Letras

El incidente de la familia Bernárdez

Letras El incidente de la familia Bernárdez

“Inspirado en la idea literaria del brasileño y gran escritor Rubem Fonseca” 

Diabloconcuerosycapavomitando pintura

Me llevaron a ese viejo cuarto, me golpearon en la espada y me hicieron beber alcohol a la fuerza. Los hubiera matado en ese momento de haber sabido. Yo sabía que eran mis enemigos pero ellos no lo sabían; de haberlo sabido me hubiesen golpeado más fuerte. Pero aún así me torturaron, me insultaron durante dos horas.  

En la cocina me dieron de bofetadas, me retorcieron los brazos, me arrancaron el suéter y luego, para terminar, arrojaron mis anteojos al suelo, riéndose. Todos reían. Era una risa fingida, querían humillarme para ver lo que hacía. Yo no decía nada, yo les tenía miedo. Cuando por fin me liberaron, lo primero que hice fue ir a mi casa por un arma. Un revólver. No lo dudaría dos veces, tendría que meterme allí y matarlos a todos. 

De camino deslizaba la mano en el bolsillo y tocaba el objeto, dándome una extraña seguridad, una omnipotencia misteriosa. Llegando a la casa saqué mi revólver, observé su culata marrón y su gatillo plateado para imaginar cómo caerían cuando les disparara. Apreté con todas mis fuerzas el arma en todo momento, pero más al cruzar el marco de aquella pesada puerta de madera. Abrí otra puerta, la de arriba, y los vi. Estaban aún los cuatro tomando de aquel asqueroso licor.  

Al terminar me vi obligado a beber también un poco de ese horrendo licor, me reconfortó y entendí por primera vez la función del alcohol. Mis manos temblaban y sus cuerpos, completamente sin vida, no me ayudaban a volver a mi estado normal. Nunca volvería mi estado normal. Fue cuestión de segundos para que aquellos gritos se acercaran al lugar donde estaba. También le disparé a ella. Después ya no tenía más balas, de haberlas tenido en ese momento me hubiera gustado explotar una en mis sienes, me hubiera calmado. 

 Por algunos minutos me pareció que todo no era más que una comedia; me encontraba sentado, fumando un cigarro que había sacado del bolsillo de un muerto, con un vaso del licor que solía tomar el abuelo, junto a cinco cuerpos ya muertos y todavía tibios, recordado que yo nunca había pensado en la muerte porque no se me había presentado ninguna ocasión. Sí, todo parecía una estúpida comedia.  

Pero ahora, la ocasión estaba allí y no había más remedio que pensar en ella, en la muerte sin aires de entenderla por completo, pensado que la muerte no es más que la muerte: así de simple. Así como una paloma no es más que una paloma ya sea saliendo del sombrero de una mago o volando. 

 Antes de que llegara el padre de Luis busqué algún arma. Por suerte encontré una viaja escuadra en el primer cajón del despacho. Decidí que esperaría allí el tiempo necesario. 

 Cuando llegó lo vi desde la mirilla de la puerta de entrada y pensé que era una de esos sujetos con una personalidad tan indefinida que parecía que fuera a evaporarse en cualquier memento, no me importó. Corrí a esperarlo al lugar de los homicidios mientras colocaba el gatillo lo más dentro de mi boca, asegurándome una muerte veloz cuando se detonara el arma.  

Una vez que el papá entró a su despacho jalaría del gatillo asegurándome con mis propios ojos que había matado a toda la familia Bernárdez. 

La pintura que acompaña a esta publicación fue realizada por el autor del texto y sirvió como inspiración para la realización del mismo.


Referencias: