por fin volver a casa, hasta dentro de unas horas que hay que volver a trabajar. Pues la fiesta no se fabrica sola, cada persona del staff es parte de esta farsa.

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Las imágenes que acompañan al texto son propiedad de duncan!

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Algunos grandes poetas mexicanos han escrito sobre la muerte. Si te interesa conocer sus obras, te recomendamos leer a Jaime Sabines y al joven escritor Gerardo Arana.

TAGS: Cuentos Nuevos escritores crowdsourcing
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Celeste Garza


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