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Amantes, un cuento sobre lo fugaz del amor y lo impredecible de la muerte

Letras Amantes, un cuento sobre lo fugaz del amor y lo impredecible de la muerte

"Amantes" es un cuento sobre la muerte y lo impredecible que es, así como lo fugaz que puede ser el amor y la vida misma, que sigue sorprendiéndonos en todo momento, sobre todo en los más esperados.

Texto por Gonzalo Carretero


Llevaba años flirteando con esa mujer, y al fin la tenía allí, junto a él. Puso en marcha el motor del coche. Ella le observó desde el asiento del copiloto, no dijo una palabra, a pesar de ser consciente de la embriaguez del conductor, permaneció muda. Tranquila, distante. “Ese último trago puede que haya sobrado”, susurró el hombre entre risas. No lo creía realmente. Se sentía borracho, desde luego, pero no lo suficiente para soltar el volante. Esa noche no, esa noche era la suya. Puso primera y se incorporó a la carretera. 


Zozobró por las calles como una serpiente, de algún modo convencido de su seguridad. El camino de vuelta a casa se le había antojado otras veces mucho más complicado, y nunca había pasado nada. Nunca. La miró. Parecía aburrida. Para matar el silencio, el hombre encendió la radio y subió el volumen. Esa canción. Adoraba esa canción, y se sabía cada estrofa. La cantó a pleno pulmón, aumentando la velocidad del vehículo sin darse cuenta. Ella siguió callada, extrañamente impasible. En el calor del momento, el hombre no vio a los tres jóvenes que cruzaban la carretera calle abajo. No tuvo tiempo de reaccionar coherentemente: torció el volante todo cuanto pudo, abrió mucho los ojos y aguantó la respiración. Los neumáticos chirriaron sobre el pavimento, se quejaron ante el esfuerzo. 



El coche pasó de largo, rozando por milímetros a los tres muchachos, incautos y afortunados. El hombre pudo soltar el aire. Lo había conseguido. Se aproximaba ahora a la fachada de un gran edificio, pero daba igual, les había esquivado. Ni siquiera intentó frenar. Volvió su mirada hacia ella. La mujer le observaba con compasión, no con miedo. Alzó su delicada mano y le acarició el rostro.

Su amante, su elegido. Apenas duró un instante. El coche impactó contra la piedra y el metal, achatándose como una lata pisada por un crío. Un promontorio de chapa incapaz ya de albergar vida


Tras el estruendo: el silencio. A través del humo, la mujer salió del coche. Ilesa. Abrió la puerta del conductor. No necesitó quitarle el cinturón, ni siquiera lo llevaba puesto. Cogió al hombre sin esfuerzo y lo cargó sobre sí. La radio carraspeó, tartamudeó, y volvió a sonar suavemente, rompiendo la quietud de la noche. Esa canción. La mujer se alejó calle abajo. Capucha puesta, capa larga, amante en una mano, guadaña en la otra. A su espalda, la música llegó a su fin. Y las sirenas dieron comienzo.


Amantes, un cuento sobre lo fugaz del amor y lo impredecible de la muerte 1


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