El único terror que existe es no saber domar al corazón
Letras

El único terror que existe es no saber domar al corazón

Avatar of Chizo

Por: Chizo

3 de julio, 2017

Letras El único terror que existe es no saber domar al corazón
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Por: Chizo

3 de julio, 2017



El miedo es de todos los humanos, la conquista de éste es sólo de los valientes. Y esa valentía puede venir de muchos lados: del conocimiento, de la experiencia, de la gente que nos rodea. En el siguiente cuento de Chizo, el protagonista aprenderá que quienes más te aman son quienes te ayudan a enfrentar tus más grandes temores.


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EL DOMADOR DEL CORAZÓN

No podía dormir solo, y si dormía solo no podía dormir con la luz apagada. Benito Cruz presumía sus ojeras a plena luz del día, producto de pasar las horas en vela desde el día en que sus padres decidieron que tenía la edad suficiente para dormir en un cuarto aparte. Como fue a una edad muy temprana, a Benito se le sobresaltaba el corazón de tan sólo escuchar un ruido extraño. Benito no dormía, era un hecho. Se acurrucaba entre sus cobijas y el sueño no llegaba hasta pasadas las cinco de la mañana, en cuanto al amanecer le daba la gana empezar a ponerse. Aquello se había vuelto un problema familiar. El niño no dormía, su miedo a la oscuridad era enfermizo, le asaltaba los nervios, le comía las uñas, le erizaba la piel, le pegaba en los riñones y le hacía exprimir la vejiga con gran frecuencia. Una noche, su padre reacio, preocupado por la situación de su hijo, se sentó al pie de su cama y le dijo: “hoy tampoco vamos a dormir contigo, ni yo, ni tu mamá, tienes que aprender a hacerlo solo, es por tu bien, no pasa nada”. El niño comenzó a llorar, aquello se le había hecho ya una condena insufrible. No comprendía cómo era que la insensibilidad de sus padres llegara a tan osado punto.

Su madre intervino conmovida, le limpió las lágrimas y le dijo suavemente: “¿a qué le tienes miedo?” El niño no supo qué responderle. Su madre prosiguió: “déjame contarte algo, cuando apagas la luz, ¿te sientes el corazón?” El niño asintió. “Bueno, pues el corazón te está hablando, sólo que no lo escuchas. Todos, absolutamente todos tenemos miedo y la mayoría de las veces el miedo proviene del desconocimiento, de la incertidumbre, de la ignorancia. Sólo se le puede tener miedo a lo que no se conoce. ¿Por qué le tienes miedo a la oscuridad?” El niño se enjugó las lágrimas y respondió: “¿por qué no la conozco?” La madre lo miró enternecida y le dijo con una sonrisa de condescendencia: “sí, por eso, porque no la conoces, mira, te voy a explicar qué te pasa: tú no le tienes miedo a algo, te tienes miedo a ti, a lo que piensas, a lo que puedes llegar a hacerte sentir, el corazón es así, es traicionero, dómalo, cuando cierras los ojos es como si apagaras la luz y apagar la luz y estar en silencio te confronta contigo mismo, te despierta los pensamientos más torcidos, eres víctima de tu propia voz, la que no puedes callar, cuando eso pase reconcíliate con tu corazón, con el lado oscuro de tu corazón, es parte de ti, no ajeno a ti, escúchalo”. Benito miró a la madre ya sin llanto. Ella lo abrazó con una gran sonrisa. El padre, testigo de todo, también se unió al abrazo. Y Benito pasó malas noches, pero cada vez menos malas, hasta que un día —o una noche— por fin aprendió a domar su corazón.

Al año siguiente, el día de su cumpleaños, Benito recibió una bicicleta como regalo por parte de sus padres. Y su madre le puso un gran moño rojo y un pergamino escrito a mano donde le repetía a Benito esa frase que lo ayudaría por el resto de sus días:

“La oscuridad era parte de la naturaleza del ser humano, fue hasta que descubrió el fuego que empezó a temerle”.


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Referencias: