Letras

El Gran Cocodrilo, un poeta con muchos dientes

Letras El Gran Cocodrilo, un poeta con muchos dientes



La poesía mexicana ha contado con figuras monolíticas que han cambiado el curso del género y aportado nuevos elementos a lo que podría llamarse una tradición. Efraín Huertas, sin duda alguno, es uno de ellos.

En 1967, a propósito de sus 63 años, Elvira García publicó las confesiones de un hombre quien declaró escribir un poema durante el alto de un semáforo; ese personaje se identificó con la figura del cocodrilo simplemente por la pereza, y quizá porque se enojaba si se le hablaba mal de Sophia Loren. Presumió ser —en la zoología fantástica— el único ejemplar hijo de un saurio y de una paloma azul. También confesó que el cáncer le hizo “lo que el aire a Juárez”, pero que la poesía lo tenía agonizante porque no lo dejó un minuto en paz y que, después de todo eso, vivió y bebió como desesperado. Ese hombre fue Efraín Huerta, el poeta de la rebeldía. A cien años de su nacimiento, su obra continúa viva, festiva y contagiosamente subversiva, influyendo en diversas generaciones para inducir una idea menos solemne, más desenfadada y gozosa –aunque no menos rigurosa– de la poesía, asegura el escritor, ensayista y poeta Armando González Torres, al recordar al "Gran Cocodrilo".


Efraín Huerta


Nació en Guanajuato en 1914 y  fue, además de poeta, periodista profesional y crítico cinematográfico. Perteneció a la llamada “Generación de Taller”, agrupación marcada por la guerra española. Su poesía, algunas veces revolucionaria y otras “tierna”, está impregnada de sentimientos extremos que fluctúan entre la protesta y el amor. De sus libros publicados, entre otros, se se destacan: Fábula, Géminis, Metáfora y Pájaro cascabel.

Dentro del grupo que integró la Generación de Taller, Huerta se distinguió por su apasionado interés en la redención del hombre y el destino de las naciones que buscan en su organización nuevas normas de vida y de justicia. Sus primeros libros, Absoluto amor (1935) y Línea del alba(1936), están incluidos en Los hombres del alba (1944), su obra más reconocida, además de su trabajo publicado en revistas hasta ese año. El amor y la soledad, la vida y la muerte, la rebeldía, el desprecio a la injusticia, su lucha contra la discriminación racial, el gusto por la música afro, la política y la ciudad de México son los temas más frecuentes de su poesía.

gran cocodrilo
Agustín Lara, María Félix y el poeta


Una larga lista hemerográfica es testimonio de su carrera periodística, que inició en 1936. Su obra en este género está compuesta por artículos y crónicas esparcidas en alrededor de veinte periódicos y revistas de la Ciudad de México, con los que colaboró asiduamente. Entre estos trabajos se encuentran críticas de teatro y cine, así como reportajes de investigación. También escribió bajo distintos seudónimos, como Filmito Rueda, Fósforo, El Periquillo, El Hombre de la Esquina, Juan Ruiz, Damocles, y Juanito Pegafuerte.

Junto con Octavio Paz, Rafael Solana y Alberto Quintero Álvarez, llevó la revista Taller, la cual se difundió hasta 1944. En 1951 fue director de la revista cultural Intercambio del Instituto de Intercambio Mexica-Ruso. En 1970 fue presidente de los Periodistas del Cine Mexicano.

Efraín Huerta


En el año 73, se le diagnostica cáncer de laringe, que supera tras una intervención quirúrgica que lo dejó sin voz, pero sólo sin voz física, porque su voz de poeta continuó escuchándose. Descrito por sus amigos como hombre generoso, fue agudo, incisivo, siempre con sentido del humor, siempre al día, liberal en sus creencias políticas, idealista, defensor de la causa republicana en la Guerra Civil de España, autor de una "Cantata para el Che Guevara" y un "Testimonio de lo diamantino", también en memoria del comandante. Su compromiso social y político siempre permeó su quehacer literario.

Conocido como el poeta de la rebeldía, su obra recupera cada vez más la fuerza expresiva al paso del tiempo. Es también el poeta del amor, de la soledad, la vida y la muerte, pero no pueden pasarse por alto sus antologías y trabajo para el público infantil. Entre 1957 y 1961 editó las revistas literarias para niños Cuadernos del Cocodrilo. Posteriormente se publicaría Piel de cocodrilo (Ediciones SM, seleccionado por la Secretaría de Educación Pública para el programa Biblioteca de Aula), Poesía e infancia y Alma mía de cocodrilo. Efraín Huerta para niños.


El Gran Cocodrilo
De izq. a der. Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Rafael Solana y Efraín Huerta en 1940

El poeta y ensayista mexicano Armando González Torres dice sobre Huerta: “Fue un poeta que logró una madurez y una poesía muy temprana. Su evolución es muy peculiar porque tiene mucho que ver con su elección política. Tengo la impresión de [que] Efraín Huerta se dejó llevar por los temas más inmediatos, circunstanciales y doctrinarios de la política; sin embargo, también tuvo una gran capacidad para renovarse, para romper con los temas, los tópicos que imponía la doctrina a muchos escritores militantes, y mezcla de esa renovación son sus grandes poemas, como 'El Tajín', y este antídoto del humor que son los poemínimos, que le permiten una auténtica renovación y un encuentro con las generaciones más jóvenes y que revelan un Huerta mucho más humano, sabio y escéptico que, si bien sigue siendo progresista, ya no cree en el cambio mágico del hombre y que tiene una visión antropológica más ácida pero también más noble y marcada por el humor”.

El Gran Cocodrilo murió en la ciudad de México en 1982, y a cien años de su nacimiento, lo recordamos con un fragmento del poema "Eres, amor..."

Eres, amor, el brazo con heridas
y la pisada en falso sobre un cielo.
Eres el que se duerme, solitario,
en el pequeño bosque de mi pecho.
Eres, amor, la flor del falso nombre.

Eres el viejo llanto y la tristeza,
la soledad y el río de la virtud,
el brutal aletazo del insomnio
y el sacrificio de una noche ciega.
Eres, amor, la flor del falso nombre.

Eres un frágil nido, recinto de veneno,
despiadada piedad, ángel caído,
enlutado candor de adolescencia
que hubiese transcurrido como un sueño.
Eres, amor, la flor del falso nombre.

Eres lo que me mata, lo que ahoga
el pequeño ideal de ir viviendo.
Eres desesperanza, triste estatua
de polvo nada más, de envidia sorda.
Eres, amor, la flor del falso nombre.

***

Si quieres leer más de este ilustre poeta, he aquí la oportunidad.


Referencias: