Algunos cuentos de superación personal nos pueden mostrar historias de personas que lograron ver más allá de su propio dolor y de su propia tragedia para descubrir que el amor lo sana todo, y todos podemos ser guerreros de luz que lo defienden.
MI GUERRERA INTERIOR, LA GUARDIANA DE MI LUZ
Así me siento, así sea y así soy, aquella que no pertenece a ningún lugar, un alma como hija de la Luna, con tiempo eterno, libre como el viento, reconociendo el dolor, nadie me ha entendio nunca, ¡no me importa!
Soy un alma errante, entre la luz y la sombra, no es sólo lo que ves, he tenido que ir armándome a capas, entre batalla y batalla, regresé muchas veces de la sombra, con vestido de guerrera hacia la luz, viviendo de contradicciones, olvidando, no creyéndome que soy luz y que soy mágica, creo que caminé insconciente el presente, viviendo más el futuro, olvidando que sólo tengo el segundo que vivo.
Nunca consigo diseñar aquello que no toco, lo que no se logra ver, los misterios de la voz, la canción que lleva mi corazón, las notas que mi alma regala al Universo, y aún así sé que alguien recogerá mi musica, alguien vibrará con ella, mi luz, la letra que dice que lo que el viento graba eternamente cuando lo cantes te hará sonreir, la composión del deseo por saber, conocer, del ir y el venir, cantaré mis logros y mis detorrras, sea como sea, siempre quedará la sorpresa al oírme.
Nada ni nadie logrará cambiarme, te diré que si un día me serviste para tomar fuerzas, hoy no permitiré que entorpezcas mi camino, entonces me iré, no alzaré la voz, pero tampoco oirás mi corazón cuando termine la música del luchador. Tomaré descanso para aferrarme a lo que siento, porque lo que te trasmito es lo que aprendo, mi despertar en cada canción.
Esta pasión que aviva las emociones oscila, pero jamás escaparé del amor, pues locamente esta soy yo, un inmensa verdad, encarnándome, vida tras vida, en amor. La guerrera de mi luz y del amor, bailándole al tiempo, recuérdalo, no hay nada ni nadie que baje mis nubes, que pinte mejor que yo de colores el arcoiris, sólo depende de cómo lo sepas mirar, recuérdalo.
Agradezco las puertas que se abren, nunca iniciaré una contienda contra la mentira, mis armas nacieron al mismo compás que mi corazón, siempre gané las guerras adquiriendo la fuerza, sabiduría e ingenio, entre acción y acción. Cuánto se aprende cuando miras lo que guardado está, una verdad de aprendizaje, un nuevo hilito de luz que se adhiere, de a poquito, a esta nave que navega sin paro ni compasión, creciendo, día a día hacia la luz.
Suelo bailar por la calles, me río de nada, canto alto. Es mi alma que palpita, si me tachas de “rara” será lo más hermoso que puedes pensar, ojalá hubiera más “raros”, quizás entenderías cómo ascender con tus victorias y enseñarle al mundo que puede haber una vida mejor, venciendo las sombras.
Un día te miraré como mira un niño, sólo ellos saben ver al mundo sin amarguras, encontraré el sentido, lucharé con persistencia y coraje para hacerte feliz, pero pídemelo, no dejes que pierda mi tiempo con quien no quiere aprender del poder del amor, no permitas que llore tus penas, porque todavía debo luchar por mis sueños.
Adelante, amadas guerreras, adelante. Reconozcan su fuerza, está en su interior. El amor sanará al mundo, no hay leyes contra el despertar. Cuanto más amor se da, más nace.
**
El texto anterior fue escrito por Ana Maria Durban Villamayor.
**
Si quieres leer poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.