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El libro que retrata la pasión y los celos en la fugaz relación de Carlos Fuentes y Jean Seberg

6 de agosto de 2018

Rodolfo Munguía

El libro "Diana o la cazadora solitaria" de Carlos Fuentes retrata la pasión, los celos y el desencanto de un amor hecho para romperse.



En 1970, Carlos Fuentes asistió a una fiesta de año nuevo en la casa de Eduardo Terrazas. Aprovechaba para celebrar la reconciliación con su entonces esposa Rita Macedo, referida en la novela como Luisa Guzmán. Ahí, Fuentes conoció a una famosa actriz estadounidense, quien ya tenía un par de éxitos en su curriculum: Jean Seberg —llamada en la novela como Diana Soren para proteger identidades—, quien durante un mes, tres semanas y cuatro días cambiaría su mundo.


Diana o la cazadora solitaria es una novela que, a manera de autobiografía, narra la efímera relación de un escritor mexicano ya consagrado, Carlos Fuentes, y una actriz estadounidense en la cima de su carrera, Jean Seberg. Se retrata una relación fugaz que quedó atrapada entre los celos, el deseo, la muerte, la pasión y el olvido.



Ilustración: Carlos Gaytan



Antes de todo, Carlos Fuentes confiesa que la relación con su entonces esposa estaba en un punto sin retorno. Las constantes infidelidades del escritor llevaron a la relación al decaimiento y el hastío. Diana Soren —como le llamaremos a Jean— llegó a la vida de Carlos en el momento perfecto. Se rodaba una película en Durango, México y la actriz habría de quedarse ahí por unos meses. El escritor —que casi estaba en los 40 de edad— le llevaba 10 años a la joven, y aún así todas las condiciones eran perfectas para que se entrelazaran. No importó que ambos estuvieran casados.





¿Era que Diana Soren no tenía nada que hacer ante la astucia de un ya experimentado Fuentes o más bien que Fuentes no tenía nada que hacer ante la juventud, belleza e inteligencia de Diana? Como sea que fuere, el flechazo ocurrió de inmediato. Carlos encontró en Diana un rejuvenecer físico y social; a través del cuerpo de su amante, buscó un lugar habitable para su alma envejecida. Además, la joven representaba mucho más que belleza física: su mente funcionaba de manera opuesta a la del escritor, pero lejos de complementarse, se excluían. La insaciable juventud de Diana era su principal atractivo y también su más grave defecto. La actriz encontró en Fuentes un amante improvisado, adecuado para la locación y para dejarse llevar. ¿Cuál amor es más egoísta?


En la novela se observa un Carlos Fuentes expectante, rendido ante los pies de la juventud; incluso se aprecia una sed de aprender de las nuevas generaciones. Desvalorizó su usanza ante la abrumante evanescencia de Diana y de los 70: una década y una mujer que no eran suyas. La transición a los 40 se observa mejor desde los 66, edad a la que escribió el libro. Se vislumbra cierta decadencia que dejan.





Por otro lado, Diana Soren reflejó una existencia tenue y gruesa a la vez. Con convicciones establecidas, pero con poco valor para efectuarlas. Llena de planes, pero agobiada por el desgane. Y un espíritu errante que no sabe lo que quiere y que cuando lo sabe prefiere ignorarlo. La mujer fatal pero necesaria del cine negro se materializa en Diana. Salta a la mente Marilyn Monroe quien, igual que Diana, tuvo dos personalidades: diva aclamada por fuera y mujer real e inestable por dentro.


El título del libro está compuesto por un símil que realiza Fuentes: compara a la actriz con el mito griego de Artemisa, virgen y cazadora encargada de proteger la naturaleza y la Luna. Se dice que cazaba sola y que esa era su principal agonía; Diana parecía estar sola aún con compañía. En opinión del autor, su alma estaría sola para siempre, porque nadie lograría jamás entenderla. Igual que la escultura que se haya en insurgentes, Diana Soren o la cazadora solitaria apuntaba con su flecha al cielo, siempre deseando más de lo que ya tenía para encontrarse a sí misma.





La historia del libro retrata todas las secuencias de una relación: el encanto, la pasión, las peleas y la decadencia. Se debe recordar que esa aventura no duró ni dos meses, lo cual debería demostrar que, aunque el amor no tiene fórmulas, hay una que se repite constantemente. No es un secreto para nadie que Diana Soren no siguió su relación con Carlos Fuentes, ni en la novela ni en la vida real. Jean Seberg murió a los 40 —muy cerca de la edad que Carlos tenía cuando la conoció— en París, cometió suicidio. No hay mejor final para el que se siente incómodo con la humanidad.


A continuación, tres frases que capturan la esencia del libro:

1. "Estás dejando de ser persona. Mientras lo fuiste respeté tus amoríos. He acabado por entender que no te respetas a ti mismo" (Fuentes, 2012, p. 150).

2. "Para los dos, el amor era siempre la oportunidad de empezar de nuevo, aunque para ella vivir era vivir lo que aún no se vive, mientras que para mí, era saber vivir otra vez lo que ya se vivió" (Fuentes, 2012, p. 59).

3. "Entonces, al morir, nos damos cuenta que siempre estuvimos muertos"(Fuentes, 2016, p. 37).





Diana o la cazadora solitaria no sólo es un vaivén de emociones, ansiedades e incomodidades, también representa entre sus páginas la voz interior de un clásico de la literatura latinoamericana. Presenta severas críticas a conflictos raciales y nacionales, al sufrimiento, el materialismo y el amor. También se entrevé la experiencia adquirida; Fuentes narra con pasión las personalidades de Diana, no la juzga y confiesa que en sus inseguridades se encuentra la raíz de su atractivo. Diana y Carlos empiezan un amor que sabían que habría de terminar, y no por las circunstancias, más bien porque ambos estaban conscientes de la frivolidad de sus almas.



Referencias:

Fuentes, C. (2012). Diana o la cazadora solitaria. México: Penguin Random House.


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TAGS: Recomendaciones de libros Literatura mexicana crowdsourcing
REFERENCIAS:

Rodolfo Munguía


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