Letras

El último salto

Letras El último salto

 

Mi vida se consume yendo hacia ninguna parte, como si yo fuese un insecto atrapado en un aro de fuego, y el fuego es la muerte. Estoy seguro que siempre he estado jodido con ese deseo frenético que tengo de destruir algo hasta hacerlo polvo. Es por eso que no entiendo a aquellas personas que todo les ha sido arrebatado y aun continúan con la determinación de seguir sin esperanza, sin expectativa o satisfacción… Desde aquí arriba se puede apreciar cómo las personas pasan caminando por las calles sin importancia alguna, e inevitablemente me pregunto: ¿Hacia dónde corren nuestras vidas?

 

¡Sí! Hacia dónde corren entre todas esas citas de negocios, de amor, de amistades e incluso esa clase de citas que no nos llevan a ningún lado, que se olvidan para siempre entre buen sexo desperdiciado. ¿Acaso es el destino buscar una vida ocupada por falsas faenas, por pendientes simulados que nos distraen hasta que llega la hora de la muerte?

 

A través de la lluvia y el viento, el calor del sol o incluso a través de la nieve, nuestras vidas van y vienen, excitadas, corren por un mundo ilusorio de pasiones y placeres, de necesidades y deberes. Por eso me pregunto y me repito en ocasiones, hacia dónde van las vidas cuando llevan consigo la inquietud de una insatisfacción perpetua. ¡No importan las soluciones, son los síntomas de ruina y de rutina!

 

Pregúntenselo ustedes mismos, cuando enloquecidos abandonan sus dominios y se mueven de ciudades para convertirse en grandes profesionales, en filósofos o esclavos complacientes, informados de lo que le acontece al mundo a cada instante, olvidándose de que en los asuntos entre hombres ya se había perdido cierta importancia. Es irónico porque cada hombre del progreso tecnológico vive en la certeza de ser más inteligente, certeza que pierde sentido cuando es compartida por tantos imbéciles, y digo imbéciles porque en el fondo están llenos de angustia. 

 

Ya hasta el mundo de lo imaginario se ha contaminado de esos pesares, de esa ansia; se ha vuelto un plaga que ha invadido los rincones de la vida humana. Por eso la duda que yo tengo funge como lugar de resistencia para un alma cansada que es como un puerto en el terreno imaginario.

 

Sólo hace falta la llegada de la noches para comprobarlo. Y aquí, en el intervalo de mi pequeño desvarío nocturno, les pregunto nuevamente a ustedes, sin vanidad ni aburrimiento: hacía dónde transitan día a día por las calles infestadas de anuncios cuando resignados sólo buscan sus objetos de placer y de conquista. Créanme, yo estuve enfermo de esa angustia mucho tiempo, hasta se convirtió en costumbre y déjenme les digo: ¿Cómo esperar perder una costumbre de ese grado? Por supuesto no se pierde en absoluto. 

 

¿Pero qué ha pasado si desde antes y hasta ahora la amplitud del cielo sigue siendo la misma? Muchas cosas han cambiando. Pongámoslo de esta manera; mientras la arquitectura móvil de las nubes continúa con su trabajo, el hombre cree poder hacerlo todo, se ha perdido la última palabra y sus metas se han vuelto inalcanzables si volteamos a ver la vida de la mayoría; es decir, pasaron lo años, no tantos, pero se olvidó que era necesario que alguien tuviera la última palabra, de lo contrario, a cualquier razón se opone otra, sin modo que termine, y allí, cuando algo no termina, es cuando pierde su sentido. Se crearon millones de discursos y de esos millones de discursos llegaron otros nuevos, algunos se repiten y dejan de tener sentido, otros logran ganar terreno en la mente de algunos hombres. 

 

Entienda quien quiera: el mundo contemporáneo me recuerda una obra de teatro del absurdo, sólo que ahora la incongruencia ya no se nos arroja a suaves cántaros ¡Se ha multiplicado! Dejando de ser eje y haciendo muchos sin sentidos dentro de ese sin sentido que ya era el mundo; duplicado de promesas sin sentidos. 

 

Como ya leyeron, en lo personal, creo que se ha perdido un poco del sentido y no estoy siendo sarcástico; si no, miren cómo esta lectura, desde su principio, ha dejado de tenerlo, pero eso poco importa. Por ahora es mejor que fundemos nuestra duda inconclusa de nuevo; cuantas veces sean necesarias. Así que recordemos esa duda que ha dado pie a un juego de retórica, que viene construyendo ya un sin fin de formas de adornarse. Porque en verdad me intriga hacia dónde corren nuestras vidas cuando el enajenamiento de los hombres se convierte en regla y no hay forma de abatirlo. Nos llevó de calle a todos transformándose en una forma de vida, por eso creo que el mérito de estos párrafos radica en la curiosidad de ustedes, porque créanme, mi historia no tiene nada de extraordinario. 

 

Algunos días pienso que me estoy volviendo loco; perdido entre mis sueños y otros que soy la persona más cuerda de este mundo que yo llamo insípido; en fin, desde aquí arriba observo con cuidado para ver que no se encuentre ningún niño cerca, al tiempo que me aseguro que nadie se percate de mi convirtiendo pública mi muerte, mi último salto, el que haré desde este edificio blanco. 

 

Yo sé que me encuentro parado sobre el último minuto de mi vida, no esperando la secreta admiración de nadie por mi ausencia, sino la voluntad de violencia que esto representa. Un acto que las personas intentan sustraer del comportamiento del individuo en todos los ámbitos. Y la verdad es que no entiendo la forma de vida activa, la forma de vida moderna, la forma de vida de los hombres sin sentido, pedida por las millones de ideologías que se han olvidado de sus pasados. 

 

En mi situación, parado en el borde de un edificio, los segundos parecen minutos, los minutos horas y las horas parecen días. Así que incierto el hecho de que la realidad de un nuevo día me hiciera cambiar de opinión supe que hoy sería el día. Pasó por mi mente una pequeña película de mi vida a toda marcha, en caída libre y yo dejé pasar el aire entre mis dedos hasta impactar por completo en el suelo. 

 

 

La pintura que acompaña a esta publicación fue realizada por el autor del texto y sirvió como inspiración para la realización del mismo. 


Referencias: