El mercado de Sonora, lo misterioso nos seduce

El mercado de Sonora, lo misterioso nos seduce

Por: Luz Espinosa -

Hay cosas como la santísima trinidad que uno no se puede explicar, que son y seguirán siendo misterios constantes, intrincados o intrigantes. Los misterios son así: nos inquietan, nos sorprenden, nos dejan con ganas de más, nos hacen dudar y es por eso que nos atraen de esa forma… Lo misterioso nos seduce.

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México es un país mágico, lleno de cultura, sabor, color, religión, buen humor y creencias en lo esotérico y astrológico; así lo heredaron nuestras culturas prehispánicas. Un claro ejemplo es el mercado de Sonora, el lugar más grande de hierbas medicinales que se ubica en la ciudad de México. En este mercado se encuentran remedios caseros para todo, desde empachos hasta “amarres amorosos”.

Los sábados por la mañana son un día especialmente activo en el mercado de Sonora, las calles se llenan de carros, camionetas y camiones que no paran de circular por los alrededores del Sonora, el que en sus inicios fue conocido como el mercado “de los brujos y los animales”, pues desde hace años hacen limpias, amarres y venden animales que van desde pequeñas hormigas hasta pitones exóticos. Construido desde 1957, tomó su nombre del antiguo cine Sonora, que se encontraba muy cerca de él. Caminar en este gran espacio es entrar a dos mundos muy diferentes: en el primero; “mercado merced sonora 107” se encuentran artículos para fiestas, así como artesanías y disfraces muy coloridos, que van desde mariposas hasta trajes típicos de todas las regiones del país. En este mercado trabajan las hadas para las princesas que están a punto de cumplir XV años o para las que ya encontraron a su príncipe y están a punto de casarse; entrar a este mercado es un festín para la vista, es sumergirse en verdaderos merengues de tela, pues dentro de éste existe una variedad impresionante de vestidos de novia y quinceañera, así como ropa para primeras comuniones y bautizos, pero no sólo hay ropa, sino todo lo necesario para cubrir los protocolos ceremoniales: velas, recuerdos, biblias, lazos de novios y cojines, trajes de baño… y locales en los que se calma el hambre con pozole, quesadillas calientitas y refrescantes aguas de sabores con Don José. Este lugar guarda entre sus pasillos enredados la idiosincrasia de las clases populares de México. En esta primera parte del mercado también se encuentran juguetes de madera, de esos que los niños ya no quieren porque les aburren; hay trompos de brillantes colores con un mecate grueso y una punta grande, yoyos que parecen arcoiris al girar, juegos de té para las niñas coquetas y cunas para las pequeñas mamitas quienes juegan a ser grandes con sus nenucos pelones.

mercado de la lagunilla


Adentrarse a estos locales es conocer un mundo dentro del mercado, al que llega gente de todas partes, aquí no importa si sólo se viene a ver, siempre se sale con una sonrisa.

La segunda parte es el “mercado merced sonora anexo 108”, que a su vez se divide en dos y son las secciones por las cuales este lugar se ha hecho de su fama; la primera le corresponde a las hierbas medicinales, allí, entre velas y ramos de ajo, se encuentran remedios para enfermedades: desde un empacho hasta el cáncer.

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Allí, también, siempre fiel a su lugar y sentado en la puerta de su pequeño puesto, se encuentra Manuel Morales, quien siguió con la tradición después de la muerte de su madre; de ella aprendió todo, vende plantas medicinales y es bien conocido en el lugar, le llegan clientes de todos los rincones de la ciudad de México y del interior de la República. Entrar a su local y hablar con él es saber que el poder de las hierbas no respeta nivel socioeconómico; es descubrir que quien lo visita debe tener la mentalidad de que se va a curar. Mientras prende una vela me cuenta que lo han visitado personas ya desesperadas de sus males y enfermedades, gente que quiere probar con hierbas y que al hacerlo se ha sentido muy bien, mejor que con los médicos con los que asisten. Entre sus velas, aceites, ajos, oraciones y tés, descubro que aquí se trata de fe, se trata de creer en algo inalcanzable, místico, poderoso; en algo que se presta a muchas interpretaciones y por eso no se aleja de la falta de charlatanes.

Por los pasillos de este mercado, padres con hijos recién nacidos buscan su ojito de venado para el mal de ojo, nerviosos buscan su té de azares; algunos árnica para los dolores, los vanidosos té de tlachalagua para bajar de peso y el té de boldo para el mal aliento. Entre esos pasillos también los animales curan; allí encontramos las famosas víboras de cascabel para curar el cáncer, los zorrillos disecados para fortalecer la sangre, el ocote para la buena suerte y los amuletos como los chupamirtos y los ojitos de venado que se usan para el mal de ojo.

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El fuego y su poder se hacen presentes en este lugar de vibras y curaciones; en todos los puestos se encuentran veladoras de colores que se curan según la creencia que se tiene, se les ponen lociones, polvos de oro o plata y diferentes semillas: alpiste, girasol, mijo y trigo que se usan para la abundancia en los hogares. Si lo que se busca es protección para los negocios, en “El sonora” se venden ajos machos y coronas de sábila para que el trabajo nunca falte. Además de la herbolaria, hay animales para prácticas del mismo tipo; aquí un sapo se convierte en salvación y un búho deja de ser la imagen de término escolar para convertirse en algo más allá del saber establecido. Aquí los conejos, gallinas, víboras, tarántulas e infinidad de animales se utilizan para limpias y prácticas que se realizan en diferentes religiones.

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Al seguir el camino por ese mundo extraño y fascinante, llegamos a la parte de las prácticas mágicas y aunque en esta parte del mercado también hay plantas, lo que más se puede observar son amuletos como herraduras, collares, ropa de colores rojo, negro y blanco, aquí sí abundan las veladoras, las lociones y jabones. Las personas que asisten a este espacio del mercado van a que les hagan los llamados “trabajos”, un amarre para tener a la persona amada o algo para que un proyecto salga como lo desean; aquí se hacen limpias así como lectura de cartas y manos.

En este mercado se trabaja con lo práctico y lo que mueve a la sociedad mexicana, la magia y la fe, ya desde que se entra se experimenta con un aire de magia y esperanza; el deseo de encontrar lo se quiere, esperando que el firme deseo de querer lograr las cosas haga posible "el milagrito".

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La cultura prehispánica nos compartió un gran legado: el curar con hierbas para protegernos de malas vibras se sigue practicando con buenos resultados para diferentes personas, pues a pesar de tantos años la sociedad contemporánea continúa haciendo uso de dichas prácticas, quizá por la efectividad obtenida, incluso, sobre los avances médicos con los que hoy se cuentan.

Este mercado resulta en un laberinto de pensamientos, esperanzas, decepciones, miedo y confianza de quienes trabajan, asisten y se entregan a estas prácticas.

Referencias: