El estado etílico como incentivo literario

El estado etílico como incentivo literario

Por: Jorge Gonzalez Lopez -

Las bebidas alcohólicas han sido, desde su invención, un acicate y estimulante para desempeñar diversas actividades que en estado de lucidez mental vacilaríamos o resultarían imposibles realizar.

Pero, ¿qué es lo que impele al artista a anegarse las entrañas y caldearse la garganta en el momento de la creación? O en el caso que atañe, ¿en el momento de la creación literaria? Una miríada de conjeturas podría realizarse en torno de este respecto. Partiendo del ajenjo, o absenta con los poetas y escritores malditos, tales como Baudelaire y Rimbaud, y extendiendo el despliegue hasta el traslúcido vodka de los rusos y su sempiterno e indisociable existencialismo. 

poetas borrachos

Damé mas vino, que la vida es nada

Las ocho palabras anteriores, de Fernando Pessoa, encierran todo el pensamiento abúlico, es decir, de indolencia y dejadez, en el que algunos de los escritores del más elevado pensamiento han ahondado. En una palabra, el hastío. Algunos se encuentran en ese estado de manera casi perenne, y otros tienen esporádicas etapas de hartazgo. Pero, ¿quién no se ha encontrado en medio del barullo y el tumulto y ha sentido una profunda aversión para todo y todos a su alrededor? ¿Qué persona no se ha encontrado a sí misma dentro de un camión, con un destino patéticamente fijo, y ha querido mandar todo al mismísimo demonio? Eso, lectores, es el hastío.

Dostoievski
Al tener el escritor la virtud (o necedad, dependiendo de cómo se juzgue) de cuestionar infatigablemente su entorno circundante, llega la irrevocable inconformidad, misma que el alcohol hace evaporar como por arte de algún sortilegio. Uno se descubre a sí mismo sonriendo estúpida y felizmente, y entonces adquiere la ilusión de la plenitud. Ese estado de realización y a veces de paroxismo hace que los pensamientos fluyan y las palabras salgan bailando de los dedos sin óbice ninguno. Son las mariposas etílicas aleteando en nuestras cabezas. Habrá, claro, quien refute esta teoría, argumentando que no hay como la lucidez para plasmar los mejores pensamientos, pero hay, y hubieron, y los habrá siempre, aquellos artistas quienes difícilmente encuentran la dicha más que en el hedonismo, en el placer sensorial; el sosiego en el alcohol. Hay gente que, sencillamente, aprecia con mayor desnudez las cosas a la hora de beber, y muchos artistas vomitarán esta teoría, repudiándola y dirán: yo bebo porque me gusta beber y punto, no vengan con hipótesis.

borroughs

Entre los autores cuya influencia alcohólica ha sido imprescindible para su producción literaria se encuentran: Truman Capote, a quien se le atribuye la creación del periodismo narrativo. Capote fue arrastrado por una depresión autodestructiva que tuvo como desenlace la sobredosis. De igual manera, William Burroughs, figura emblemática de la generación Beat, dio muerte a su esposa de un involuntario balazo en plena borrachera. En el caso de Hunter S. Thompson el alcohol no sólo era aguijón para su creación, sino que se encontraba presente en sus historias. Con su Periodismo Gonzo se situaba a sí mismo como elemento base de sus crónicas, y la bebida y las drogas eran, invariablemente, fieles acompañantes. Cómo omitir a Hemingway y su prosa inmaculada, a quien era inusitado ver sin una copa al lado de su máquina de escribir.

hemingway


Bien sea porque hay cierta belleza sublime implícita en la ebriedad, porque le permite a uno sincerarse, o por la supresión del desapego después de algunos tragos, el alcohol siempre será uno de los alicientes de mayor efectividad para sobrellevar la vida, con o sin palabras.

 "Beber es algo emocional. Te sacude frente a la estandarización de la vida de todos los días, te lleva fuera de eso que es lo mismo siempre. Tira de tu cuerpo y de tu mente y los arroja contra la pared" -Charles Bukowski.

bukowski borracho suelo


Referencias: