PUBLICIDAD

LETRAS

El día que vi a mi ex casarse y descubrí que lo seguía queriendo

¿Les ha pasado que tienen un amor tan grande que no saben cómo despedirse? En ocasiones pasa, los caminos se separan y al día siguiente de la ruptura te despiertas y sientes que te falta algo, la mejor forma que yo he encontrado de describirlo es que “se siente como si te faltara un brazo”, claro sin mencionar el hueco enorme en el pecho que causa vértigo, es como un ancla cayendo sin encontrar fondo y cuando lo hace duele y pesa, casi haciendo que te arrastres para poder terminar el día, reduciéndote a un ente autómata que no encuentra rumbo, hasta que la vida pasa, el ancla se eleva y te das cuenta de que ese brazo que perdiste no era más que un extra, pero hay otras ocasiones en las que no, solo te acostumbras al peso, lo peor... Ni siquiera te das cuenta.

Yo tuve un gran amor, de esos que te hacen sentir que durarán toda la vida, que ambos tienen la fuerza necesaria para sobrevivirlo todo, con una felicidad que rebasaba los límites de lo normal, pero nunca me di cuenta del gran error en el que había caído, en el que ambos habíamos caído.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

El amor dejó de ser suficiente y los dos cambiamos, pero “nosotros” no lo hicimos en conjunto, por eso mi gran amor se iba, como agua que se te escapa de las manos y no puedes contener. Claro, pasé mi duelo, días llorando y esperando que el dolor pasara. Dicen que el paracetamol ayuda, que literalmente el “que te rompan el corazón” ocasiona un dolor inexplicable, pero no había pastilla ni consuelo que me confortara, solo eramos yo y mis lágrimas, yo y las noches de desvelo en las que me preguntaba qué habíamos hecho mal y sobre todo porqué dejé de ser suficiente.

Después, llegó la calma. La vida se comenzó a volver un poco más llevadera y me acostumbré a ser sola de nuevo, a sonreír y entender poco a poco que no había hecho nada mal, que quizá él tampoco, que solo habíamos crecido en direcciones contrarias y nuestro amor se había quedado en aquellos niños de 18 años que querían comerse al mundo juntos, que veían una boda con girasoles y unos niños pequeños corriendo en el jardín de la casa que compraríamos, en un punto hasta me dio ternura y risa nuestra ingeniudad, claro que había sueños, pero se quedaron estancados, como nosotros.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Incluso después de unos años volvimos a hablar, él me contaba de sus conquistas y yo de las mías, siempre fue coqueto, no me extrañaba y yo seguía viendo el mundo con una capa de rosa, solo que él ya no la teñía, nos tratábamos como amigos y es que después de cuatro años, no solo estaba nuestro amor, sino también nuestra amistad y ese cariño tan grande que crece cuando conoces tanto a alguien, yo pensaba que todo estaba bien, que no había nada entre nosotros y nuestra amistad era genuina, hasta que llegó ese día.

-Me voy a casar- me dijo y yo sentí como si me clavaran algo en el pecho, lo único que atiné a decir fue -Pero sí apenas la conoces- y de ahí prosiguió a darme la explicación que no era cuestión de tiempo, que era la mujer de su vida y que sólo lo sabía, no había algo lógico, era así, y al parecer para ella también. Lo felicité y le dije que estaba muy feliz por él, y sí, me alegraba, pero también me había dejado una sensación agridulce que evité por días.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

En el fondo ya sabía que era, sólo que no quería decirlo y por eso mejor lo deje en un rincón de mi cabeza, tenía que ser una buena amiga, después de todo, eso eramos, solamente amigos.

Los meses pasaron e intentaba actuar lo más normal posible, pero sentía que el reloj corría como si tuviera una alarma que me recordara cada semana que algo terminara pronto y sí, lo hacía.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Llegó el día en el que recibí lo que más me temía, una brillante y bien decorada invitación de boda, que como una ironía traía un boleto más, como sí me dijera “ya supéralo, conoce a alguien”, por supuesto que con ella también hubo la llamada pidiéndome que fuera, que para él era importante y sobre todo algo que aún duele: “eres mi amiga más querida”. Y claro, dije que sí porque estaba comprometida a ser su amiga, nada más, ni nada menos, pero también así aprendí que mi amor seguía fresco como las vacaciones que tuvimos frente al mar, soplándome con la brisa que parecía escupirme en la cara que no lo había podido superar.

Los días corrían y la fecha se acercaba, mientras tanto yo sentía que el corazón se me apretaba cada vez más y me hice consciente de que el ancla no se había ido, permanecía ahí en lo profundo de mi ser, como si hubiera cobrado vida, esperando a encontrarme vulnerable para encontrar otro vacío y seguir cayendo.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Ahí fue cuando entendí que la amistad que teníamos, por el momento para mi no era viable y que mi amor, aquel que había ocultado y presionado dentro de una caja, aún no se transformaba en una amistad despreocupada llena de cariño, era algo mucho más doloroso que se mantenía a través de la esperanza y la cercanía, las cuales terminarían en el momento en el que él viviera el día más feliz de su vida.

Tampoco les voy a mentir, por supuesto que llegaron las preguntas y la sensación de “robo”, ¿porqué no fui suficiente? ¿porqué no era yo la que se merecía ir caminando a su lado con un vestido blanco y las ilusiones esperando a la vuelta de la esquina? ¿acaso estaba destinada a quedarme sola?, ya sé que son preguntas que no tienen sentido y que venían desde mi lugar personal de dolor, pero no podía evitar hacérmelas.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Cuando por fin llegó el día, estaba muy decidida a ir y dar la cara, era como mi cierre de ciclo, me arreglé, maquillé y me puse un vestido, pero mi decisión no bastó para hacerme salir de la casa. A punto de irme y como era de esperarse, me derrumbé. Me llegó una tonelada de realidad que me decía que aunque para mi el momento del fin había llegado, éste había pasado hace mucho, justo ese día que me había quedado en la puerta de mi casa llorando, esperando a que se girara y me dijera que se había equivocado, cuando aún no eramos adultos del todo, realmente esta era una agonía innecesaria que yo sola había decidido alargar.

Me quité los zapatos y me disculpé por mensaje, había ocurrido algo inesperado, sí algo tan inesperado como mi corazón que había hecho uso de esa “amistad” para enamorarse de nuevo, que decisión tan tonta ¿no?

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Está de más decir que no fui a la boda, ni siquiera quise ver las fotos en redes, claro que el intuyó qué me pasaba y decidió darme mi espacio, esperando que un día regrese y me pueda contar sobre su nueva vida, pero ¿realmente la amistad puede sobrevivir a mis sentimientos? Por ahora, no lo sé, pero cada día duele menos, cada día hay menos preguntas y cada día la despedida es menos agonizante.


Podría interesarte
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD