El Amaranto, una planta que no se marchita

El Amaranto, una planta que no se marchita

Por: Maria -

El amaranto es un alimento de proporción pequeña, tan suave y nutritivo que, se cree, el consumirlo alivia las penas del corazón y el espíritu. El simple hecho de pronunciar la palabra amaranto remite al recuerdo de caminar sobre la calle y de pronto escuchar el famoso grito “Alegriiias”…

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Es curioso pensar que las alegrias puedan adquirirse de manera monetaria, aunque si realmente fuera así, la mayoría de los seres humanos las consumirían sin pretexto alguno. Lo cierto es que el amaranto es una planta que cuenta con diversas propiedades naturales y que, además, se ha convertido en un símbolo trascendental para la identificación de la cultura azteca.

amaranto


El amaranto es una planta originaria de México, fue nombrado “huauhtli” por los Aztecas y actualmente recibe el nombre de alegría.

amaranto para los dioses


En México su importancia proviene del uso alimenticio y medicinal que la cultura maya y azteca le otorgaron. En siglos pasados, el amaranto fue implementado como moneda de intercambio y con fines ceremoniales.

amaranto - cola de zorro


Desde la antigüedad el amaranto, “planta inmarcesible”, que no se marchita, es considerado la mejor representación del cuerpo de los dioses. Es tanta la importancia que tuvo el amaranto en la vida de los ancestros, que estuvo vinculado con infinidad de celebraciones y ritos religiosos. El amaranto ocupaba en los rituales el lugar más destacado, pues era considerado fuente esencial de la vida.

amaranto_a

Las mujeres preparaban una pasta de amaranto y con ella elaboraban imágenes de sus principales dioses, las cuales eran consumidas por el pueblo como culminación del ritual sagrado, en una comunión religiosa llamada “teocualo”, que significa “comer a los dioses”.

En 2012, la Secretaría de Cultura del Distrito Federal declaró al amaranto como Patrimonio Inmaterial de la ciudad. Esta iniciativa viene del pueblo de Tulyehualco, lugar que busca recuperar los testimonios orales y la memoria colectiva asociada a lo que ha representado, desde la época prehispánica hasta hoy, el papel del amaranto como una producción agrícola que guarda una interacción de cultura y expresión cargada de símbolos y ritualidad. [1]

Referencias: