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"El sonido y la furia" de William Faulkner

Letras "El sonido y la furia" de William Faulkner

El delicado equilibrio de la existencia se sostiene en la fuerza de los contrarios. Cuando estos no son capaces de equilibrarse, hallan, quizás, un punto de encuentro que los distinga uno del otro, entonces el universo que sostienen está condenado a la muerte, a la paulatina decadencia; este deterioro es el que William Faulkner plantea a través de El sonido y la furia, su obra más reconocida por la crítica. La novela retrata la historia de los Compson, una familia del sur de Estados Unidos, anclada a los viejos moldes de una dinastía de más de 200 años, que les heredó un milla en el centro de un poblado conocido como Jefferson. Faulkner sitúa la narración a principios del siglo XX, cuando la famosa milla de los Compson ya había perdido la mayor parte de su territorio y había dejado de ser llamada “Casa del Gobernador”, en honor a uno de sus miembros más ilustres, el último que no fracasó, según relata la novela. Para entonces, la casa es habitada por Caroline Bascomb Compson, Jason Compson y sus hijos: Quentin, Jason, Candace y Benjamin, el hijo idiota que está al cuidado de los negros que todavía los sirven: Versh, T. P., Luster y Frony. 

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El sonido y la furia es un título inspirado en la quinta escena del quinto acto de Machbet, que dice:

"¡Apágate, apágate, luz fugaz! La vida no es más que una sombra que pasa, deteriorado histrión que se oscurece y se impacienta el tiempo que le toca estar en el tablado y de quien luego nada se sabe; es un cuento que dice un idiota, lleno de ruido y de furia, pero falto de toda lógica".[1] 

La narración de Faulkner comienza con la perspectiva del hijo idiota, Benjy —narrador en primera persona, a veces protagonista y otras secundario—. Mediante su voz, Faulkner nos retrata la primera escena de la decadencia. Benjy es un ser inocente, indiferente, que no conoce el bien y el mal, que por su condición tampoco distingue el tiempo y el espacio; él responde a estímulos básicos, completamente simples. Como el propio Falukner dijo alguna vez[2], no conoce lo limpio y lo sucio y no se puede sentir nada por él porque él mismo no siente. Benjy atestigua la muerte de su familia como un personaje absolutamente neutral que gracias a su neutralidad logra revelarnos, de manera muy pura, lo que acontece en la vieja milla de los Compson. Benjy presta sus ojos para que el lector se desplace por los espacios y contemple las escenas que conforman la historia de la decadencia. Lo hace sin tomar postura alguna, permitiendo así que sea el propio lector el encargado de construir la historia y juzgarla, igual que haría una cámara en una escena cinematográfica. 

La siguiente voz narrativa, la de Quentin, es una de las más complejas y reveladoras del drama. Quentin ama a su hermana Candace, quien fue exiliada de la familia. Ese amor y la culpa que le produce lo lleva a suicidarse después de que su padre pone en venta el último prado de aquella valiosa milla para pagar la boda de su hermana, y su primer año en Harvard. La técnica empleada por Faulkner para narrar a través de este personaje, es el fluir de la conciencia del protagonista mediante un narrador en primera persona, que a ratos dificulta de manera muy marcada la lectura debido a la compleja redacción que se emplea para conseguir ese flujo. 

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La siguiente fase narrativa de la novela es la que relata Jason. El hermano que sigue a Candace en orden descendente. También es un narrador en primera persona, protagonista. Esta vez, la técnica narrativa y discursiva es completamente opuesta. Jason se expresa en frases perfectamente sincronizadas y a través de un discurso coherente. Su psique es diametralmente opuesta a la de su hermano. Él es un hombre frío, calculador, racista, enojado pero nada confundido, sabe perfectamente lo que quiere: el dinero, y hará cualquier cosa para conseguirlo. La parte correspondiente a este personaje es la más reveladora en cuanto a cuestiones sociopolíticas se refiere, demuestra el aletargamiento de los estados sureños de Estados Unidos en aquella época, la decadencia, la esclavitud y también el resentimiento racial. Jason tiene tanto miedo como su hermano hacia lo femenino, lo desconoce, lo odia aunque a la vez lo busca y lo necesita, temiéndolo tanto que acaba soltero y sin descendencia, poniendo fin al clan de los Compson. 

Así pues, la familia Compson se halla dividida. En un extremo están Jason y su madre y en el otro Candace, su padre y Quentin, y luego también la hija de Candace, quien lleva el mismo nombre que su amado hermano. Se trata de personalidades absolutamente contrapuestas: la practicidad contra el permanente estado de autoreflexión, de nihilismo; la bondad contra la frialdad y la indiferencia, el odio, contra el amor. No hay posibilidad de que esos extremos se toquen porque no han podido tender, entre ellos, algún puente que logre conciliarlos. En medio están los muchachos negros, sirvientes y Benjy, un idiota que no siente, que no juzga, un inocente absolutamete indiferente. Y todo este drama es atestiguado y desenvuelto, también, en Dilsey, la sirvienta negra que ha prodigado con su amor, su trabajo y su sacrificio a todos esos desventurados. Quien se ha sacrificado permanentemente a sí misma para los otros. La imagen bíblica está íntimamente relacionada con Dilsey, pues cuando Faulkner narra como dios omnisciente a través de ella, recrea un momento en que la mujer lleva a los muchachos negros y al propio Benjamin a la iglesia afroamericana, para asistir al servicio de Pascua. La resurrección para los Compson no llega porque quien toma las riendas de la familia, representado este símbolo en la carreta a todo galope que conduce Luster con Benjy, es Jason, cuyo corazón no conoce la compasión y tampoco desea dar continuidad a su familia. 

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La muerte de la familia Compson cierra un ciclo de decadencia y de imposibilidad. Ejemplifica la verdadera muerte, la muerte sin retorno. Al narrar la historia de una niñita con los calzones sucios —la Caddy pequeña que juega con sus hermanos—, Faulkner revela características cruciales de la naturaleza y la tragedia humana de todos los tiempos. 

carolinaeg.com

Fuentes:

Faulkner, William. El sonido y la furia. Trad. Maya Ramos Smith y Francisco Arce. Las grandes obras del siglo veinte. México: 1979.

Faulkner, William. The sound and the fury.  Novelas Rodríguez Álvarez. 117. Mayo 2013. < http://novelas.rodriguezalvarez.com/pdfs/Faulkner,%20William%20''The%20Sound%20and%20the%20Fury''-Fr-En-Sp-Sp.pdf>.

Merriam-Webster Learners Dictionary. < http://www.learnersdictionary.com/>

Stein Vanden Heuvel, Jean. “William Faulkner: El hombre es indestructible por su simple voluntad de ser libre’”. Nalgas y libros. Mayo 2013. < http://nalgasylibros.com/index.php/entrevistas/134-william-faulkner-el-hombre-es-indestructible-por-su-simple-voluntad-de-ser-libre>

Shakespeare, William. Macbeth. Biblioteca virtual antorcha. Mayo, 2013.

[1] Shakespeare, William. Macbeth. Biblioteca virtual antorcha. Mayo, 2013. <http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/macbeth/5.html>

[2] Stein Vanden Heuvel, Jean. “William Faulkner: El hombre es indestructible por su simple voluntad de ser libre’”. Nalgas y libros. Mayo 2013. < http://nalgasylibros.com/index.php/entrevistas/134-william-faulkner-el-hombre-es-indestructible-por-su-simple-voluntad-de-ser-libre>

 


Referencias: