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La historia de Jean Cocteau que nos muestra que estamos destinados al desamor, al odio y a la soledad

June 22, 2018

Víctor Daniel López VDL

Un profundo monólogo sobre la infidelidad, los celos y el desamor.

Fue en 1940 cuando en París se estrenó por primera vez la obra que Jean Cocteau escribió para su gran amiga y compañera Édith Piaf, en la que habría de lucir, además de su belleza, su talento al máximo: El bello indiferente. Esta pieza consiste en un monólogo de una mujer que se encuentra sola en la habitación de un hotel, consternada de nuevo por la ausencia de su esposo. Descuelga el teléfono, y en búsqueda de saber dónde se halla, pregunta a un amigo de éste. Al saber que no se encuentra con él, cuelga. Vuelve a sonar, y es la hermana de Emilio, su marido.


La mujer le dice que se encuentra en el baño y no puede atender. Vuelve a colgar, se dispone a salir, y justo entonces es que entra su esposo al cuarto. Así da comienzo el extraordinario monólogo escrito por Cocteau, en el que refleja los sentimientos que quizá toda mujer y hombre ha sentido alguna vez: los celos, la incertidumbre, un odio capaz de habitar, escondido bajo la lengua y entre los labios, en un amor obsesivo y enfermo, un amor en el que no queda nada más que sólo la costumbre o el miedo a quedarse solo. En esta pieza se desnudan las emociones del alma, los instintos primitivos del ser al descubrir que la pareja es infiel, que no sabes a dónde es que va todas las noches, ni con quién. Un monólogo sobre la infidelidad, los celos, el desamor y la soledad.



A lo largo del monólogo, la mujer le reclama todo el tiempo a su esposo, por saber que le engaña, por hacerla la mujer más desdichada del mundo, aunque contradictoriamente no puede dejarle ni apartarse. Pero él tampoco la deja a ella, puesto que siempre vuelve, siempre regresa, quizá por tener sólo algo seguro a dónde llegar. La esposa le reclama el que se haya convertido en su vida entera. Grita el odio que tanto siente, un odio que se incuba dentro de su "amor" incondicional e infinito. Se encuentra encerrada en un calabazo del que no puede salir y en el que muere a paso lento, mientras espera, sólo espera… lo único que ha sabido hacer con él a su lado.


Avanza el monólogo, mientras se da a entender que Emilio hace que lee el periódico, se hace el dormido, en apariencia hacer sus cosas, sin importarle siquiera lo más mínimo lo que su esposa le dice y discute. Emilio se encuentra sumergido en una completa indiferencia que no demuestra más que su egoísmo, cosa que hace enojar más a la interlocutora que lo maldice, lo ofende, pero que una vez vienen a ella todos sus recuerdos y miedos, se disculpa y le dice cuánto lo ama.


"Te quiero. Eso ya lo sabes. Te quiero, y ésa es tu fuerza. Pretendes hacerme creer que también me quieres. Si me quisieras, Emilio, no me harías esperar, no me atormentarías a cada instante. No te arrastrarías de bar en bar mientras sabes que te estoy esperando. ¡Me consumo! No soy más que la sombra de mí. ¡Un fantasma!... ¡Un auténtico fantasma! Un fantasma cubierto de cadenas, de todas tus cadenas. Un fantasma encerrado en un calabozo".



Este monólogo no lo escribió Cocteau sólo porque sí, ni lo interpretó Édith Piaf por que quiso. El escritor y cineasta francés lo redactó especialmente por y para ella, la cantante e ícono de belleza francés, porque en esas páginas plasmaba los verdaderos sentimientos que habitaban en ella dentro de sus relaciones amorosas. Así era como en verdad ella se sentía: vacía, a veces engañada, sola en la mayoría de sus ratos, sobre todo cuando llegaba a casa después de un concierto y saberse que no contaba con nadie realmente interesado en ella, en su vida y en su verdadera esencia.


"¿Sabes lo que es estar enfermo y tener que cantar para un público que se está divirtiendo? ¿Sabes lo que es volver rápidamente a casa…, esperando el apoyo y la compañía de la persona amada, y encontrarse la habitación vacía y tener que esperar y esperar que llegue?".


23 años después del estreno de El bello indiferente en París, el 11 de octubre de 1963, Édith Piaf murió a causa de un cáncer hepático. Al enterarse de la triste noticia, se dice que Jean Cocteau exclamó: "El barco se acaba de hundir. Este es mi último día en esta Tierra. Nunca he conocido un ser más desprendido de su alma. Ella no entregaba su alma, ella la regalaba, ella tiraba oro por las ventanas", dijo el poeta francés horas antes de morir ese mismo día a causa de un infarto.



En esta liga se puede apreciar un extracto de la obra de Édith Piaf, que quizá en Cocteau pudo haber encontrado al hombre ideal… el hombre con que siempre ella soñó:     







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La literatura de Borges es tan vasta que a veces es complicado entenderla, por eso, este diccionario es el que debes leer para comprender su obra.


TAGS: Teatro Desamor literatura
REFERENCIAS: Extracto de "El bello indiferente"

Víctor Daniel López VDL


Colaborador

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