Cuento para reflexionar con los duros momentos que vive una víctima de violación

Un remolino de sensaciones se mezcla durante cada trágico minuto. Miedo, angustia, asombro, impotencia, odio, vergüenza y tristeza

Gritos mudos

Piensa en un grito, uno despavorido. No es tan difícil, hay miles de gritos reposando en nuestro interior; gritos que saldrán a flote o que tal vez se queden atorados como chicles en la garganta.

Cuando uno tiene la urgencia de gritar, la boca se estira y los ojos se contraen; entonces un surco de arrugas, nace en la frente y se expulsa aquel sonido cargado de emociones que la boca dispara.

Ahora piensa en alguien que no sabe gritar. Te parecerá una idea absurda, pero hay momentos, en los que el terror puede consumirte poderosamente, como a una muñeca de cera que cae sobre el fuego para deshacerse en segundos.

Y en ese instante negro no sabes gritar ¡no puedes hacerlo! Eres un trozo de pánico y silencio. 

Trata de encarnarte mentalmente en otro ser, esto tampoco es difícil. Solo cierra los ojos, sé empático e imagina que tu cuerpo ya no es el que conoces. Ahora eres una mujer que está caminando por una calle nocturna y amplia; al dar unos pasos divisas a un gato que corre buscando refugio, es gris con manchas blancas, pasa como un rayo bajo el arco de tus piernas desnudas, alcanzas a ver sus brillantes ojos verdes y a escuchar un leve maullido que pronto desaparece, su intuición felina le dice que va a llover y tu intuición te dice que deberías caminar más rápido para llegar a casa. Es tarde y hay un calor sofocante. Miras al reloj pulsera, sus manecillas rojas marcan las 11:25 p.m. ni un minuto más. Levantas la mirada hacia el firmamento, hay una media luna pálida y coqueta alumbrando el cielo, empiezas a caminar despacio, los zapatos negros que compraste el día anterior, se están amoldando a la silueta de tus pies y por eso te lastiman.



Fantaseas con el día siguiente, es domingo y es tu cumpleaños. Repasas mentalmente tus planes, cantarás el happy birthday en medio de la familia, tus mejillas se volverán rojas como siempre se ponen cuando eres el centro de atención sin pedirlo, te pondrás ese vestido nuevo estampado con flores blancas y negras que tanto te gusta; además esperarás a tus amigos para salir a bailar, tu madre cocinará alguna delicia, quizá esa gran ensalada con piña y pecanas que tanto te gusta ¡oh y de desayuno! un rico jugo de fresas, ¡y la torta! ¿Será la de chocolate? 

Una gota de sudor que se resbala y se acumula como un escupe en tus ojos negros te hace volver al presente, dejas de divagar y te limpias rápidamente con las manos. Recoges tu larga cabellera con un viejo carmín rosa y sigues andando, la calle está desierta.

Al menos eso creías, no notaste que una mirada te perseguía; mientras imaginabas tantas cosas. Una mirada que se relamía observando tu cuerpo metros atrás, te ha seguido hace tres calles, una mirada sigilosa, certera y enferma. El dueño de esa alma atrofiada, es una bestia que mira hipnotizado tus nalgas, el movimiento de ellas a cada paso que das, está mirando tu cuello y tu fragilidad, te ha convertido en su antílope y está listo para atacar.

Sientes el vibrar del celular, es un mensaje de tu novio que pregunta por ti, le respondes que pronto llegarás a casa y lo llamarás.

Observas los desperdicios que ha dejado la gente durante el día. Estás entretenida charlando contigo misma, analizas las cosas y piensas que parece una calle muy transcurrida por las mañanas y las tardes, que hay desperdicios por todos lados y que deberían poner más tachos, deberíamos amar nuestras calles, y su historia pobre mundo como lo ensuci...

No terminas de pensar la última frase, pues un mareo repentino te ha tomado por asalto, solo ves luces diminutas que se unen a sonidos agudos. Un dolor se extiende por tu cabeza, intentas apoyarte en alguna pared, pero algo te sostiene, entonces quieres decir algo, quieres luchar ¡quieres gritar! Pero un peso invisible se atasca en tu garganta, en todo tu ser y cuando lo intentas, una fuerza presiona tu boca y tu pecho, todo se vuelve oscuro. Te sumerges en una pausa grave y tenebrosa.



Estás atontada, alguien te ha golpeado salvajemente con un fierro, hay sangre a chorros tiñendo el suelo, distingues una figura distorsionada por el impacto, tu vista está herida, entonces intentas patear, pero te patean antes. Intentas gritar, pero estás en shock, no puedes moverte. Te están violando. A ti que nunca imaginaste vivir algo así, a ti que caminabas feliz, a ti que soñabas con un bello cumpleaños, a ti que no lo merecías, nadie lo merece.

Un remolino de sensaciones se mezcla durante cada trágico minuto. Miedo, angustia, asombro, impotencia, odio, vergüenza y tristeza. Ahora, estás arrinconada y tu respiración se agita, el corazón está a punto de explotar y salir por la blusa que ahora está abierta. Sientes un rostro grasoso sobarte los senos, besarte en la boca, y el vientre. No te mueves, no puedes estás petrificada.

Cada segundo fue eterno y cruel. Pero ha terminado. Son las 12:00 p.m. el celular suena, debe ser alguien que quiere desearte un feliz cumpleaños. Solo imagina que eres esa mujer y piensa: ¿qué harás al llegar a casa?

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Las imágenes que acompañan al texto son propiedad de Instant Flowers.

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Referencias: