Quizá sólo existo para nunca ser suficiente

Miércoles, 29 de noviembre de 2017 11:04

|Fernanda Glez



Todos buscamos un significado último, algo que nos diga para qué venimos a este mundo y que alivie esa incertidumbre con la que vivimos constantemente. ¿Pero qué pasa cuando la respuesta es algo que nos decepciona, que hubiéramos preferido no escuchar? En el siguiente cuento de Fernanda González, la protagonista descubre que su propósito en la vida es sumamente triste.





EN PRESENCIA DE LA PESQUISA

 

Me he pasado la vida buscando entre los rincones de los años. ¿Qué es lo que define a una persona?, ¿dónde es que radica el valor de ésta? Mi búsqueda ha sido tan exhaustiva que ha agotado todo concepto humano.

 

Una tarde, caminando por la calle me encontré con un billete de 50 pesos. Ahora era 50 pesos más rica, lo que me convertía en una persona más solvente que hacía 5 minutos. Me definí de aquella manera: una persona opulenta; y con esa nueva identidad me presenté ante las personas durante el resto del día. Pero maldita es la suerte y el destino artero. Un bolsillo de mi pantalón tenía un hoyo, lo suficientemente chico para que yo no lo notara, y suficientemente grande para que el billete se escapara. No fui una persona conocida por su riqueza, en cambio fui representada por el gran vicio de creerme lo que no era o de convencer a los demás de ello. Con mis acciones, fui insertando cuenta por cuenta hasta formar un collar que dijera “mentirosa”. Ahora todo el mundo sabría de lo que estaba hecha.

 

No es ciencia fácil crear un mentira, y si es que se logra construir una historia más o menos creíble, el problema está en representarla, en que las vibraciones de la voz comulguen con lo que dice la mirada. Es tan difícil que hasta se ha considerado un arte. Y quizás ahí es donde mi valor radicaba, en meterme en la piel de alguien más y darle vida a esa verdad que para mí podría significar una patraña. A partir de ese momento, mis familiares y amigos comenzaron a conocerme por ser una gran actriz. Yo portaba el título con el más grande de los honores. Por fin había algo que me distinguía del resto, que me daba un nombre y apellido que no fuera impuesto por la selección natural.

 

Pasé el resto de mi tiempo estudiando y perfeccionando mi actuación y presentándome a distintas audiciones. Algunas veces tenía un callback, otras me decían que ellos me avisaban y en la mayoría de las situaciones no volvía a saber de ellos. Constantemente fueron pisoteando mi identidad —una que decía poseer, pero que aún no ejercía. Hasta que me bautizaron con una nueva. La audición era para el papel de una chica que estaba enamoradísima de su vecino y hacía todo lo posible por seducirlo, sin importarle que él fuera mucho mayor y casado. Me preparé por semanas, pero que cuando llegó mi turno el director de casting me miró y antes de que yo pudiera iniciar me dijo: “no eres lo suficientemente bonita”. De nada había servido mi preparación o mis habilidades actorales, si lo que al final iba a importar era mi apariencia física. Eres valorado por lo que lo demás ven. Nuevamente había errado en mi camino de definición, y quedaba en un limbo de tibieza, donde la existencia pasa desapercibida.

 

Mi lucha por lograr encontrar quién era y por qué valía era una pérdida de tiempo. Quizás en mi caso es porque simplemente no valgo ni un peso y por ello el billete de cincuenta no perdió su tiempo conmigo; o el director de casting que, sin escucharme, ya había visto suficiente. Tal vez habemos personas que existimos con el simple propósito de resaltar las cualidades de los demás, al nosotros carecer de ellas. Quizá mi vida para eso haya sido creada, para no ser nada. Pero creo que de una manera un tanto retorcida sigue siendo algo. Porque al no ser nada, seguiría conjugado el verbo que condiciona la existencia. A lo mejor soy de esa especie de personas que sólo existió para ser.


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Escribir y leer poesía es una forma de sanar el alma. Si quieres leer más poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.



REFERENCIAS:
Fernanda Glez

Fernanda Glez


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