Ella era eleutheromaniaca
Letras

Ella era eleutheromaniaca

Avatar of Maria Fernanda Nieves

Por: Maria Fernanda Nieves

16 de marzo, 2016

Letras Ella era eleutheromaniaca
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Por: Maria Fernanda Nieves

16 de marzo, 2016




Si, una de esas manías que a niveles avanzados genera un deseo irresistible por la libertad.

No era su culpa.

Ella había intentado decírmelo incontable número de veces,

Hasta que hoy, atenta a su súplica, a miles de millas náuticas en el horizonte,

Perdiéndola de vista, pude escucharla.

Y no sólo la escucho; la siento en lo más profundo,

Con un avasallante ardor a la izquierda de mi pecho.

Junto a mis ojos, gimen en sincronía mi corazón con sus lamentos.

Me acusan entonces de desertora, desleal y hasta infiel.

Infiel porque le he fallado a uno de los amores más grandes que  he de sentir,

Incluso más desmesurado que aquel primer gran amor que  hemos de tener cuando niños.

Entonces me acusaba mi corazón,

¿Cómo no has sentido sus lamentos?

Y mis ojos palpitaban,

¿Cómo no has visto sus cadenas?

Y mi cuerpo me decía,

¿Cómo no has de romperlas?

Pero ellos no entendían.

Una vez vi a un hombre

Ofreciéndole prometedores futuros al amor más tangible que ella pudo sentir,

El amor por sus hijos.

 En lugar de sueños, el hombre le entregó desilusión,

En lugar de respuestas, el hombre le entregó dudas,

En lugar de futuro, el hombre le entregó algo tan poderoso cómo peligroso:

Desesperanza.

Una característica de esta insaciable eleutheromaniaca era, cómo toda buena madre,

La astuta fe en sus hijos.

Increíblemente su amor era más grande que su enfermedad.

Aquel día en la plenitud de su llano, atada por la cadena de desesperanza, ella me visitó.

No podía verte, pero podía sentirte.

 Te escuché con lágrimas en mis ojos

Romper mis cadenas.

Te rogué que me las volvieses a poner.

Pero tú, con esa grandeza que roba alientos y tu paisaje que crea enigmas,

Me dejaste ir sin mi promesa  de volver.

Me dijiste que me amabas de la única manera que se vuelve realidad.

Me dejaste ser libre.

Por eso hoy avoco a mi corazón,  mis ojos y mi cuerpo a la esperanza

Porque me voy padeciendo la misma enfermedad que tú, mi amada eleutheromaniaca.

Río despidiéndome de tu horizonte, por ahora. Pero eso ya lo sabías.

Porque cómo buena eleutheromaniaca, sabrás que regresaré para liberarte.


Poemas libertad


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