Entre el erotismo, la sexualidad y la protesta: El libro chino que ha sido prohibido en su país
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Entre el erotismo, la sexualidad y la protesta: El libro chino que ha sido prohibido en su país

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Por: Eduardo Limón

23 de abril, 2016

Letras Entre el erotismo, la sexualidad y la protesta: El libro chino que ha sido prohibido en su país
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Por: Eduardo Limón

23 de abril, 2016



El mundo se transformaba y muchos de nosotros ni siquiera habíamos nacido todavía. O por lo menos no estábamos lo suficientemente conscientes como para darnos cuenta. Poco a poco se alejaba el estallido de las revoluciones intelectuales que la juventud planeaba para su época y parecía que pocas cosas le podían dar continuidad a sus ideales. Si los años 60 ya se habían ido del todo, en la década siguiente parecía que las batallas se habían perdido.

Shanghai Baby


Pero esa ilusión no duró demasiado. Aquellos años que conformaron a los 70 participaron en una evolución constante, quizá ya no en la lucha armada o la movilización social como en antaño, sino en los terrenos del arte: la pintura, el cine, la danza y la literatura, entre otros. Claro, el espíritu universitario y social se siguió –y seguirá– manifestando durante los años, pero se resalta en este periodo de tiempo una mayor producción estética que reflexionó en un tono más contestatario que cualquier otro.

En ese marco se sitúa uno de los libros más controversiales que existió en China y que, gracias a ello, se convirtió en un best seller a nivel mundial. Pasaron casi 30 años más para que el planeta Tierra y sus gobiernos siguieran sin entender las necesidades del hombre, mucho menos las de la mujer, y que el arte o el entretenimiento tuviera que alzarse como respuesta a eso.


Shanghai Baby


Corría el año 1999 y Wei Hui presentaba su primera obra como un intento de saciar las voces femeninas de su generación y el de insertar la literatura de su país en un plano mucho más grande: “Shanghai Baby”. El conflicto comenzó, obviamente no con las editoriales o los distribuidores, sino con el público y las autoridades gubernamentales. Al ser leída su novela y advertirse todas esas extremas referencias y retratos de la sexualidad en las mujeres asiáticas, Hui vivió una de las censuras más impactantes que se dieron en el territorio.

La autora incluso tuvo que presenciar una quema de sus propios libros dada la supuesta inmoralidad y desafío que representaban sus letras; hasta la fecha, hay lugares en el globo que siguen prohibiendo su lectura. Y la verdad es que no es para tanto. Sí, es un buen libro sin llegar a ser extraordinario, es emotivo y muy personal, pero simple y a veces llano; el verdadero problema radicó en que la protagonista del libro no hallaba sentido a su matrimonio y decidió explorar su sensualidad con otro hombre, con otras vivencias.


Shanghai Baby


Coco, heroína del relato con tintes autobiográficos de Hui, se traslada a Shanghai con su marido Tiantian, un hombre que en su estructuración literaria desafía al emblema masculino de la China conservadora, pues tiene un carácter bastante pobre y tedioso, además de padecer impotencia sexual. Razones por las que ella, cansada de una unión tan fastidiosa como la suya, al conocer a Mark, un alemán casado que sólo está de paso por esta parte del mundo, se deja llevar por la emoción no sólo erótica del encuentro, sino romántica e intelectual.

Bajo este argumento se desarrolla el texto de la escritora y probablemente haya sido su mejor acierto o peor error, depende cómo se le quiera observar. En ese deseo por dar a conocer un punto de vista distinto al establecido en su país, de comunicar las distintas vías que puede tomar el amor y la pasión, se le ha acusado de dos maneras:
a) Como una mujer indecente. 
b) Como una autora frívola que no va más allá del lugar común, siempre motivada por el renombre que la prensa occidental pudiera darle.

Shanghai Baby

Sea la razón que sea, los motivos que haya tenido Hui para escribir esta novela podríamos decir que no importan demasiado al ver su resultado; cierto es que en ocasiones su escritura es superficial, irreverente y hedonista, pero quizá en esto recaiga su belleza como pieza contemporánea de la literatura. A partir de estos elementos es que se facilita una identificación profunda y sincera con los fenómenos socioculturales de la juventud y el tabú.


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Referencias: