Cuentos que toda mujer debe leer para entender que no tiene por qué ser perfecta

lunes, 12 de junio de 2017 14:32

|Rodrigo Ayala

Si el mundo no es perfecto, entonces nadie está obligado a serlo. O, por lo menos, no está obligado a sufrir si no lo es. La única obligación es intentar, a toda costa, ser felices. En un mundo en el que a diario debemos tomar decisiones, es fácil incurrir en aciertos y errores, casi en idéntico equilibrio. Un sí o un no se pueden convertir en la mayor de las equivocaciones y arruinar no sólo nuestra vida sino las de otros seres. Todo ello lo sabe muy bien la autora de la antología de cuentos “Manual para mujeres de la limpieza”, la escritora norteamericana Lucia Berlin.

Nacida en Alaska, en 1936, y fallecida en Los Ángeles, en 2004, Berlin fue una de las tantas escritoras que tuvo que lidiar con profundos problemas de alcoholismo. Esos demonios etílicos se ven reflejados en “Manual para mujeres de la limpieza”, un recopilado de narraciones con estilo ágil, profundo, vibrante, que nos hacen ver precisamente que la vida no es perfecta sino todo lo contrario: nos pone pruebas duras en las que más que usar la razón para librar los obstáculos, se debe poner el corazón por delante para salir vivos.

La gran mayoría de los personajes de cada historia son femeninos. Lucia Berlin hace una radiografía de manera dolorosa, pero también muy divertida, a sus sentimientos, los cuales pueden ser perfectamente los mismos de cada mujer (y cada hombre, ¿por qué no?) que pose su vista en la prosa fluida de esta gran autora norteamericana. «Como la mayoría de los grandes contadores de historias, Lucia era una cotilla de primera categoría. Pero su cotilleo nunca era banal. Lo mejor siempre estaba conectado con su vida. Pero era arriesgado pensar que habías entendido su biografía, creer que sabías a qué hijo o a qué marido se refería en una determinada historia. Aún peor mezclar las aventuras amorosas, abortos y suicidios de sus relatos con lo que realmente había ocurrido», dice sobre ella la escritora Elizabeth Geoghegan.

El coctel de personajes reunidos en este libro es exquisito: la extranjera que vive en México en la historia titulada “Hasta la vista”, la niña con una madre abrumadora en “Panteón de Dolores”, la universitaria irónica de “Querida Conchi”, la profesora con un olor rancio y húmedo de “Buenos y malos”, todas ellas nos muestran que las mujeres poseen hermosas cualidades incomprendidas por la gente que posee un criterio corto y una imaginación limitada.

Cada una despliega una gran espontaneidad y una necesidad por ser ellas mismas que te hace conectar de inmediato y encontrar una pieza de tu alma en la suya. Es muy probable que en la esencia de cada personaje exista una parte (minúscula o mayúscula) de Lucia Berlin. «Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas, pero por poco», declaró uno de sus hijos a los pocos días de la muerte de la escritora.

El alcoholismo no fue el único monstruo contra el que tuvo que luchar. Hacerse cargo de sus hijos sin la presencia de un padre para ellos fue algo que también la golpeó a lo largo de muchos años. En sus historias, los diversos trabajos u oficios que desempeñan las mujeres, son un reflejo de lo que ella tuvo que hacer para dar de comer a sus cuatro hijos: mujer de la limpieza, enfermera, recepcionista en hospitales, telefonista, profesora... Berlin supo sobre el dolor que se experimenta cuando el destino te vuelve la espalda y te deja naufragando en un colosal océano de incertidumbre.

Lo dicho: si la vida no es perfecta, no hay razón para que nosotros nos sintamos intimidados si no alcanzamos la perfección de la cotidianeidad. Hay un sinfín de criaturas contra las que debemos luchar en el asfalto que nos aguarda cada vez que salimos del hogar: en primer plano, nosotros mismos (el peor de los enemigos), en segundo plano, los demás, que nos quieren dañar o beneficiar con sus actos, sus palabras, sus miedos y sus tedios. De ahí se sobreviene un tremendo alud de situaciones y personajes que nos hacen volvernos débiles y, al mismo tiempo, fuertes.

Las historias que han nacido de la mente y el corazón de esta gran narradora de los Estados Unidos se componen de lo más abstracto y lo más sencillo de lo que ocurre en nuestro día a día. Sin embargo, también hay un halo de magia en los relatos de Berlin, por ello nunca sabes hasta dónde llega lo autobiográfico y dónde comienza lo ficticio. Esa es la gran capacidad de sus historias para tenernos abstraídos con fascinación y determinación de llegar hasta el final de ellas.

Lucia Berlin es una autora que sabe escribir para acercarse al corazón del lector. Su lenguaje es capaz de crear una intimidad natural entre ella y el alma de los que descubren su obra. Al mismo tiempo, nos abre las puertas a otras realidades, a otras maneras de entender al otro y comprender la barrera invisible que hay entre una persona y otra. Aquí una muestra de su maestría:

«Odiaba el colegio St. Joseph. Aterrorizada por las monjas, sofocada por el calor de Texas, un día empujé a sor Cecilia y me expulsaron. Como castigo tuve que trabajar todas las vacaciones de verano en el consultorio de mi abuelo, que era dentista. Sabía que en realidad querían evitar que jugara con los niños del vecindario. Mexicanos y sirios. No había negros, pero solo era cuestión de tiempo, decía mi madre.

 

Estoy segura de que también querían evitarme la agonía de Mamie, mi abuela, que se estaba muriendo: sus lamentos, los rezos de sus amigas, el hedor y las moscas. Por la noche Mamie dormitaba, con la ayuda de la morfina, y mi madre y mi abuelo se quedaban bebiendo a solas, en habitaciones distintas. Desde mi cama, en el porche de atrás, los oía tomar bourbon, cada uno por su lado».

La vida de la escritora nacida en la lejana Alaska fue tan agitada, variada y colorida como lo son sus historias. Vivió una temporada en Santiago de Chile, en México, Los Ángeles, Nueva York, se casó tres veces, desde niña tuvo que utilizar un corsé ortopédico debido a una escoliosis temprana que ya en la edad adulta la obligó a vivir pegada a un tanque de oxígeno.

Una vida tan intensa, veinte vidas dentro de una sola, es algo digno de llevar al papel. Las memorias fueron ricas en detalles para una escritora que por desgracia fue valorada y descubierta de manera tardía.

“Manual para mujeres de la limpieza” debe ser tu próxima lectura obligada para descubrir que no hay nada de malo en seguir los impulsos de tu corazón. Al contrario, ésa es la única posibilidad de sentirte vivo a diario, sin la obligación de buscar la fastidiosa perfección.

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Fuentes

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El País
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