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La historia del payaso que enloqueció por amor

2 de octubre de 2018

Mariana Corona García

Las historias de amor no correspondido no siempre son por falta de interés, a veces ocurren situaciones que impiden que uno de los enamorados llegue a la cita pactada, dejando un dolor inmenso. Descubre qué ocurre en este cuento triste sobre payasos y violencia en las calles.



El payaso con la eterna cara pintada


Al final del trimestre le habían pedido a Laura un proyecto enfocado en el espacio urbano, el tema era de su agrado, así que repasó en su cabeza los posibles espacios que podía elegir. Al final del día, se decidió por un parque cercano que, a su imaginación, luciría hermoso si estuviera limpio y cuidado; sin basura, con muchas plantas y una banca de madera. -las de metal son horribles y te enfrían el trasero en temporadas de frío-, se dijo pensando la urbanidad como un lugar que tiene la necesidad de brindar espacios recreativos y que despierten inspiración para cualquier actividad que las personas desearan hacer.

Una vez decidido el lugar, dejó de lado el proyecto y lo retomó a las cinco semanas de finalizar el curso. –¡No mames, el proyecto!- Se dijo en la tarde cuando iba de regreso a casa, después de haber platicado con una compañera que había repetido el curso.

Al principio de esa semana “se impuso” trabajar en el proyecto por lo menos una hora diaria, la cual cumplió religiosamente los tres primeros días, en los últimos dos días de la semana pensaba más en la reunión que tenía con un par de amigas y amigos, con los cuales se reencontraba en un promedio de ocho meses desde que habían salido de su antigua escuela. El sábado resolvió que podía ir a la reunión y dedicarle la hora de trabajo al proyecto ¿Cómo? Escuchando la opinión del grupo sobre la rehabilitación del parque, el cual, entre su grupo de amigos había sido destino favorito para “romancear” cuando no se tenía la intención de asistir a clases.

Llegado el sábado, y en una etapa que ella consideró “moderado medio, de la peda”, les pregunto:

-¿En qué les beneficiaria si “el solidaridad” estuviera limpio y cuidado?

-Y sin la banda monaguilla que se junta ahí-

Se escuchó entre risas y a lo lejos una voz masculina. Laura volteo y soltó una breve pero escandalosa risa.

-Simón. Esa banda está bien torcida- Dijo otro chico del grupo. Se colocó el cabello oscuro, medianamente largo y lacio detrás de la oreja, miro un par de segundos la mesa, bebió un sorbo más de su cerveza y continúo

–Sobre todo el payaso, ese güey si está bien locochon. ¿No han notado que nunca se despinta la cara?, por más pasado que esté, siempre que regresa con la banda a drogarse sigue pintado de payaso-

-¡Es neta!- mencionó Laura de manera reflexiva.

-Pero la historia, según, de porqué siempre está en el parque, pintado como si fuera una cruza del guasón con el cuervo, esta medio culera-

-Cuéntanos qué pedo con ese carnal­- dijo “el Tarabu”.

-Pues la onda empezó cuando ese güey estaba más chavo, le latía ser payaso… bueno eso me dijo mi vecino-

-¿Te dijo “el pescado”? ¿tú vale el que está ruco y todavía se la vive bien cabrón en el agua?- interrumpió Lalo, riéndose un poco de sus palabras y volteando a ver al grupo de amigos.

-¡Ash!, cállate güey, deja que siga contando la historia “el greñas”- le contestó “Alma María”  tocándose la frente con un par de dedos de la mano derecha apoyados con el dedo pulgar en la mejilla.

Después de las pequeñas interrupciones prosiguió “el greñas”

-En ese entonces estaba más morro. Sí le latía la fiesta, pero no era muy seguido que se viera por el parque, era más bien que cuando tenía fiestas infantiles cercanas al parque y le quedaba de paso para irse a su casa, estaba un par de minutos con la banda, a veces le daba tiempo de despintarse, otras yo creo que le daba hueva y sólo se quitaba la nariz-.

Tomó otro sorbo de su cerveza oscura y continúo.

-En una de las veces que llegó a ir “al soli” con la cara pintada, conoció a una chica. La primera vez que la vio fue atravesando el parque. Le había latido tanto esa morra que quería llamar su atención, pero sin asustarla. “El pescado” me contó que ese güey se sacó un mini show de la manga, fueron menos de dos minutos, entonces la chava, al estar casi enfrente del payaso, lo voltio a ver y le sonrió-

-Entonces ya se imaginaran, se emocionó, trató de ir pintado cada que podía, al parque, una que otra vez incluía a la morra en su mini show, ella le sonreía y continuaba su paso, en una de esas veces él le dijo algo así como “señorita ¿puedo acompañarla al final del parque? ya sin payasadas”. La morra le dijo que só y platicaron un ratito, él supo que ella era madre soltera, y había tomado un turno nocturno en un call center, porque con ese horario podía cuidar de su hijo. Quedaron de verse al día siguiente, igual cuando ella pasara para que él la acompañara, si se podía, hasta su casa, pero ya para esa ocasión el no estaría pintado-

-Yo imagino- dijo el greñas llevándose la mano izquierda a la barbilla -que era para ver si la morra no le hacia el feo ya con su cara normal-

-Simón, ¿cómo será la cara del payaso sin la pintura? Cuestionó Laura.

-El punto es, continuo “el greñas”, que la chava no llegó, el payaso llegó despintado y con ropa normal, se quedó un rato con la banda para ver si pasaba, pero nada, y con los güeyes que estaba se lo estaban cotorreando; que estaba muy feo y que la morra se fue por otro lado para no toparlo… bueno, le decían cosas así. Ya cuando se estaba despidiendo, escuchó las sirenas de patrullas y ambulancias muy cerca de donde estaba con la banda, fueron a ver qué onda, y cuando llegaron al lugar, estaban poniendo unas cintas cerca de las canchas de fucho. Entonces el payaso vio a la chava que estaba esperando; boca abajo con sangre en la espalda-

-Después de eso todos se fueron a sus cantones. Pero el payaso regresó al día siguiente, pintado y diciendo que no era la chaparrita a la que vio tirada, que había sido otra, que estaba seguro porque no le vio la cara y que tenía que ir con la cara pintada por si pasaba, ella lo reconociera.

-Qué mal pedo, se quedó loquito el payaso- en voz baja pronunció Laura-

-Pues no se güey- le contestó “el greñas”, pero a mí me dijo mi vecino que por eso cuando anda ahí, va pintado-

Días después de la reunión, Laura replanteo el tema de su proyecto, su enfoque pasaría de ser un espacio lúdico a uno seguro.


***


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TAGS: Corazones rotos Cuentos Nuevos escritores
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Mariana Corona García


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