Todos necesitamos un abrazo, de esos que te juntan cuando estás hecho pedazos

Todos necesitamos un abrazo, de esos que te juntan cuando estás hecho pedazos



En cada cuento sobre desamor, amor y otras desgracias, se esconde un deseo frágil de conectarnos con el otro, de sentir ese abrazo reparador. A continuación, te presentamos "Todos necesitamos un abrazo", cuento sobre desamor escrito por Mandarina.





UNA DE TANTAS HISTORIAS INCONCLUSAS


Lucía Fernanda tenían el corazón tan grande, que siempre había espacio para alguien más. O por lo menos eso decía ella. Le gustaba pregonar que era feliz con su libertad, pero no muy en el fondo —más bien casi a ras de la superficie— anhelaba que la amarraran tan fuerte con uno de esos abrazos que te juntan los pedacitos de vida que pierdes en cada sábana de motel que visitas.


El problema, según sus locas teorías conspirativas influenciadas por los sermones retrógradas de su amiga l, era que se entregaba demasiado rápido. No, se entregaba demasiado. Pero su inmenso corazón siempre le decía que vida sólo hay una, y que la muerte llega cuando menos te lo esperas, aunque siempre la ha esperado; y que vale más disfrutar un pequeño instante y siempre pensar en el “¿y si sí?”, porque quedarse con las ganas era lo que te convierte en peor persona. Y Lucía puede ser muy cusca y tan de caderas inquietas, pero nunca mala persona. Tampoco abusiva ni de las que hacen amarres —aunque a su mamá sí le gustaban esas cosas—; mucho menos controladora ni celosa.


Bueno, celosa sí, pero no solía hacer escenitas, ni reclamaba nada, simplemente cuando ya no era feliz se marchaba sin decir ni agua va, como cuando sabes que andas borrachita y decides mejor irte a tu casa sin avisarle a tus amigas para evitarte los 15 minutos de negociación por el último trago.


Algo así le pasaba con todos los aspectos de su vida. Nunca había reclamos, sólo un buen rato. Y eso es lo que todos veían en ella. Un buen rato.


Por eso el abrazo ese que te junta todita nunca llegaba, y probablemente nunca llegará. Pero ella seguirá diciendo que estando sola es cuando más feliz vive, pero sabe que es sólo para taparle el ojo al macho. Como siempre que llegaban a su vida esas preguntas constantes e hirientes para las que ni ella tenía respuesta.


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El texto anterior fue escrito por Mandarina.


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Escribir y leer poesía es una forma de sanar el alma. Si quieres leer más poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.



Referencias: