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Reflexiones sobre el día en el que mi México se partió en dos

Letras Reflexiones sobre el día en el que mi México se partió en dos

¿Será que el último proceso electoral nos ha dejado más divididos que nunca?



¿Qué nos dejó el último proceso electoral? A continuación, te compartimos "Dos Méxicos", reflexión sobre las elecciones en México y qué es lo que se adivina en el futuro de la nación.





DOS MÉXICOS


Todo sucedió el 1 de julio. Un día glorioso y a pedir de boca para algunos, pero también —dicho sea de paso— fatídico y espantoso para otros. Aún ahora que ya ha pasado un breve tiempo, recuerdo con toda lucidez lo que significó aquel día para la vida pública de México. Un país que de tan enorme que es, apenas se conoce a la perfección; o más bien, digamos que en esencia no se conoce, sino que se desconoce. Y cada vez que uno de nuestra estirpe anda merodeando por allí entre los jacales y las begonias termina sorprendido por tales cosas que va descubriendo. Por ello considero que así es como vivimos, desconociendo a todas luces lo que nos rodea, pensando en un futuro que apenas nos parece irreal lo mandamos al carajo y nos burlamos de él, sin chistar ni prestar atención. Seres que desconocen, que se sorprenden y añoran: mexicanos.

  

Pero partiendo del principio, aquel día eclipsado para sí mismo en una paradoja, habríamos de entender que se daba por terminada, y de una buena vez por todas, la tan horrible polarización que se venía dando desde meses anteriores, desde años y hasta décadas si así uno lo quiere ver. Una cosa pomposa. Si rememoro un poco, el mundo parte desde la teoría de la dualidad, misma que conocí leyendo a Parménides, y por tanto entendí que para que exista un negro debe haber un blanco. Dicho de otro modo: para que exista aquello que llamamos luz, debe coexistir también la oscuridad. Y como es natural, poco a poco la sociedad mexicana se ha ido engullendo en un lodazal donde bien puedes ser chairo, pero también puedes ser fifíTérminos que aún ahora no entiendo de dónde demonios salieron, pero que a fin de cuentas ahí están, agazapados, esperando cogernos fuertemente del brazo de nuestra ideología.

  

Ya no hablemos si uno es de izquierda o derecha, AMLO o anti-AMLO; más bien creo fielmente que el chairo y el fifí atraviesan aquellas paredes y se sitúan dentro del tiempo. Encajan a la perfección con aquello que llamamos nuevo o viejo. Pero la interrogante que me atañe es: ¿en qué lado recae lo viejo, y en qué lado lo nuevo? Difícil determinarlo.  Si lo nuevo es aquello que llega a nuestro presente y futuro inmediato, y lo viejo es aquello que se deja, diríamos que lo nuevo es pertenecer del lado chairo, pero entiendo que tan pronto afirme esto no podría sacarme de encima al otro grupo, y viceversa si uno afirma lo contrario. 


No logro siquiera vislumbrar cuándo dejarán de haber dos Méxicos, así como tampoco comprendo cómo es que un buen día se acabará la corrupción. No logró nada partiendo desde atrás, sino tirando de los hilos del pasado cuando ya hayamos avanzado a un futuro inmediato. Aunque hay que aclarar que el hecho de que eso suceda aún no nos parece del todo palpable. Andamos a tientas esperando algo mejor, tan pronto lo sentimos se nos esfuma de las manos y volvemos a añorar.  


Hay tanta resaca —terrible, por cierto— que aún nos duele la cabeza, como si nos hubiésemos bebido una botella de mezcal y luego tragado un botón de peyote. Una resaca política que anuncia a todas luces lo que se vivió, pues no ha habido ningún desgraciado que se haya dado a la tarea de ocultar las huellas del crimen: carteles publicitarios, propaganda en los autobuses, folletos arrebujados en las esquinas, y por si fuera poco, transmisiones de varios sitios en internet y televisión.

  

Primero de Julio, día que no olvidaré, al menos de aquí a seis años, pues entonces habrá algo nuevo y quizá los términos antes dichos se esfumen y se pierdan para siempre; y con ellos renazcan nuevos convirtiéndonos en otra cosa. Hay que esperar a ver qué nos traes, México. Por lo mientras sigue cobijándonos entre tus garras, pues nuestra piel de serpiente apenas muda. 



Reflexiones sobre el día en el que mi México se partió en dos 1



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