Dallas Buyers Club: una lucha por la vida

Dallas Buyers Club: una lucha por la vida

Por: Alfonso Blanco Samperio -

Le han puesto un reloj fatal a Roon Woodroof (Matthew McConaughey); le quedan treinta días de vida. Woodroof es un vaquero chapado a lo texano: monta toros en el rodeo y trabaja con un mísero sueldo de electricista en una compañía local; por las noches, se lleva a cualquier cantidad de chicas a la cama. Es por esta vida y su carácter de hombre homofóbico que insulta a los médicos cuando le dicen que es portador del VIH SIDA. En 1986 se tiene muy poca información acerca de esta enfermedad, la mayoría de la gente se la atribuye a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.

Dallas Buyers Club


Muy poco le importan las advertencias a Woodroof, quien continúa acostándose con las chicas del pueblo e inhalando grandes cantidades de cocaína. Comienzan a manifestarse los síntomas dentro de su cuerpo, no está muerto por un milagro. Investigando acerca de su enfermedad da con el AZT, la única droga legal disponible en el país que en lugar de ayudar a los pacientes los hunde en ataques tóxicos. Aunado a todos sus padecimientos, sufre de discriminación y rechazo por sus supuestos “amigos”, quienes lo tachan de “maricón”; descubre entonces que su descontrolada forma de tener sexo todos estos años le ha cobrado una factura.

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Viaja a México, donde consigue la dirección de una clínica dirigida por un doctor refugiado en el país. Produce vitaminas y medicinas que por su carácter de “en prueba” están prohibidas en los E.U. Compra cajas suficientes al darse cuenta de que la venta de estos fármacos es un gran negocio, pasa las cajas al otro lado y es detenido por primera vez. De ahí en adelante tendría que lidiar con la FDA –una agencia encargada de investigar medicinas y alimentos-, la Dra. Eve (Jennifer Garner) y un grupo de ambiciosos médicos quienes ven con peligro la venta de estos fármacos.

 Junto a Rayon (Jared Leto) – un travesti que sufre de la misma enfermedad y que paga mucho dinero por dosis de AZT- crea el Dallas Buyers Club, un club que ofrece membresías a cambio de medicamentos para un mes. La Dra. Eve, quien trató a los dos líderes del Club, ayuda y se relaciona con ellos de manera cautelosa; se encuentra ante una disyuntiva: el AZT causa problemas secundarios severos, pero los clubes no dejan de ser ilegales. 

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El hospital se vacía poco a poco porque los pacientes encuentran en este tipo de clubes una esperanza. Woodroof menciona: “sólo hay una vida, hay que vivirla, aunque me gustaría tener la vida de otro”. Y así, con la desesperación, el grupo de desahuciados encuentra un héroe al estilo estadounidense: individualista, ingenioso y autosuficiente. Woodroof muestra cómo el rechazo de las instancias gubernamentales sólo pone atención en los intereses privados, dejando fuera a cientos de enfermos quienes viven sabiendo que mañana o pasado no existirán.

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 Matthew McCounaghey demuestra de nuevo que es más que una cara bonita en el mundo de Hollywood. Su actuación de hombre rudo contrasta con la certeza de que morirá, pero a ésta le inyecta las ganas de vivir, de regresar a su vida “normal” y volver a empezar. De igual forma, su profesionalismo lo respalda: el hecho de bajar casi 25 kilos para el papel es algo de lo que aún no se puede recuperar. Por su parte, Jared Leto sube un peldaño más en su creciente carrera.

El director Jean-Marc Vallèe ocupa una historia verídica para adentrar al espectador en una realidad de finales del siglo XX, en la que la ignorancia y la incertidumbre marcaron a los cientos de personas que padecieron y padecen esta enfermedad. Es de igual forma una muestra de las ganas de ser, de seguir enfrentando un problema que se empeña en mostrar la propia fragilidad.

¿Qué no haríamos por seguir vivos?, la respuesta está en Dallas Buyers Club.  

 

Referencias: