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Cuento para los que quieren emprender un viaje para buscarse a si mismos

10 de octubre de 2018

Cultura Colectiva

Lee este cuento sobre hacer un viaje para encontrarte a ti mismo y descubre como lo que puede parecer una aventura más, a veces te cambia la vida

Texto escrito por: Pandora Chaos



Un viaje de introspección


Parece mentira cuando las llamadas a la reflexión llegan de las personas que menos esperamos. Los azares del vivir hicieron que conociera a una talentosa artista lisboeta; desde la primera vez que la vi tuve una sensación de extraña proximidad, ella se acercó, ayudada por sus muletas, para invitarme a una muestra de arte en Largo do Intendente, un sábado igual a cualquier otro en la capital portuguesa. El comienzo del otoño había traído consigo un leve descenso de la temperatura y los días se habían vuelto más breves.




Aurelia era dueña de una espontaneidad avasalladora y de un humor con el no todas las personas conseguían lidiar, por estas y otras razones se convirtió en uno de mis personajes favoritos; después los caprichos del sentido nos empujaron a compartir el mismo espacio del trabajo durante dos semanas y fue así que nos aproximamos lo suficiente para que me invitara a un viaje de introspección.


Aquella invitación vino camuflada de concierto de percusión en la Casa da Cerca, localizada en la vecina ciudad de Almada. Allí encontré un lugar para pensar, reflexionar y, sobre todo, liberarme de las culpas que le afligían a mi agobiada consciencia. 


Con los últimos rayos de sol me embarqué en una travesía de 8 minutos en el Transtejo, aquella ruta sobre el Río Tajo fue una especie de purgatorio o ritual de purificación; el viento fresco del crepúsculo me despeinaba con violencia, y no me permitía siquiera parpadear para no desaprovechar aquella oportunidad de avistar Lisboa desde afuera, desde una perspectiva diferente. Ese cambio de óptica inocente hizo que estuviera preparada para una visita de poco menos de 24 horas al interior de mi misma.




Almada se convirtió en un lugar mágico desde el primer momento en que el barco encalló en Cacilhas y puse los pies en tierra firme. Deambulé por la calle perdida entre las miradas de la agitada vida nocturna de bares y restaurantes, siguiendo las indicaciones que había recibido vía mensajes de texto y resistiendo la tentación de usar Google Maps; Aurelia era tan analógica que fascinaba, usar el teléfono celular en su presencia parecía un desatino.


Luego de un breve recorrido por la Vieja Almada con historias y explicaciones sobre todo lo que veíamos a nuestro paso, llegamos a la Casa da Cerca, lugar que gozaba de una mística propia, arquitectura portuguesa típica del XVII: dos planta con forma de U; y de fachadas simples y lineares. Al entrar di de cara con un jardín interno donde cuatro árboles y dos escaleras que conectaban a los corredores de la planta superior dominan la escena, el suelo de piedras portuguesas, sin embargo, la vista panorámica del quintal era lo que convertía aquella casa en un lugar privilegiado.


Caminamos ladera abajo por unos corredores al aire libre que poseen miradores y en busca de un poco de intimidad nos acercamos a la pequeña ventana con vista al Puente 25 de Abril y a toda Lisboa, Aurelia me explicó el paisaje que tenía frente a mis ojos; estaba obnubilada frente a tanto esplendor y me esforcé para grabar a fuego en mi retina aquellas luces que se reflejaban en las aguas oscuras del río.




Aquella noche comprendí que responsabilizarme de los desaciertos ajenos está en mi ADN cultural, que justifico a las personas que amo cuando más me lastiman puesto que batallar contra las decepciones siempre es más fácil si cargo con todas las culpas; aprendí que tomar decisiones tiene un precio pero no tomarlas también lo tiene, que amar no tiene que ver con estar presente sino que a veces guarda relación con mantener una distancia prudencial.


En la penumbra de la noche, y evitando la inmensidad de los ojos verdes de Aurelia, le revelé algunos de mis más oscuros demonios y también mis debilidades; el cielo estaba mutando en varios tonos de azul y próximo al amanecer cuando dimos por concluida aquella conversación eterna. Me sentí segura en sus palabras y en sus silencios; en confianza y finalmente en paz.



TAGS: Psicología viajes crowdsourcing
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