Nuestros cuerpos chocaron como una colisión inevitable

Miércoles, 11 de abril de 2018 12:50

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Dícese de dos almas que tras la colisión de dos enormes tormentas se encontraron al final del pueblo más destruido de la región…



***


Fuertes vientos, provenientes del Oeste, amenazaban con destruirlo todo a su paso por un pequeño pueblo que yacía en la mitad de una olvidada región. Este pueblo estaba habitado por dos personas que no se conocían y que jamás se habían visto en sus vidas.


Aquella tarde el sol no dio a notar su presencia siquiera, una enorme cortina de nubes grises llenó todo el cielo de oscuridad. El ambiente estaba un poco tenso y tan pronto los vientos volvieron a soplar, la lluvia empezó a caer torrencialmente. Parecía que el único refugio seguro era estar dentro de casa, al parecer no era la primera tormenta que acechaba con destruirlo todo en ese pueblo. Y así fue…


A la mañana siguiente todo estaba cubiertos por hojas y ramas de los árboles que habían sido destruidos y derrumbados por la fuerza del viento, las casas estaban intactas, pues habían sido construidas con el fin de que resistieran todo tipo de desastres naturales. No había nada que lamentar salvo una docena de árboles que pronto serían restituidos por pequeñas plantaciones. Los años así pasaron sin que uno notara la existencia del otro.


 Pero mientras el tiempo seguía su rumbo, el universo entero conspiró para que llegara ese día…


textos de amor 1


Parecía un día cualquiera en la vida de aquellas dos personas, nada fuera de lo común, al parecer. El sol naciente del Oeste empezaba a iluminarlo todo, a medida que lo hacía, las aves se acomodaban en las mejores ramas de los cipreses que adornaban el único sendero que atravesaba al pueblo, cantaban y revoloteantes en el cielo surcaban de árbol en árbol como si acompañaran la misteriosa melodía de una danza, mientras ella asomaba su tierno y delicado rostro para respirar el aire puro del día. Tenía un hermoso campo lleno de girasoles que aún estaban por retoñar, pero parecía que el siguiente invierno estaba próximo a venir así que sus girasoles debían apurarse un poco para nacer o el frío invierno se encargaría de arruinarlo todo otra vez.


Por otro lado, a no muchos kilómetros de distancia se encontraba un joven muchacho que disfrutaba ver el amanecer, el de hoy había sido impresionante, pues el sol había nacido con un aura especial según él. Y parecía que sí, puesto que la luz que entraba por las aberturas de su pequeña cabaña llenaba de luz hasta el más oscuro rincón. Sobre un pequeño escritorio cerca de la ventana de su habitación yacían muchas hojas las cuales componían los versos que cada día escribía. Se acercó y tomó una de las hojas, levantó la mirada y al mirar tras la ventana vio aquel hermoso sendero de cipreses. Sonrió un poco como si imaginara que alguien viniera hacia él.


Entonces recitó:


En algún lugar

de este inmenso desdén

Está ella.

En un lugar secreto

donde mis versos migran

sin que yo lo sepa.  


textos de amor 2


Sus sueños le habían mostrado que en algún lugar estaba ella, el origen de sus versos y la razón por la cual sus palabras como palomas mensajeras iban en busca de su paradero. Hasta entonces no había tenido respuesta, pero parecía no importarle puesto que cada mañana al despertar un nuevo verso nacía con la incansable misión de llegar a ella. 


Y el día parecía llegar a su fin, aparentemente un día normal…


El cielo se tornó de un fuerte tono rojizo, parecía que estaba lleno de fuego, las nubes reflectaban la agonizante luz del día que empezaban a caer, y el sol sin decir más se ocultó. Al instante una fuerte ventisca abrazó todo el valle y los árboles parecían doblegarse ante la inminente presencia de una inesperada tormenta. Todos corrieron a buscar refugio en sus casas, a pesar de que la tormenta los había sorprendido ellos estaban preparados para soportar una tormenta más en sus vidas.


Al menos era lo que ellos pensaban puesto que el universo había conspirado para que sea todo lo contrario…


Una espesa neblina lo cubrió todo a su paso, era muy difícil poder ver algo a no tantos metros de distancia. Y con ello, el frío que empezó a hacerse sentir. El viento empezaba a soplar con mucha más fuerza que al inicio, esta vez los árboles se movían como enormes mecedoras arrastradas por una aparente tormenta, el silbido del viento se colaba por entre las aberturas de la casa del muchacho que ya empezaba a temer un poco por la atrocidad con la que el viento golpeaba en su casa.


El campo de los girasoles estaba indefenso, y la lluvia empezó a caer torrencialmente como si el cielo se estuviera desmoronando. Las gotas parecían romperse como diminutos diamantes de hielo sobre el suelo y el tejado de la casa. Ella sintió dolor por sus pequeños girasoles y en un acto de coraje saltó por la ventana en busca de los girasoles que ya estaban por nacer, y los cortó de manera apresurada para llevarlos al interior de su casa.


La tormenta cada vez se hacía más fuerte, ya se habían derrumbado algunos árboles pertenecientes al cercano bosque del lugar. Y al mismo instante en que ella divisaba a lo lejos la presencia de una espesa neblina que venía en dirección a su casa un estruendoso relámpago destelló todo en el cielo y luego se precipitó contra un enorme árbol cerca de su casa el cual cayó desmedidamente sobre ella. Destruyó toda la parte trasera de la casa y mientras todo se derrumbaba a su paso, el fuego empezó a consumir lo que primero encontraba a su paso. Sin pensarlo siquiera tomó las llaves de su auto, llevó consigo a los girasoles y emprendió marcha por el sendero de los cipreses, el único camino de salida del pueblo. La niebla lo había cubierto todo a su paso y era muy difícil esquivar las enormes grietas que se habían formado a causa de la fuerte tormenta.


textos de amor 3


Por su lado, el muchacho había hecho lo mismo puesto que su cabaña había empezado a inundarse a causa del pequeño riachuelo que había crecido hasta desbordarse inconteniblemente. Él sólo llevó consigo su libreta de versos, no tuvo tiempo a tomar nada más. La niebla también le dificultaba la visión para ver. Empezaron a triplicarse los rayos que caían del cielo, uno había caído muy cerca de uno de sus neumáticos, casi ocasionaba que perdiera el control del auto. Empezó a acelerar con mucha fuerza, la tormenta se acercaba cada vez más a él y aún sin poder ver bien el sendero de los cipreses pisó a fondo su acelerador.


Ella estaba muy asustada, aún lograba ver por el retrovisor de su auto cómo las llamas quemaban todo lo que había sido su hogar durante años, las lágrimas empezaron a caer de su rostro y el único consuelo que encontraba eran los girasoles que llevaba consigo. Estaba próxima a llegar al final del sendero, parecía que todo iba a calmarse, ya que la lluvia empezaba a cesar un poco, aunque la niebla se hacía mucho más espesa. A lo lejos vio un par de luces que se acercaban a ella con mucha velocidad, y sin alcanzar a verlas bien intentó apartarse a un lado del camino, sin notar que aquel auto que venía en sentido contrario no alcanzaba a frenar lo suficiente para detenerse. En cuestión de segundos, perdió el control del auto y lo estrelló irremediablemente con el que venía en frente.


No fue un choque fuerte, por fortuna, pero sí lo suficiente para dejar ambos autos atrapados en la espesura del barro que se había formado en el sendero. Ambos salieron, asustados, desconcertados por lo que había sucedido no tuvieron tiempo para verse porque otro rayo cayó muy cerca de ellos, tomaron sus cosas y empezaron a correr. Faltaba poco para salir del pueblo, pero sin darse cuenta ella tropezó con una de las grietas del sendero quedando algo herida. Él se detuvo, la tomó en sus brazos y siguieron juntos hasta el final del camino.


La tormenta no cesó, aunque la lluvia se había calmado un poco, la neblina no parecía disiparse en lo absoluto, el río estaba desmedido y furioso, no había un lugar seguro con tantos rayos cayendo por doquier. Encontraron un pequeño refugio, era como una especie de cueva. Estaba vacía y era segura. Entraron, ambos estaban mojados y temblaban del frío. Juntos improvisaron un pequeño descanso, secaron un poco su ropa, lograron encender una pequeña fogata y alrededor de ella se sentaron aún temblando por el frío y el miedo de todo lo que había sucedido.


Era la primera vez que ambos se miraban a los ojos y veían sus rostros. Sucios, mojados, asustados, pero eran sus rostros. Sus ojos cansados encontraron paz al verse, sus manos dejaron de temblar y su corazón empezó a sentir calor de nuevo. Una tierna sonrisa se descubrió en sus rostros mientras miraban lo que cada uno llevaba consigo…


—Qué bonitos girasoles traes allí —dijo él.

—Eran de mi jardín. Fueron los únicos que logré rescatar —respondió ella.

—Está bien. Al menos están a salvo contigo.


Al escuchar eso sonrió un poco…


—Veo que tú también traes algo contigo.

—Sí, es mi libreta. La tengo desde hace mucho. Todas las mañanas suelo escribir versos, pero misteriosamente a la mañana siguiente ya no están, es como si, de pronto, hubieran desaparecido.

—¡Espera!


Sacó algo de su mochila… eran hojas, las cuales estaban cuidadosamente dobladas. Las acercó al fuego para secarlas un poco y luego se las mostró…


Sus ojos,

como gotas del sol ante la lluvia.

Me desvelan por las noches

mientras yo incesante

los busco.

 

—Esto lo escribí hace mucho —dijo él un tanto sorprendido.

—Llegan a mi ventana por las mañanas. Lo noto cada vez que las aves empiezan a volar por los árboles como si estuvieran danzando a algo así.

—Son mis versos —lo dijo con un aire de alegría.


Ella lo miró y correspondió a su mirada…


Si en la noche

encontrara un lugar

tan sólo para dos,

diría que mil versos te doy

a cambio de tu corazón.


—Es muy profundo todo esto que escribes —dijo ella.

—Quizá no sólo lo que escribo. Mi corazón… mi pobre corazón siempre tiene las palabras correctas. Lo que busca decir mi alma cada vez que amanece.

—Mi pobre corazón de chocolate —ella sonrió mientras lo dijo.

—Mi girasol de cinco estaciones —dijo él sonriendo tímidamente.

—¿Cinco estaciones?

—Hemos encontrado una quinta estación y el universo ha conspirado para ello —respondió él.

—También lo siento…


Un girasol de cinco estaciones

nacerá en el cálido fuego

de nuestros sentimientos.

¡Adelante!

que llevo inviernos esperándote.


—Y yo primaveras…

—Cansado de solitarios veranos…

—Y de fríos otoños…

—Y ahora estamos aquí…

—Mirando nuestras almas…

—Que el fuego alumbra…

—Que una tormenta unió…

—Con razón de que seamos uno…

—Y ya no dos…

—Almas perdidas en un mismo lugar…

—Buscándose sin parar…

—¿Qué esperamos entonces?

—¿Qué otra señal necesitamos?


textos de amor 4


El fuego de la fogata fue consumido por los versos que juntos empezaron a componer…


Millones de estrellas

brillan en el oscuro cielo,

como si cantaran que en mis versos

tu nombre es la armonía

de toda mi vida.


El universo había conspirado. La tormenta cesó mientras ellos componían su arte. La luna despertó poniendo silencio a todo el caos que había sido necesario para que ellos se encontraran. Las estrellas brillaron mucho más esta vez, las nubes se dispersaron al igual que la neblina. El río calmó sus aguas y los árboles regresaron a su lugar.


Sí, el universo había conspirado…


Las estaciones volvieron a repetirse una y otra vez, y al inicio del otoño aquellas dos almas volvieron a caminar por el sendero de los cipreses que cada vez se hacían más viejos. Todo era distinto, el campo de los girasoles se había expandido cada vez más y ya surcaba por casi toda la colina. Los versos jamás volvieron a huir de su libreta porque ya habían logrado su objetivo. Habían encontrado su único destino. 


—¡Aure! Ten cuidado de no ir tan lejos sola.


Y mientras corría levantaba sus pequeños ojos al cielo mirando cómo las ramas de los árboles dibujaban un hermoso sendero de hojas en el cielo.


—¡Aure! ¡Aure! ¡Aure! —gritó él.

—Nuestra pequeña… nuestra hermosa pequeña que tanto ama los caminos que nosotros recorrimos una vez —dijo ella.


Aure llegó al campo de los girasoles y allí jugó con las mariposas del valle. Todas llenas de colores, todas llenas de alegría, de paz y de arte.


Aure… Aure… Aure… suspiró el cielo que la vio nacer…


El día ha quedado sin sol

y la noche sin luna,

las estrellas todas han venido

a ver que los astros han vuelto a nacer.

¡Aure! Cantaron los colibríes al despertar,

y los búhos al anochecer,

¡Aure! Repitió el viento a los montes

y a la flor caer.

¡Aure! Es la poesía de las rimas

de la vida, y el viento y el mar. 



***


Dícese de dos almas que tras la colisión de dos enormes tormentas se encontraron al final del pueblo más destruido de la región. El agua, la niebla y el fuego despertaron los más hermosos versos que ambos guardaban para sí… Aure.



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El amor nos vuelve locos, nos llena el cuerpo de felicidad y esperanza; por eso, la poesía es otra manera de demostrar lo que sentimos: "Voy a escribir en tu espalda para dejar marca".



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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a la colección abstracta de la artista Silvia Grav. Para conocer más de su trabajo visita su página


  

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