Cuento triste para los que entienden que el cambio es dolor

Viernes, 21 de septiembre de 2018 16:59

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cuento triste



A continuación, te presentamos "El cambio es dolor", un cuento triste para los que entienden que mutar implica destruir lo que fuimos.



cuento triste 1



EL CAMBIO ES DOLOR


He cambiado muchas cosas, ahora la cama ocupa otro lugar, no tan lejos de la ventana para que la luna mute con la oscuridad; las sábanas las guardo dobladas en esquinas llenas de polillas, como el baúl donde colecciono el dolor. Los zapatos ocupan el lugar que nunca nadie ocupa, el techo. La noche intacta, petrificada de silencio se convierte en mis días de intranquilidad. Hasta el sol que interrumpe en mi habitación como rayo centelleante ha cambiado. Infinidades de nubes atraviesan las paredes de mi habitación, algunas vacías, imperantes y viscerales.


He cambiado hasta el espejo frío e inerte por donde se va la vida, me refleja diferente. Refleja en mis pupilas negras e inmortales la bestia que se esconde bajo mis costillas, el soplido de mi respiración que retumba entre mi piel bañada de galaxia. Debajo de mis pupilas se escurre el día, y entre mis labios se desploman como hiel los sueños que me atormentan, no sé cuántas veces he cambiado la ventana donde entra el sonido de las gaviotas, el canto de las ballenas y el ulular de los búhos ancestrales.


He cambiado hasta el retrato intacto que reposa en las páginas del álbum donde se alberga mi infancia. Ni en las pupilas de mi familia me encuentro, no me reconozco entre ellos, no pertenezco a su mundo, no sé a dónde me llevan las alas, sólo me dejo llevar por el viento, como un velero en las aguas temibles, buscando un mundo al que pertenezca.


No sé cuántas veces he permitido que el sol se desplome en la sala, he dejado tantas veces que el césped se adueñe del jardín, las flores en invierno están tan frías y muertas que parecen de plástico, recuerdo aquellas de papel que lucen llenas de polvo en el living donde el televisor atormenta al silencio. El papel tapiz que alguna vez fue brillante y nuevo, y que ahora está tan insípido e infeliz. El polvo que brilla con el sol parece magia, no sé qué de mágico tiene un montón de residuos que no brillan cuando el sol no les llega.


No sé cuántas veces permito que el sol me queme los recuerdos y decolore mi papel tapiz púrpura con rombos amarillos que ahora parecen manchas de café sobre el delantal, aquel que se ajustaba mi madre cuando iba a la cocina. no sé si es el invierno lo que me ha hecho de plástico o son los parches que tengo en aquel abrigo que uso como mi segunda piel, que me recuerdan lo enmendado que estoy. He llegado a pensar mientras lavo los platos que soy como aquella esponja, no sé cuánto más jabón y agua resista, no sé por qué las emociones me hacen añicos. Estoy en el borde, gritando al vacío, rasgado en las esquinas donde el cepillo impacta para sacar la mugre, petrificado e inmóvil como aquel perro que no reconoce que siempre habrá una ventana que lo hará estar afuera.


¿En qué momento me convertí en el adulto que siempre odié de niño? Medias blancas, zapatos que controlan mis días, maletín desbordado de papeles, tintas y letras que se apodaran de una vida, de mis sueños de artista. Doblo y desdoblo, volteo y giro. Pliego una vez más, dos veces, tres y cuatro veces, aquí, de nuevo en mi mundo frágil de papel. ¿En qué momento dejé que la vida me aplastara como se presiona mi cuerpo inerte sobre la cama, como presiona la suela, la nada. ¿Dónde vendo mis sueños como se venden los algodones de azúcar?


Parece que el día se me volvió noche y parece que la noche se me volvió nada. Parece que fue ayer que estuve aquí, o siempre he estado aquí. Qué fácil es tener un déjà vu cuando se vive en el mismo lugar. ¿En qué momento los sueños se me convirtieron en pesadillas, en qué momento las estrellas me parecen ojos de bestias hambrientas, gargantas sedientas de galaxias?


El cuerpo se me derrumba, las ramas las mutilan hombres sedientos de concreto, una catástrofe, un maremoto, un declive de emociones que me destrozan la vida. ¿En qué momento comenzó a fugarse el arte sigiloso, como el gas que se fuga de la estufa donde cocinaba mi madre? Penetrante, violento, volátil.


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El texto anterior fue escrito por Senior Fernández.


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La soledad es el momento en el que descubrimos que no estamos realmente solos. El ruido y vertiginoso ritmo en el que vivimos a veces nos ahoga tanto que olvidamos vivir el presente, por esa razón te compartimos las 6 lecciones espirituales que aprenderás del aquí y el ahora.



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