El tiempo no tiene descanso
Letras

El tiempo no tiene descanso

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Por: Andrea Ramirez

11 de febrero, 2017

Letras El tiempo no tiene descanso
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Por: Andrea Ramirez

11 de febrero, 2017



A continuación un relato de Andrea Ramírez que sintetiza una anécdota sobre el paso del tiempo, la vejez y el pasado.


Palabras en alemán que no tienen traducción


El tiempo no tiene descanso

Su cumpleaños número 70 estaba por comenzar. Agustín no lo recordaba, no sabía qué día era, lo cual ya era habitual. En semanas anteriores, él no paraba de hablar de la muerte y lo amarga que su vida se había vuelto, encerrado en una bella casa, tambaleándose desde la hora de despertar hasta la hora de acostarse, fingiendo volver a escribir, tratando de engañar a su mente diciéndole diariamente que sí podía hacerlo de nuevo, pero no era así. Sólo quedaba una terrible verdad que no podía alterarse.

El tiempo ha pasado rápidamente y se han quedado atrás los días en que la vivacidad y la elocuencia tenían lugar siempre; las pláticas interminables se han convertido en un simple intercambio de monosílabos. El presente ya no existe, y sólo queda un recuerdo de aquella persona, sobresaliente entre la multitud.


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Un día, una acción, un paso mal dado, cambió todo el porvenir. Agustín está sentado, esperando su comida, entre abrazos, llamadas e interminables felicitaciones. Nadie le deja olvidar que el tiempo ha pasado ya.

Come con desgano y de repente sonríe como en forma de agradecimiento. Se recarga en su mano y su semblante triste prevalece durante toda la comida. Ahí están sus hijos, quienes tanto tiempo pasaron admirando el talento de su padre; su esposa, quien fielmente ha cuidado sus pasos; sus nietos quienes ya no pudieron disfrutar plenamente de las anécdotas genuinas de su abuelo. Todos lo observan cuando él decide retirarse, tratando de pasar desapercibido, sin tener en cuenta que sigue siendo el centro de atención y todas las miradas están puestas en él. Le preguntan: ¿a dónde vas? Aún falta tu pastel. Agustín voltea despreocupado y pregunta: ¿qué pastel? De nuevo lo ha olvidado, hoy es su cumpleaños.


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Se despide con un ademán que sólo es reflejo de su falta de interés. Avanza unos pasos y voltea de nuevo diciendo: cumplir años, para mí, ya está de más. Tengo años de sobra, y lo que quería hacer ya está hecho; no hay vuelta atrás. Tarda más tiempo de lo normal en decir estas palabras, alargando unos minutos más su presencia entre la gente que lo quiere y se preocupa infinitamente por él.

Llega a su dormitorio con ayuda de su hijo menor, evitando una caída inminente, callado, con los ojos bien abiertos, con el palpitar acelerado de su corazón, con el cuerpo tembloroso y lleno de heridas. Pero esas heridas no son las que le causan dolor. El sufrimiento mayor es el recuerdo de algo que él ya no es.

***

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Referencias: