Letras

El fetichista que observaba a los muertos y escribió las novelas más famosas

Letras El fetichista que observaba a los muertos y escribió las novelas más famosas




En la Abadía de Westminster, en ese pequeño pero imprescindible espacio que conocemos como el “Rincón de los poetas”, se encuentra sepultado uno de los más grandes literatos ingleses que el mundo pudo concebir: Charles Dickens. Siguiendo su voluntad, los restos de aquel cuerpo que sostuvieron a tal maestría estética, se encuentran lejos de la Catedral de Rochester para yacer hoy en un sitio privilegiado por la mirada curiosa de los turistas intelectuales. Quizá tan curiosa como la que el mismo escritor desarrolló durante sus mejores años ante el hecho de la muerte irremediable. ¿A qué nos referimos con esto?

Charles Dickens vitrina

Remontándonos a la mitad del siglo XIX cuando los victorianos daban muestra de su evolución civilizada, pero eso no impedía que también expresarán sus más extrañas costumbres, veamos hacia París, Londres y las morgues que en dichas ciudades funcionaban. Resulta que, como en todos estos lugares del cadáver, muchos de los cuerpos eran recogidos de las calles –en el caso particular de Francia a las orillas del Sena– y una gran parte de estos desafortunados sin reconocer debían ser tarde o temprano, justamente, identificados; para ello, el gobierno permitió al público ayudar en el proceso. Estos restos se disponían en una suerte de muestrario, de curaduría, donde el pueblo podía ingresar para averiguar la identidad de los cuerpos, motivados tanto por un sentimiento de ayuda como por uno de entretenimiento. Admirar muertos pronto se convirtió en una atracción turística popular y una actividad dominical que nada de malo tenía.

Charles Dickens revision

Las morgues de la época, como recintos de civilidad y divertimento sofisticado, eran capaces de atraer a 40 mil visitantes en un día. Se tiene registro de que entre los admiradores famosos y asiduos de tal pasatiempo se encontraban Émile Zola y Frances Trollope, figuras clave para el humanismo obsesionado con el deceso, pero Charles Dickens fue probablemente el más entusiasta. Quizás el que mayor belleza encontró en esta tradición y mejor estudioso resultó tras el hábito de sus visitas, pues cuentan, él mismo fue quien agitó la mera existencia de estos necesarios espacios. Muestra de ello es que cuando le pidieron escribir una denuncia por cómo trataban a los cadáveres en el hospital St. George, entonces a un costado del legendario Hyde Park, el autor de “Oliver Twist” no pudo más que fervientemente dar letra y sentido a algo que él consideraba despreciable: dañar a los difuntos.

Dicha denuncia, fechada el 3 de enero de 1857, da testimonio exacto del importante papel que tuvo el literato en el famoso caso de “La casa de los muertos”, un escándalo en la historia inglesa que acabó con el hospital y dio origen a la primera morgue para guardar los cadáveres adecuadamente, arreglarlos con decencia y atender a los familiares.

Charles Dickens morgue

Todo se originó con el fallecimiento de Margaret Purvis, una pobre mujer que cuando familiares acudieron a St. George para recoger su cuerpo, les fue entregado desnudo, maltratado y en pésimas condiciones. Harriet Bragg, amiga de la difunta, acudió a la mecenas Angela Burdett-Coutts que ésta intercediera ante el caso, quien a su vez, requirió la participación de Charles Dickens para escribir a las autoridades del sanatorio exigiendo un espacio adecuado para guardar a los muertos y una mejor calidad humana para hacerles presentables, darles una despedida digna.

charles dickens escaparate

Así fue como nació la primera morgue del lugar, pero también una serie de hábitos primermundistas que hoy veríamos igual de terribles. En el caso de París, donde la identificación de cadáveres era urgente como acción civil y espectáculo, los cuerpos eran desnudados, inspeccionados, congelados y montados sobre placas de mármol negro para que la sociedad pudiera verlos durante tres días; período en que la descomposición impedía su permanencia en las vitrinas. La gente se amontonaba frente a los escaparates para murmurar y asombrarse frente a los fallecidos. Dickens entre ese público embelesado, por supuesto.

Charles Dickens cuerpos

Hasta aquí todo bien. Por lo menos entendible en una era de aprendizajes. Sin embargo, de acuerdo con la opinión de Harry Stone –profesor de literatura en la California State University– Dickens ponía tal atención al tema de los muertos, pues estaba obsesionado con la idea del canibalismo y el proceso mortuorio. Ejemplo de ello es que éste retrataba a los hombres amenazadores en sus novelas como ogros a punto de masticar a los niños pequeños, hombres que simbolizan cómo el mundo adulto puede aterrorizar a un niño.

Charles Dickens morbido

También, siguiendo los análisis del investigador, Dickens bocetaba constantemente cadáveres y escenas de antropofagia voraz; sin mencionar que, de manera sistemática, en “Casa desolada” e “Historia de dos ciudades” el consumo de la carne humana se esconde detrás de situaciones legales, familiares, sociales y económicas. Según Stone, Dickens escribió varios artículos y ensayos sobre el canibalismo y sus visitas a la morgue de París, temas que nutrieron en todo momento la producción literaria del autor inglés. No está comprobado del todo que haya sido así o que la inspiración directa haya provenido de estas experiencias macabras, pero para escudriñar un poco al respecto, puedes leer ¿Cómo encontrar la perfección de la muerte en fotografías de la morgue? Y algunos Testimonios de lo que se siente estar muerto por unos minutos.







Referencias: