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Diagnóstico inminente: corazón roto

Letras Diagnóstico inminente: corazón roto


corazón roto

La alarma sonó. The Summer: Presto de Vivaldi. Martina abrió los ojos lentamente. Aún estaban hinchados de haber pasado casi toda la noche llorando. Apagó la alarma y trató de incorporarse rápidamente pero de repente sintió un fuerte dolor en el pecho. Se quedó sentada, pensando. Según ella, su familia nunca había sufrido de enfermedades cardíacas, por lo que decidió no darle importancia. “Sera que no dormí bien, sólo eso”, pensó, y se levantó de la cama con dificultad por el dolor y por el cansancio. Se metió a bañar a oscuras, como le gustaba hacer cuando se sentía débil. Dejó que el chorro de agua casi hirviendo se llevara también sus pensamientos. Salió de la regadera, se cambió y se arregló para ir a trabajar. Al salir de casa, el día parecía más nublado y frío de lo que la app del clima que había descargado en su teléfono pronosticaba. “Siempre se equivocan, los odio”, pensó, y se regresó por una bufanda y sus guantes favoritos. Al volver a la calle, tomó el autobús. Pagó, se sentó, se puso los audífonos y se quedó dormida con la cabeza recargada en la ventana. Martina soñó con caballos y olas de mar, aunque cuando despertó, justo antes de llegar a su parada, su mente decidió no recordarlo. Se bajó del autobús y caminó lentamente al edificio de la empresa, con los tacones resonando sobre el pavimiento. Por cada paso que daba, a lo lejos escuchaba que cristales se rompían. “Será otra construcción en esta ciudad en la que ya no cabe nada”, pensó. La primera persona con la que se encontró al llegar a la oficina fue su jefa, quien incluso antes de darle los buenos días, le preguntó que si se encontraba bien. “A ti qué te importa, vieja metiche”, pensó Martina, pero sólo asintió y se fue a su cubículo. Se acomodó en su silla, frente al escritorio cubierto de las facturas que debía procesar y comenzó a trabajar, tratando de no poner atención al sonido de cristales rompiéndose que continuaba anidando sus oídos. De repente soltó un aullido de dolor. Cuando su jefa llegó corriendo al cubículo, la encontró en el suelo, retorciéndose. Rápido llamaron a una ambulancia. Martina cayó inconsciente y comenzó a soñar con caballos convertidos en olas de mar. Cuando despertó, la deslumbró la blancura del cuarto de hospital donde estaba, Se sentía perdida, desubicada. Se quiso incorporar pero el pecho aún le dolía. No sabía qué hacer y comenzó a sentirse ansiosa. “Auxilio”, pensó, y súbitamente la puerta del cuarto se abrió, como si su doctor hubiera escuchado su llamada vía satélite. ¿Qué tengo? Dígame, por favor. El médico le señaló un panel luminoso que estaba frente a la cama de Martina. En él ella logró distinguir una radiografía de su pecho y bajo la imagen, un pequeño letrero que rezaba, DIAGNÓSTICO INMINENTE: Corazón roto.


Referencias: